Un soldado retira una bandera del Estado Islámico, en una imagen de archivo / Ahmad Al-Rubaye / AFP

EE UU abate en Siria al nuevo líder del Estado Islámico

Un drone acabó con la vida de Maher al-Agal cuando viajaba en motocicleta junto a su adjunto por un territorio rural cercano a la frontera con Turquía

MERCEDES GALLEGO Nueva York

A Maher al-Agal no le había dado tiempo de hacerse con un lugar prominente en el terrorismo cuando encontró hueco en el paraíso con el que sueñan los yihadistas. Un dron estadounidense le quitó la vida a las afueras de Jindaris, al noroeste de Siria. Se trata del tercer líder consecutivo del Estado Islámico al que da caza Washington, aunque su predecesor, Abú Ibrahim al-Hasimi al-Qurayshi, prefirió quitarse la vida, en su escondite en febrero pasado, para no dar gusto a los infieles americanos, ni arriesgarse a las torturas.

Para entonces las fuerzas especiales ya se habían descolgado de los helicópteros que aterrizaron en su jardín y luchaban mano a mano con los residentes de la casa. Al apretar el botón de un cinturón explosivo para autoinmolarse Al-Qurayshi se llevó por delante a su familia y a la de sus vecinos. En total, trece personas murieron en el ataque, entre ellas seis niños y cuatro mujeres.

Al-Qurayshi había sucedido a Abú Bakr al-Baghdadi el 31 de octubre de 2019, cuando éste se convirtió en el último trofeo de Donald Trump, a cinco días de perder las elecciones. El brutal líder del califato que llevó a cabo el genocidio yazidi reinó durante cinco años. Su sucesor, quince meses. Y el recién asesinado, cinco.

Todo indica que ni lo vio venir. El misil americano le cayó directamente encima de la moto en la que viajaba con su adjunto, porque éstos ya no son los tiempos de la grandeza del califato, cuando se hicieron con los 'humvees' blindados que EE UU dejó a los iraquíes. Entonces su reino del terror se extendía por dos países y gobernaba sobre ocho millones de personas. Ahora es solo un grupo de guerrilla que, sin embargo, «ha sido capaz que reestructurarse eficientemente», opina el 'think tank' de Washington Carnegie Endowment for International Peace.

Con este asesinato el Pentágono demuestra que la guerra de Ucrania y su retirada de Afganistán no le han hecho perder de vista la amenaza terrorista. Según un portavoz de la comandancia central (Cetcom), el Estado Islámico «sigue teniendo la capacidad de llevar a cabo ataques terroristas de manera global», dijo Joe Buccino. «ISIS continúa representando una amenaza para Estados Unidos y para sus aliados, por lo que es importante eliminar a sus líderes», recordó.

Sin víctimas civiles

En el ataque, que la organización terrorista reconoció este martes en Twitter, habría resultado herido el adjunto que le acompañaba en la moto, pero no habría víctimas civiles que lamentar, según el informe inicial del Pentágono. El líder del Estado Islámico habría muerto en una carretera rural rodeado de olivos, en una zona cercana a la frontera turca que controlan los rebeldes sirios. A Al-Agal no le hubiera gustado saber que el primer medio que difundió la noticia por toda la región fue el portal de noticias de judíos ortodoxos Belaaz, luego confirmada por un comunicado de la Comandancia Central estadounidense.

La muerte de un líder del Estado Islámico es ya tan rutinaria que el presidente, Joe Biden, no salió a anunciarla al país, como hiciera en febrero con la de Al-Qurayshi. Sirve, eso sí, para poner la lucha contra el terrorismo en la agenda del viaje que emprende este miércoles a Arabia Saudí, donde no estaba.