Una joven hace prácticas de combate en una milicia civil durante un entrenamiento militar en Ucrania. / efe

La OTAN no enviará tropas sobre el terreno a Ucrania

Stoltenberg se reafirma en dar apoyo a Kiev pero recuerda que no es socio de la Alianza, mientras Boris Johnson ofrece un gran despliegue militar en Europa del este

M. P.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, descartó este domingo que la Alianza Atlántica envíe tropas a Ucrania sobre el terreno si Rusia intenta invadir el país. El responsable de la organización fue taxativo al justificar esta decisión: «Ucrania no es un aliado de la OTAN». Y también se mostró claro al definir que el papel de los aliados consiste en apoyar a este país y disuadir al Kremlin del uso de la fuerza contra Kiev. Pero «no» habrá un solo soldado de la Alianza que pise suelo ucraniano para luchar contra los rusos.

Las palabras de Stoltenberg no descubren nada nuevo, aunque sí haya habido líderes políticos que se han dedicado a jugar con el significado del término 'apoyo' y su alcance. Sin embargo, las normas de intervención de la OTAN indican que un ataque sobre un aliado «generará una respuesta de toda la Alianza», pero este criterio no resulta evidentemente ajustado al caso de la antigua república soviética. Stontelberg hizo esta aclaración en una entrevista con un canal de televisión, en cuyo transcurso manifestó que él prefiere la vía diplomática, aunque le preocupa la acumulación de militares rusos en la frontera ucraniana y la «agresiva retórica» del Kremlin.

Sus declaraciones se producen justo un día después de que el primer ministro britanico, Boris Johnson, ofreciera a la OTAN el mayor despliegue militar de un país aliado desde el inicio de la crisis en el este. En un sorprendente comunicado emitido por su gabinete durante la noche del sábado, el 'premier' adujo que su compromiso responde al aumento de la «hostilidad rusa» y dijo que, aparte de armas, aviones y barcos, está dispuesto a duplicar los 1.150 militares que ahora tiene repartidos en Europa del este –un centenar de ellos en la propia Ucrania, en labores de entrenamiento desde 2015– y enviar «armas defensivas» a Estonia.

Algunos medios consideran que la repentina forma en la que el primer ministro se ha volcado en la crisis ucraniana puede tener mucho que ver con su propia crisis doméstica y un intento de desviar la atención del escándalo de las fiestas prohibidas de Downing Street. Aunque Johnson, lógicamente, ve otros objetivos. «Este conjunto de medidas enviará una claro mensaje al Kremlin de que no toleraremos su actividad desestabilizadora y que estaremos siempre al lado de nuestros aliados en la OTAN», afirmó en el comunicado.

El primer ministro quiere tener el despliegue listo durante esta misma semana, aunque no ha tenido respuesta de la OTAN, que ya hace poco reforzó sus posiciones alrededor de Ucrania y acaba de recibir una carta del Kremlin pidiéndole que defina por escrito sus intenciones de fortalecer su influencia en el este. Tampovo ha habido comentarios del resto de los aliados o de la UE, mucho menos ardorosa en lo guerrero y más inquieta por cualquier movimiento que se traduzca en una mayor conflictividad militar. Johnson enviará esta mañana una delegación a la sede de la OTAN en Bruselas para comunicar al detalle su oferta. Y él mismo se dispone a viajar a Ucrania y llamar por teléfono a Vladímir Putin para advertirle del «derramamiento de sangre» que significaría una ocupación del país vecino.

Sanciones en 'Londongrad'

Tras esa intensa actividad desarrollada por Downing Street este fin de semana –mientras sigue su curso la investigación policial por el 'partygate'–, también el Ministerio de Exteriores anunciará hoy sanciones más duras contra Moscú. La titular de la cartera, Liz Truss, se pronunció ayer al respecto y no descarta incluso incautar bienes a los oligarcas rusos en suelo británico y más concretamente en su capital; ese territorio que algunos medios tildan irónicamente de 'Londongrad' y que ofrece cierta idea de la dificultad que entrañaría castigarlo.

Mientras Downing Street intenta posicionarse en la crisis ucraniana, en Alemania le pasa factura al nuevo canciller, Olaf Scholz, al que achacan una supuesta cercanía de su partido a Rusia. La percepción se ha acentuado después de que la Cancillería se haya negado a enviar armas de refuerzo a Ucrania y comprometido a desplegar 5.000 soldados en caso de una confrontación, lo que ha sido considerado por el Gobierno ucraniano como una «gota en el océano».

Según 'Der Spiegel', la Embajada germana en Washington ha advertido también de que EE UU empieza a ver a Alemania como un socio «debil», lastrado en parte por su elevada dependencia energética de Rusia. El SDP se reunirá hoy para debatir las posibles ambivalencias y enviar una imagen de firmeza.