Aniversario

La vida sigue igual sin Fidel Castro

25/11/2017

Cuba ya se ha acostumbrado a latir sin Fidel Castro. Hace un año falleció el dirigente omnipotente y abría un nuevo capítulo en el panorama internacional y también en el país caribeño de vínculos inequívocos con Canarias en todos los órdenes. Los cambios estructurales para regenerar la jerarquía política e impulsar la debilitada economía nacional permanecen congelados.

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Transición por definir, once millones de habitantes pendientes de un futuro lleno de incógnitas, el bloqueo comercial recrudecido por Donald Trump como justificación universal y la aspiración generacional vigente de que mejoren suministros básicos y materiales que, día a día, convierten la rutina en una carrera de obstáculos. Monopolio estatal, salarios que rondan los veinte euros mensuales y la imposible convivencia de una doble divisa que dispara los precios a niveles imposibles mantienen paralizado un desarrollo en permanente debate. La vida sigue igual en Cuba un año después de la desaparición física de Fidel Castro (1926-1916), el líder revolucionario fallecido tal día como hoy doce meses atrás.

«Somos y seguiremos siendo fidelistas», dicen los mandatarios

Una escueta comparecencia televisiva de su hermano Raúl, desde 2006 presidente del país, servía para dar oficialidad a la muerte de una de las figuras más controvertidas del siglo XX, capaz de derribar una dictadura, la de Fulgencio Batista, sublimando la lucha armada que dio fama mundial al Che Guevara (1959), sobrevivir a intentos de asesinato (más de 600, según estadistas oficiales), desafiar permanentemente a los Estados Unidos con su ideario marxista-leninista y mantenerse fiel, hasta el final de sus días, a un modelo político y económico, el comunista, ya extinguido y caduco en la sociedad contemporánea.

La vida sigue igual sin Fidel Castro

Nadie cuestiona el impacto en el orden mundial que tuvo Castro, gobernante longevo, con más de cuatro décadas en el poder y convertido en padre moderno de la patria. Su tumba, en el cementerio de Santa Ifigenia (Santiago de Cuba), es objeto de culto y atracción turística. La cabecera del Granma, órgano oficial del gobierno, sigue presidida por su imagen, elevando a los cielos un fusil, las principales ciudades del país están sembradas de carteles explícitos con su rostro y las alusiones a su legado son constantes en noticiarios y comparecencias públicas de los dirigentes. Hace unas semanas, en la ONU, Bruno Rodríguez, canciller de Asuntos Exteriores, reiteraba que las líneas maestras de Cuba continuarán regidas por la ideología del Comandante en Jefe («aún somos y seguiremos siendo fidelistas»). Una declaración de principios más que explícita a dos meses de que se cumpla el calendario sucesorio anunciado por Raúl Castro, que, según ha manifestado, dejará la vida pública en febrero. Se abrirá, entonces, un ciclo nuevo en Cuba e inaudito desde el triunfo de la Revolución, ya sin mandatarios militares como rectores.

El vicepresidente Miguel Díaz-Canel encabeza las quinielas para garantizar una transición que se pretende continuista, aunque nadie descarta sorpresas. «Todo es posible ante un relevo de tanta magnitud», sostienen analistas internacionales y que previenen de que será el imprevisible gusto de Raúl Castro el que termine por imponer al elegido. Los hay que no descartan que, de repente, opte por desafiar su senectud y, camino de los 87 años, decida perpetuarse.

Lejos del aparato burocrático, casi ajenos al cambio diplomático que se gesta, el pulso de la población apenas ha experimentado cambios ya huérfanos de Fidel. Su retirada voluntaria por enfermedad, diez años atrás, habituó a la gente a maniobrar sin su fiscalidad. Aparecía Fidel recibiendo mandatarios, compartiendo experiencias con estudiantes, encabezando homenajes, posando con niños, pero siempre lejos de la primera línea. Su presencia se convirtió más en motivo propagandístico que en aporte efectivo. De ahí que su pérdida apenas haya tenido repercusión en Cuba más allá del lamento institucional.

La famosa Batalla de las Ideas que promulgó, en la que instaba a combatir el capitalismo, ha quedado sepultada por las necesidades de la ciudadanía, más preocupada por sobrevivir a la estrechez de la libreta (cartilla que regula la venta y entrega mensual a cada cubano de productos como arroz y café, mayormente, para paliar la carestía) que por la nostalgia ideológica.

La vida sigue igual sin Fidel Castro

Un paseo por La Habana o Santiago de Cuba, las dos capitales más importantes del país, constata que el aprovisionamiento de comida y enseres personales encabeza cualquier preocupación del ciudadano medio. Hay días que escasea el pan, son más frecuentes los que falla la distribución de huevos y ni qué decir tiene que una carne de nivel medio que no sea el pollo ya forma parte de privilegiados.

La venta ambulante, exenta de mínimos controles sanitarios y de calidad, ayuda a disimular las carencias del sistema. Por las calles se ofertan sazones, dulces, legumbres, frutas, pescados, leche en polvo, yogur, helados, bocadillos, escobas, zapatos, ropa íntima, colchones, periódicos, cigarros y un largo etcétera que, faltaría más, incluye las populares jabas (bolsas de plástico, que también escasean). Bazar multicolor el del esforzado autónomo que lucha a conciencia un auxilio para su bolsillo, desafiando temperaturas sofocantes, calles desvencijadas y bolsillos vacíos. Los que reciben sustento del extranjero pueden permitirse mirara los escaparates. Los que no, están abocados al equilibrismo.

La caída en desgracia de Venezuela, uno de los socios por antonomasia y que ya ni siquiera cumple con las provisiones de petróleo estipuladas, agrava una inflación galopante y tampoco dan buenas noticias las deseadas inversiones extranjeras.

La construcción de un hotel de lujo en la Manzana de Gómez, uno de los corazones de la Habana Vieja, y las grúas que anuncian que viene otro en camino en pleno Malecón son brotes verdes insuficientes. Mucho se especuló con el desembarco masivo de capital chino y ruso, de las bendiciones del puerto del Mariel como plataforma para dinamizar importaciones y exportaciones, del músculo financiero que reportaría el tráfico de cruceros marítimos, una novedad en el paisaje, y el redoble de las conexiones aéreas.

Cuba recordará hoy que un 25 de noviembre como el corriente Fidel Castro se hizo más presente que nunca con motivo de su adiós. Poco o nada hay que celebrar en este primer aniversario, que se vivirá sin fanfarrias.