Trump suspende todos los viajes desde Europa durante un mes por el coronavirus

12/03/2020

El mandatario acusa a la UE de haber implantado el virus en su país a través de los viajeros

Donald Trump lanzó este jueves el discurso más dramático de su presidencia, al anunciar desde el Despacho Oval que ha ordenado el cierre del espacio aéreo estadounidense a todos los vuelos procedentes de la Unión Europea. Una medida extrema e irracional, porque exime a los que procedan del Reino Unido, país que registra más casos de coronavirus que Bélgica o Portugal, entre otros.

Los estadounidenses que se encuentren en Europa tienen 48 horas para volver a casa en vuelos regulares, lo que anticipa una avalancha de retornados en un momento en el que las principales líneas aéreas habían recortado vuelos debido a la drástica caída de pasajeros. Habrá «algunas excepciones» para los ciudadanos estadounidenses que sean vetados «adecuadamente», dijo el presidente, que según la clarificación que envió más tarde la Casa Blanca incluirá también a los residentes legales de EE UU.

El mandatario se reserva el derecho a «ajustar» esas medidas según «las condiciones sobre el terreno» y advierte que aplicará el veto a todos los bienes comerciales procedentes de Europa «y a otras cosas», sin que eso afecte tampoco al Reino Unido.

Trump suspende todos los viajes desde Europa durante un mes por el coronavirus

A lo Trump, el discurso de diez minutos sobre «el horrible virus» era parco en detalles y abundante en fanfarronerías y falsedades. «Este virus no tiene ninguna oportunidad con nosotros», presumió. «Ninguna nación está más preparada o tiene más resistencia que EE UU». El presidente alabó la «profesionalidad y eficacia» de su gobierno al aplicar «medidas sin precedentes» y se atribuyó el éxito de haber detenido la epidemia –que en EE UU pasa ya de los 1.300 casos y cerca de 40 muertos- gracias a que a principios de febrero ordenó suspender los vuelos procedentes de China. «La UE falló en aplicar las mismas precauciones», acusó. Con ello culpaba a la Unión Europea de estar pagando el precio de su ineficacia y haber «plantado largos grupos del virus» en EE UU, pese a que los primeros casos procedían de cruceros.

Nada podía ser más irracional. Los vuelos procedentes de Corea del Sur, el segundo país con mayor número de infectados, siguen aterrizando libremente en EE UU. Lejos de atribuir a la epidemia la seriedad que tenía, el mandatario subestimó su impacto hasta ayer mismo, poco antes de que la declarase una emergencia nacional y recomendase cancelar todos los eventos.

Horas antes, Trump había interrumpido una audiencia del Congreso en la que testificaban las autoridades sanitarias, a las que obligó a abandonar la sala al convocarlas repentinamente a una reunión en la Casa Blanca. Hasta ese momento el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, había advertido que la situación empeorará rápidamente y, de no haber la respuesta adecuada, podría afectar a millones de personas. Fauci ha servido en seis gobiernos diferentes y ha navegado con diplomacia y honestidad las falsas declaraciones del presidente, al que a veces ha tenido que contradecir públicamente.

Lo que el Comité de Supervisión de la Cámara Baja quiere saber es por qué el Centro para el Control de Enfermedades Infecciosas (CDC, por sus siglas en inglés) se ha resistido a hacer las pruebas de diagnóstico a quienes presentaban síntomas. Hasta la semana pasada era necesario recibir una autorización directa de este organismo nacional, que tardaba varios días en contestar y solía denegarla. Todavía ayer EEUU sólo había realizado la prueba a un total de 4.900 personas, en comparación a las 10.000 diarias que realiza Corea del Sur.

El actor Tom Hanks y su esposa, que anunciaron anoche haber dado positivo, fueron rápidamente diagnosticados por encontrarse en Australia durante un rodaje. De haber estado en EE UU lo hubieran tenido más difícil.

Trump insistió en que «para la mayor parte de los estadounidenses el riesgo es muy, muy bajo», pero observó que «el mayor riesgo es para los ancianos». En ese grupo demográfico se encontraría él mismo, de 73 años, particularmente después de que su propio jefe de gabinete Mark Meadows y otros miembros de su gobierno se pusieran en cuarentena tras haber interactuado en la Conferencia de Acción Política Conservadora con un contagiado. El presidente, que también asistió, estrechó el sábado la mano de Fabio Wajngarten, secretario de comunicación del presidente brasileño Jair Bolsonaro, al que invitó a su residencia de Mar-a-Lago antes de que temiese estar contagiado. Trump se ha negado a hacerse la prueba.

Lo más importante para él, la salud de los mercados en año electoral, está a salvo, porque «esto no es una crisis financiera», aseguró, «sino un momento en el tiempo que superaremos como nación». Por si acaso, promete un paquete de medidas de alivio financiero que incluyen la posibilidad de deferir pagos de impuestos para inyectar liquidez a la economía y créditos a bajo interés. «Nuestro futuro es más brillante de lo que nadie pueda imaginar», prometió.