Banderas LGTB. / Foto: EP | Vídeo: EP

Líderes de 17 países de la UE defienden los derechos LGTB

Orban no se arredra pese a la presión contra su ley homófoba

SALVADOR ARROYO Bruselas

La UE cerró filas contra Viktor Orban y una ley homófoba que se suma a otros 'agravios' como el portazo a los migrantes, su norma para bloquear a las ONG, el control del poder judicial… Lo hizo con una nueva declaración por escrito enmarcada en el Día internacional del orgullo LGBTI (28), con manifestaciones contundentes de algunos líderes y con símbolos por doquier. Desde las banderas multicolor colgadas en los edificios del Parlamento, insignias por toda la ciudad, e incluso 'pines' con el 'arcoiris' en las solapas de dirigentes como el belga Alexander De Croo o el portugués António Costa. Fondo de peso y formas también relevantes que contribuyeron a crear un ambiente irrespirable para el aludido. Pero él es Orban. Y no se plegó.

Por partes. Después del epíteto cristalino que utilizó la presidenta Ursula von der Leyen para definir la ley magiar («vergonzosa»), este jueves los jefes de Estado y Gobierno de diecisiete países estampaban su firma en una declaración que reafirmaba la lucha contra «la discriminación de la comunidad LGBTI» y «la defensa de sus derechos fundamentales». Tres párrafos. Y ni una sola mención explícita a Hungría.

Llamativo porque (lo dicho) Von der Leyen se había vaciado la víspera con el calificativo (poco habitual para los estándares europeos). Pero también porque los 'segundos espadas' de esos líderes (sus ministros) habían sido mucho más contundentes en un texto que suscribieron el martes. Pedían directamente llevar a Hungría al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE). ¿Tibieza diplomática?

Sea como fuere, Orban no pareció arredrarse. Se defendió atacando. «Los que critican esta ley no se la han leído». Incluso se reivindicó como «defensor de los derechos de los homosexuales» tirando de su pasado como «luchador contra el régimen comunista». La discusión arrancaba como aperitivo a la cena. Y ya se asumía como 'palabras mayores' forzar a las claras a un socio a retirar legislación propia. Lo había dicho Emmanuel Macron: «Respeto la soberanía de los demás, hay que tener cuidado antes de pedir la retirada de las leyes de otro Estado». Aunque, eso sí, como la mayoría de sus colegas subrayaba que «no es acorde» con los principios de la UE.

La estrategia que siguió el holandés Mark Rutte en un debate «abierto y franco» se orientó a 'yugular'. A puerta cerrada le arrojó a Orban el Artículo 50 (el mismo que ha amparado el 'brexit'). Le invitó a abandonar la Unión Europea si no comulga con sus principios. Antes, en público, había tirado de la misma sinceridad calvinista: con esa ley «Hungría no tiene sitio en la UE».