Dos soldados ucranianos desmantelan un carro de combate ruso / efe

Así perdió Liman el Ejército ruso

Tras atacar varios puntos del frente, Ucrania concentró todas sus fuerzas en esta localidad, donde los invasores, descoordinados y con pocos medios, prefirieron retirarse antes que morir o caer presos en una redada masiva «vergonzosa»

M. PÉREZ

Las tropas rusas decidieron retirarse de Liman antes que enfrentarse a la disyuntiva de una pérdida masiva de vidas o la vergonzosa imagen de miles de soldados capturados de golpe por los ucranianos, justo un día después de que el presidente Vladímir Putin formalizara la anexión a Rusia de las cuatro regiones ocupadas en el país vecino. La opción elegida quiso vestirse como una retirada con vistas a una reorganización posterior de la línea defensiva, aunque los servicios de Inteligencia de EE UU y Reino Unido creen que el Ejército invasor no se marchó intacto.

Sufrió pérdidas muy importantes en su huida. Las imágenes difundidas ayer muestran decenas de cadáveres en las cunetas o desperdigados en los prados. Los rusos tuvieron que romper el cerco ucraniano para replegarse al interior del óblast de Lugansk por un estrecho pasillo. La salida fue tan salvaje que combatientes de los dos bandos acabaron enzarzados en una lucha con armas cortas dejando un reguero de muertos y heridos que ni Moscú ni Kiev prevén desvelar.

El espionaje británico sostiene que el Kremlin carecía de fuerzas suficientes en Liman para defender su posición. Una apreciación que coincide con la justificación del propio Ministerio de Defensa ruso para ordenar la retirada. Los ucranianos «nos superaban en número y equipamiento», explicó un alto mando, por lo que el Estado Mayor prefirió dar la orden de evacuación antes de que la tenaza se cerrara por completo en torno a la ciudad. En tal caso, a los ocupantes solo les hubiera cabido la opción de seguir la lucha hasta morir o entregarse en una «vergonzosa» rendición masiva, según relataba un corresponsal moscovita.

Los primeros análisis de expertos rusos explican la derrota no solo por la superioridad rival, sino por unos errores que parecen haberse vuelto «típicos» en esta guerra: la individualidad de los oficiales en la toma de decisiones, la demora en los abastecimientos, los déficits de coordinación de las unidades sobre el terreno y el reiterado abandono de sus puestos por parte de los mercenarios.

El líder checheno Kadírov, en una prolija diatriba contra el Estado Mayor, culpó al general Aléxánder Lapin de diseminar a los soldados en todas las líneas de defensa de la ciudad sin entregarles munciones ni radios para comunicarse entre ellos. También le acusó de haber trasladado su cuartel general a Starobelsk, tierra adentro de Lugansk: «¿Cómo puedes gestionar unidades rápidamente estando a 150 kilómetros de ellas?»

Equipos desfasados

Además, los estrategas consideran que el Ejército se enfrenta a una grave carencia de equipos de reconocimiento y vigilancia electrónica modernos, al menos, con el nivel de sofisticación de los sistemas con los que EE UU surte a las tropas de Kiev. Recuerdan que uno de los éxitos de la ocupación de Liman, el pasado abril, fue precisamente el acierto de la Guardia Nacional para destruir los drones de espionaje y ataque ucranianos, de forma que dejaron el camino expedito a la infantería y las fuerzas especiales.

¿Cómo se ha perdido este enclave? Su origen radica en la reconquista hace tres semanas de Járkov por parte de las fuerzas locales, permitiéndoles reagruparse y concentrar su próximo objetivo en Lugansk. En estos últimos veinte días, el Ejército de Kiev ha presionado en distintos puntos de la línea defensiva rusa al norte de Kupiansk, en Lisichansk y cerca de Liman. Al parecer, los combates librados en estas zonas no proporcionaron réditos a los ucranianos, cuyos mandos decidieron entonces centrarse en Liman con todo su material bélico disponible.

Según un corresponsal que acompañaba al contingente invasor, Kiev atacó con sus reservas acantonadas en Slavyansk, las unidades de tanques de Seversk, drones y blindados ligeros que «exprimieron» un enclave tras otro en su camino hacia Liman y cortaron las carreteras. Un dato nada baladí. La artillería rusa tuvo que dedicarse no solo a frenar la ofensiva sino a proteger un único camino de retirada, el «corredor de la vida», por el que salieron los soldados rusos.

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