El puerto de Beirut, epicentro de la explosión, totalmente destruido. / AFP

Una grave negligencia devastó Beirut

Las autoridades libanesas conocían desde hace seis años el peligro del material almacenado en el puerto de la capital pero nunca lo retiraron

MIKEL AYESTARAN Jerusalén

Líbano busca supervivientes entre los escombros y a los culpables de las explosiones en el puerto que mataron a más de cien personas, hirieron a 4.000 y dejaron a cientos de miles sin hogar. «Como jefe del Gobierno, no descansaré hasta encontrar al responsable para que caiga sobre él todo el peso de la ley», declaró el primer ministro, Hasán Diab en un clima de creciente enfado entre unos ciudadanos hartos de la negligencia de unas autoridades que tenían información sobre la peligrosidad del material almacenado en el puerto, pero no hicieron nada.

Tras la entrada en vigor del estado de emergencia para un periodo de quince días, la primera medida del Ejecutivo fue ordenar el arresto domiciliario de los responsables del puerto, que pasan a estar bajo la vigilancia del Ejército. El Consejo de Ministros también ordenó dar asistencia a las familias que perdieron sus casas para que puedan ser acogidas en colegios y hoteles.

Los libaneses quieren respuestas. Las 2.700 toneladas de nitrato de amonio fueron confiscadas a un barco ruso que llegó al país en 2014. Desde entonces permanecían guardadas en el almacén número 12 sin ninguna medida especial de seguridad. Los medios locales aseguraron que el incendio comenzó en el almacén 9, donde había material pirotécnico, y de allí llegó al 12 causando la enorme explosión que destrozó la zona portuaria y los barrios cercanos.

A falta de esclarecer la causa de ese incendio, el director general de Aduanas, Badri Daher, declaró a la cadena LBCI que su departamento envió seis cartas a la Justicia informando del peligro de ese almacén, pero no obtuvieron respuesta alguna. «Les pedimos que fuera reexportado, pero nunca ocurrió», lamentó. El manager general del puerto, Hassan Koraytem, también habló a los medios y en declaraciones al canal OTV insistió en que «nadie nos respondió», pese a los repetidos llamamientos para retirar de allí el nitrato de amonio. «Llevábamos esperando una solución desde hace seis años», lamentó ante las cámaras.

A comienzos de año se produjo la última inspección del almacén número 12 y, según fuentes del puerto citadas por la prensa local, el informe recogía que «si no se traslada a un lugar seguro, puede volar todo Beirut». Y así ocurrió en la tarde del martes.

«Verdad perturbadora»

«Todo indica que en la explosión no están envueltos los sospechosos habituales como Hizbolá, Israel, los grupos yihadistas o Siria. La verdad parece mucho más aburrida y perturbadora: décadas de corrupción a todos los niveles institucionales han destruido el puerto, una buena parte de la ciudad y se ha llevado por delante muchas vidas», apuntó el analista Faysal Itani, vicedirector del Center for Global Policy, en el diario 'The New York Times'. Itani alertó de que «los políticos deben estar alerta porque esto va a generar mucho enfado en las calles».

Las beirutíes, de momento, permanecen en shock y tratan de organizarse para salir adelante dentro del caos. Si la grave crisis económica que padecen y la expansión del coronavirus no eran suficientes, ahora deben volver a retirar escombros y empezar desde cero. Pese a la larga experiencia en situaciones violencia que tiene la ciudad, nadie recuerda una explosión de tal magnitud. «La situación es apocalíptica, Beirut jamás ha vivido esto en su historia», consideró el gobernador de la ciudad, Marwan Aboud, quien estimó que «entre 250.00 y 300.000 personas» se quedaron sin casa por los enormes daños, que cifró en torno a los 3.000 o 5.000 millones de dólares. El periodista Mohamed Ali Harissi escribió en Twitter que «como nacido en 1982 he visto una década de guerra civil, tres guerras con Israel… nada como esto».

La comunidad internacional respondió de inmediato a la petición de apoyo de la presidencia libanesa a «los países amigos». El mandatario francés, Emmanuel Macron, viaja a Beirut para evaluar la situación, reunirse con «todos los actores políticos» y preparar el envío de más ayuda. La propia sociedad libanesa también se organizó para apoyar a las víctimas y tratar de encontrar a las decenas de desaparecidos.

Ante la gravedad de la situación sobre el terreno, el Tribunal Especial para Líbano anunció el retraso en la publicación del veredicto del juicio sobre el asesinato del ex primer ministro, Rafik Hariri, en 2005. La decisión, que se iba a hacer pública mañana, no se sabrá hasta el día 18. Los cuatro sospechosos del atentado con coche bomba son miembros del partido milicia chií Hizbolá.

La catástrofe dejaal país sin su mayorpuerta de entradade alimentos

La explosión en el puerto de Beirut es también un golpe letal a la principal puerta de entrada a un país que importa el 80% de su comida. Una de las imágenes icónicas del puerto arrasado es el edificio del silo semiderruido. Esa figura carcomida significa que el país se queda con una reserva de trigo de un mes, según declaró a Reuters el ministro de Economía, Raoul Nehme, quien alertó de la necesidad de «al menos tres meses de reserva para garantizar la seguridad alimentaria». El Gobierno buscan alternativas para poder almacenar el grano.

Una nueva preocupación más se añade a los libaneses, sumidos en una grave crisis económica. Según los últimos datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) dos de cada tres hogares del país vieron caer sus ingresos y un 42% de los consultados por el organismo se endeudaron para comprar comida o pagar un alquiler. La inflación de los alimentos básicos se disparó un 109% entre septiembre y mayo, según los datos del PMA.

Tras conocer el impacto de la explosión en el puerto «lo primero que pensé fue: estanterías de supermercados vacías, aumento de precios por la escasez», dijo a la agencia AFP Maya Terro, fundadora de la ONG local Food Blessed.

Si la crisis económica, la inestabilidad política y el Covid-19 no eran ya suficientes, Beirut suma un nuevo frente. Esta ciudad ha vivido innumerables explosiones, pero nadie recuerda una tan violenta como la del martes. El consuelo es ver el gran movimiento de solidaridad mundial. Al país no paran de llegar equipos médicos y de rescate y alimentos. Todo será necesario.