Residentes cruzan un puente destruido mientras evacuan la ciudad de Irpin. / reuters/Vídeo: Atlas

Moscú exige Crimea y la independencia de Donetsk y Lugansk para frenar su invasión

Reclama además a Kiev que renuncie a la OTAN y la UE, al tiempo que golpea el sur del país y acuerda «pequeños avances» para la evacuación de civiles

SALVADOR ARROYO

La tercera ronda de negociaciones entre Rusia y Ucrania en el día doce de la invasión arrancaba a eso de las cuatro de la tarde (hora española) en un punto de Belovezhskaya Pushcha, en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Duró unas tres horas. Las expectativas, tan escasas como el resultado: «Pequeños avances sobre la logística de los corredores humanitarios», señalaba el portavoz de la delegación ucraniana en la mesa, Mijail Podoliac, sin aportar detalles más allá de subra¬yar que se habló de altos el fuego eventuales y «garantías de seguridad» para la evacuación de civiles.

Su interlocutor ruso, Leonid Slutsky, lanzaba el mismo mensaje plano. Echaba por tierra cualquier esperanza de que se logre «un resultado final» en estas conversaciones y confió en que, esta vez sí, los espacios habilitados para la huida de la población sean efectivos y su salida pueda «llevarse a cabo».

Efecto mínimo tras otros dos encuentros fallidos: el de 28 del febrero, de simple tanteo, y el de la pasada semana, con el establecimiento de corredores humanitarios que las partes se acusan mutuamente de haber dinamitado. Que a partir de hoy se activen, está por ver.

Malos precedentes, en suma, a los que este lunes se unían además ataques recrudecidos en el sur del país con el objetivo de alcanzar (y subyugar) el importante enclave portuario de Odesa. También una oferta de 'pasillos' para Kiev, Mariúpol, Járkov y Sumi que Moscú se sacaba de la manga y que empujaban a los exiliados hacia territorios ruso y bielorruso –los invadidos, canalizados hacia tierras de invasores–. De propuesta «inmoral», la tildó Kiev. Y en el suma y sigue, una reunión de alto nivel en ciernes bajo tutela turca. Esa, quizás, sí sea relevante.

La cuestión es que la tercera ronda apuntaba (sin mucho margen de error) a otra crónica de un suflé desinflado. Y así fue. Por todo lo dicho, y por unas condiciones leoninas que Moscú lanzaba apenas una hora antes. Las verbalizaba el portavoz del Krem¬lin, Dimítri Peskov, en declaraciones a Reuters. Su 'abc' pasaba primero por que Ucrania bajara las armas. «Si detienen su acción militar, nadie va a seguir disparando», aseguraba.

A continuación, las exigencias. En trazo grueso: reconocimiento de la anexión de la península de Crimea, fagocitada por Rusia en 2014; de la independencia de Donetsk y Lugansk, las dos repúblicas secesionistas del Donbass; y una especie de reforma en su carta magna –«deberían hacer enmiendas a su Constitución», invitaba Pescov– para que reflejase expresamente que Ucrania será un país neutral, que no formará parte de ningún bloque. No solo la OTAN, tampoco la UE.

Si se cumplieran estas condiciones (todas), Rusia promete que echaría el freno. Pero son cláusulas que hoy están condenadas al fracaso. Y lo sabe. Primero, porque la reescalada constante de sus ataques ha traído más muerte y destrucción. El sinsentido ha evolucionado a peor. También porque el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se encuentra en una posición más reforzada como líder de un país cuya resistencia ha frustrado la estrategia inicial de Putin. Esto ya no es una 'guerra relámpago'.

Y a ese relato se suman los hechos, ya conocidos, que vienen de lejos. Que Kiev considera «ilegal» la anexión de la península de Crimea –así lo ha venido subrayando en todos los foros internacionales–; que se niega a dar la independencia a las repúblicas del Donbass; y que quiere ser parte de la UE.

El «estatus de neutralidad» ya fue exigido por Moscú al día siguiente de lanzar sus tanques sobre Ucrania. Y el propio Zelenski se mostraba entonces dispuesto a dialogar sobre ese punto para parar el golpe. «No tenemos miedo a negociar un estatus de neutralidad», decía.

Galería. r.c.

El 'blanco y en botella' de aquel instante era la renuncia a una OTAN que, por otro lado, siempre le fue esquiva. Esa vía, de hecho, se ha diluido en las arengas del presidente ucraniano. Pero la de la integración en la Unión_Europea se ha reforzado. Incluso cursó solicitud formal de adhesión por carta la pasada semana.

Y ayer el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, le confirmaba ayer que ya está en la agenda de Bruselas: «Discutiremos la solicitud en los próximos días». La presidencia de turno francesa de la UE

Turquia se reúne con Rusia y Ucrania

Los esfuerzos de Ankara por mediar en la guerra abierta por Rusia en Ucrania –países vecinos en el Mar Negro y con los que mantiene una relación fluida– dieron fruto el pasado domingo, cuando el presidente turco, Recep Tay¬yip Erdogan, consiguió arrancar de Putin y Zelenski el 'sí' definitivo a una conferencia que se prevé clave. Ninguno de los dos se sentará en la mesa. Pero sí enviarán a sus dos ministros de Exteriores (Serguéi Lavrov y Dmytro Kuleba) a la cita, que tendrá lugar el jueves en la ciudad balneario de Antalya, en el suroeste del país.

Mevlut Cavusoglu, el homólogo turco de ambos, ejercerá de anfitrión. Este lunes confió en que esta reunión suponga un «punto de inflexión» y un «paso importante» hacia la paz, porque «nuestro objetivo más inmediato es conseguir el cese de los combates». Añadió que Erdogan y su Gobierno, que en los últimos días viene manteniendo una frenética actividad diplomática, que ha incluido contactos telefónicos con decenas de jefes de Estado y de Gobierno, «seguirá esforzándose por lograr una paz duradera».

La cita tendrá un formato tripartito, pero se celebrará un día antes de que arranque el foro anual sobre diplomacia, que se prolongará hasta el domingo y contará con la presencia, entre otros invitados, del Alto Representante de Exteriores de la Unión Europea, Josep Borrell; el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg; y el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.