Cientos de refugiados cruzan el puente que separa la frontera de Ucrania con Polonia. / afp

«Aún no sé cuándo podremos volver a casa, pero lo haremos»

Más de 1,5 millones de refugiados se han visto obligados a dejar sus hogares en Ucrania desde que dio comienzo la ofensiva militar rusa

DIANA MARTÍNEZ

La guerra lo cambia todo. «Quería irme de casa», lamenta entre sollozos Ulyana, de Odessa. La invasión rusa iniciada hace ya doce días sembró el terror en Ucrania. Miles de ciudadanos empaquetaron lo primero que encontraron en sus hogares y fueron rumbo a la frontera del país para dejar atrás las bombas.

«Necesitaba llegar a Frankfurt, donde unos amigos me iban a recibir, pero el aeropuerto estaba cerrado», explica Ulyana, quien envió un mensaje a todos sus contactos en el que decía «Si tú o tus amigos os vais, avísame por favor, que yo también me quiero ir». El paso del tiempo se volvió un infierno para ella. Los minutos parecían horas hasta que finalmente recibió un mensaje de su amiga Ekaterina, que se disponía a partir en coche con sus dos hijos a Moldavia.

El camino hacia esta antigua república soviética les llevó unas catorce horas; doce de ellas las pasaron en medio de un atasco de veinte kilómetros en un puesto de control. «Estábamos preocupadas de que no nos dejaran pasar, pero tras revisar nuestros pasaportes, cinco minutos después entramos en Moldavia y nos dirigimos a Chisináu», relata Ulyana. Como ella, miles de ucranianos han cruzado la frontera para huir de la guerra.

En total, más de 1,5 millones de refugiados se han visto obligados a dejar sus hogares desde que comenzó la ofensiva, según confirmó este domingo ACNUR, en lo que ha descrito como el éxodo de más rápido crecimiento en Europa desde la II Guerra Mundial.

Durante este tiempo, Polonia, que ha autorizado refugios en residencias presidenciales, es el país que ha acogido a más refugiados, casi 925.000. Unos 169.000 han llegado a Hungría y otros tantos a Eslovaquia. Rumanía ha recibido a 71.640 y Alemania, 37.800. También han cruzado la frontera con Rusia en torno a 53.000 personas, según el balance de ACNUR. A pesar de haberse alejado de las bombas, Ulyana tiene clara una cosa. «Aún no sé cuándo podremos volver a casa, pero lo haremos».

«Horror interminable»

«Mi familia soportó ocho días de guerra en Kiev. Parecía una especie de horror interminable, pero al final la paciencia se rompió», explica Alena, que el jueves alentó a sus allegados a irse de Ucrania. Algunos se quedaron. «Nos despedimos como si nos fuéramos a separar para siempre». El miedo a los bombardeos también empujó a Natalia a ir a la estación de tren, donde puso rumbo a Polonia con sus hijos, Danil y Adelina, y encontró un refugio seguro en Koszalin. «Mi esposo se quedó en Leópolis para defender su patria contra las tropas de Putin».

El éxodo es angustioso. «La gente en la estación fue empujada hacia los vagones. Todos querían irse, con o sin boleto», recuerda Lucie, estudiante de medicina de Camerún, que estudiaba en Járkov cuando estalló la guerra. Al cruzar la frontera tuvo problemas. «El cordón de soldados no quería dejarnos pasar. Retuvieron el autobús tres horas». Aunque ya se alegra de estar en Polonia. «Aquí todo el mundo es muy amables con nosotros».