El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, en una visita a Estonia. / REUTERS

Stoltenberg insiste en el cometido «defensivo» de una OTAN reforzada

El líder de la Alianza descarta que pueda convertirse «en parte del conflicto» con Ucrania, aunque la dará apoyo logístico y armamento tras la invasión de Rusia

JOANA SERRA Berlín

La OTAN no piensa intervenir fuera de su territorio, según ratificó este martes su secretario general, Jens Stoltenberg Fue en dos visitas en un mismo día a puntos de máxima tensión dentro de la Alianza Atlántica como son Polonia y Estonia. Es decir, dos países del flanco este que venían exigiendo ya un reforzamiento defensivo ante los movimientos de tropas rusas tras sus fronteras, incluso mucho antes de materializarse la invasión rusa en Ucrania.

Desde Varsovia y en presencia del presidente polaco Andrzej Duda, Stoltenberg garantizó para Ucrania todo tipo de apoyo logístico, incluidos suministros de armas. Sin embargo, descartó que la Alianza pueda convertirse «en parte del conflicto», como si ocurriría si la OTAN enviase tropas a territorio ucraniano o sus aviones de combate entraran en su espacio aéreo. El mismo mensaje dejó horas después en Estonia ante su jefa del Gobierno, Kaja Kallas, acompañados ambos del premier británico, Boris Johnson, de visita de trabajo en ese país báltico.

La OTAN está viviendo un reforzamiento defensivo exprés en los países que forman su flanco este y especialmente en los fronterizos con Ucrania. En paralelo se están despidiendo de su teórica neutralidad los dos últimos países nórdicos no integrados formalmente en la Alianza Atlántica, como son Finlandia y Suecia.

Se trata de dos países asociados pero no miembros de la OTAN. En plena invasión rusa han dado pasos de gran relevancia que rompen con su estricta tradición de neutralidad y que, especialmente en el caso finlandés, implica un fuerte compromiso con el destino de la OTAN, además de un riesgo dada su condición de país fronterizo con Rusia. Finlandia ya se enfrentó a su poderoso vecino entre 1939 y 1944; las tensiones se relajaron tras la disolución de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría, aunque nunca se diluyó el temor al poder de Moscú.

Por eso, de «histórica» calificó la jefa del Gobierno finlandés, Sanna Marin, la decisión adoptada de enviar 2.500 rifles de asalto y 1.500 armas antitanque a Ucrania. Su homóloga sueca, la asimismo socialdemócrata Magdalena Anderson, había anunciado también el lunes el envío de 5.000 lanzamisiles. Ambos países no exportaban hasta ahora armas letales a zonas en conflicto.

Amenaza del Kremlin

Moscú había amenazado ya con consecuencias para ambos países nórdicos el pasado fin de semana, en medio de intensas reuniones de la OTAN con participación de sus representantes. Noruega, que a diferencia de Suecia y Finlandia sí es miembro de la Alianza, pero no de la Unión Europea (UE), también se ha implicado en el envío de suministros a Ucrania. Es, a ojos de Moscú, otro país enemigo, aunque en ese caso plenamente bajo el escudo protector de la Alianza.

La invasión de Ucrania ha movido el tablero no solo entre el estamento político, sino también en la opinión pública. Por primera vez, un sondeo de la televisión finlandesa reflejaba una opinión mayoritaria a favor del ingreso en la OTAN: un 53 % de los ciudadanos del país son ahora partidarios de la incorporación, frente al 30 % que hace un mes se pronunciaba a favor de la Alianza.

Finlandia es el miembro de la UE con más kilómetros de frontera con Rusia, con un total de 1.340. Ahora ha dejado atrás la estricta neutralidad, lo que apunta a que teme menos las amenazas de Moscú que las consecuencias que implicaría el no alineamiento con la comunidad internacional.