Dos personas preparan palmas para el Domingo de Ramos en Jerusalén. / Efe

Jerusalén permite las procesiones, pero prohíbe la llegada de peregrinos extranjeros

Para participar en los actos religiosos será necesario el Pase Verde, que identifica a los inmunizados con la doble dosis de la vacuna

MIKEL AYESTARÁN Jerusalén

Si las fiestas navideñas constituyen la temporada alta en Belén, ocurre lo mismo con Jerusalén en Semana Santa. Por segundo año consecutivo la Ciudad Santa para las tres confesiones monoteístas mayoritarias -judaísmo, cristianismo e islam- estará huérfana de peregrinos extranjeros, algo que no había ocurrido ni en los años de guerras o intifadas.

En esta ocasión, sin embargo, las autoridades israelíes permiten la celebración de procesiones y las iglesias abrirán sus puertas para los principales actos religiosos en los que habrá un aforo limitado y será necesario el Pase Verde, el documento que identifica a los inmunizados con la doble dosis de la vacuna estadounidense Pfizer. Los cristianos locales, cada vez menos, serán por tanto los protagonistas en estas fechas.

Después de tres confinamientos nacionales y más de 6.000 muertos por la epidemia de coronavirus, la llegada campaña de vacunación masiva ha hecho que más de la mitad de la población esté inmunizada y por eso se está recuperando la normalidad día a día. El miedo a la entrada de nuevas cepas, sin embargo, hace que las autoridades mantengan las restricciones y la llegada de turistas y peregrinos extranjeros deberá esperar.

Grupos reducidos

«Incluso cuando se levanten las restricciones, los grupos que vengan tendrán que ser reducidos y sus actividades tendrán lugar preferentemente al aire libre», ha adelantado Noga Sher-Greco, directora de Turismo Religioso de Ministerio de Turismo israelí al diario 'The Jerusalem Post'.

Cuando se reabran las puertas del país, a los peregrinos cristianos que lleguen les esperan nuevas atracciones que visitar como el camino de Emaús, una ruta de montaña de dieciocho kilómetros que transcurre entre Abú Gosh y Emaus Nicopolis y que se recorre en 4 o 5 horas a pie. Este es el camino en el que, según el Evangelio, Jesús se apareció por primera vez a dos de sus discípulos después de la resurrección.

Pero el centro neurálgico volverá a ser la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde se encuentran los grandes símbolos de estas tres religiones: el Santo Sepulcro, La Vía Dolorosa, El Muro de las Lamentaciones y La Cúpula de la Roca.

Mar Muerto y la tierra de los monasterios

El Mar Muerto es una de las grandes atracciones de un viaje a Tierra Santa y es célebre por sus propiedades curativas, sobre todo en lo que refiere a problemas de piel y articulaciones. Si se tiene el Pase Verde se puede optar por quedarse en los hoteles de Ein Bokek, en la parte sur, pero para una excursión de un día es suficiente con un chapuzón en alguna de sus playas del norte y una posterior visita a Qasr al -Yahud, el lugar donde, según la tradición, fue bautizado Jesús.

Después de muchos años de trabajo de desminado, se ha reabierto la llamada Tierra de Monasterios, la zona que rodea al lugar bautismal donde se levantan tres monasterios que permanecían abandonados. Esta es una zona fronteriza con Jordania situada a las puertas de Jericó, que fue ocupada por Israel durante la guerra de 1967 y que ahora gestiona la sociedad de Parques Naturales.