Imagen de un colegio electoral durante las elecciones municipales del domingo en Roma. / EFE

Pleno de la izquierda en las municipales italianas al conseguir Roma y Turín

Roberto Gualtieri será el nuevo alcalde de la capital en una cita con las urnas que brinda estabilidad al Gobierno de Mario Draghi

DARÍO MENOR Corresponsal en Roma

Roma y Turín vuelven a manos de la izquierda. Después de confiar hace cinco años en el populismo del Movimiento 5 Estrellas (M5E), los electores de esta dos ciudades italianas, las más importantes que quedaban por decidir en la segunda vuelta de las elecciones municipales celebrada este lunes y martes, han elegido a los candidatos del progresista Partido Democrático (PD). Roberto Gualtieri será de esta manera el nuevo alcalde de Roma, mientras que Stefano Lo Russo lo será en la capital de la región del Piamonte (norte del país). Ambos logran alrededor del 60% de los votos, veinte puntos más que los aspirantes del centro derecha, para el que esta cita con las urnas ha supuesto un frenazo en sus aspiraciones de Gobierno.

Además del desastre en Roma y Turín, los conservadores también fueron derrotados en la primera vuelta en Milán, Bolonia y Nápoles, donde los candidatos de centro izquierda superaron el 50% mínimo de los votos y se ahorraron así este segundo turno. La única capital regional en la que el centro derecha logró la alcaldía fue Trieste, donde se mantiene el actual regidor, Roberto Dipiazza, aunque con una diferencia mínima en las urnas respecto al aspirante del centro izquierda.

Estas elecciones municipales, en las que estaban llamados a participar 12 millones de habitantes para renovar los ayuntamientos de 1.162 localidades, arrojan varias conclusiones a nivel nacional. La primera es la fortaleza del PD a nivel territorial. Tras años de luchas intestinas, la llegada de un líder solvente como Enrico Letta a esta formación parece haberle devuelto la ilusión a los electores, como prueba el hecho de que se haya hecho con las alcaldías de las cinco ciudades más importantes en juego. La segunda lectura de los comicios es la confirmación de que el M5E camina de manera inexorable hacia la irrelevancia política: solo ha salvado los muebles en los ayuntamientos en que se presentaba en coalición con el PD.

Las encuestas

La tercera conclusión es que, pese a que encabezan las encuestas en intención de voto a nivel nacional, Hermanos de Italia de Giorgia Meloni y la Liga de Matteo Salvini lo van a tener mucho más difícil de lo que pensaban para hacerse con las riendas del país. Un éxito en esta cita con las urnas le hubiera dado a Meloni artillería para disparar desde la oposición contra el Gobierno de Mario Draghi e intentar así forzar la convocatoria de elecciones generales anticipadas. Aunque su partido forma parte de la heterogénea coalición que sostiene al Ejecutivo, también Salvini aspiraba al mismo objetivo que Meloni. Su ambición, no obstante, tendrá que esperar al tiempo que Draghi gana en tranquilidad para seguir adelante con su agenda reformista.

El primer ministro tendrá a partir de ahora a un aliado en la alcaldía de Roma. Antiguo europarlamentario y ministro de Economía en el Ejecutivo anterior, Gualtieri se enfrenta a uno de los cargos más difíciles para cualquier político del país: la alcaldía de Roma. La capital italiana lleva décadas en decadencia y con profundos problemas en ámbitos como la gestión de las basuras, el transporte público o las infraestructuras, por no hablar de la infiltración mafiosa en la economía y las contratas públicas, que ninguno de sus últimos regidores ha conseguido apenas revertir.

«Roma es una ciudad confundida, desilusionada, a veces rabiosa, siempre al borde de la derrota definitiva. Es una ciudad amada por muchos, pero que no tiene una identidad definida. Parece en búsqueda de un alma, de una idea, de una vocación que pueda conducirla a una redención», escribe el historiador Augusto D'Angelo en el prólogo del libro '¿Esclava de Roma? Los 150 años de una capital'. Para este profesor en la Universidad La Sapienza de Roma, la clase dirigente de la Ciudad Eterna ha mostrado estos últimos tiempos «una reducida capacidad para mantener un nivel alto de proyección nacional e internacional», así como para llevar a cabo proyectos que ilusionen a los ciudadanos y plasmen «nuevas ideas» sobre la ciudad. A sus 55 años, Gualtieri debe demostrar ahora demostrar si es capaz de despertar del estado comatoso a la capital italiana.