r. c.

Johnson y Scholz detienen el boicot al petróleo y gas ruso

La Agencia Internacional de la Energía cree que la UE podría reducir un tercio de sus compras manteniendo la agenda descarbonizadora

IÑIGO GURRUCHAGA Londres

Mientras los gobiernos de la OTAN debatían desde el fin de semana sobre un posible boicot al gas y el petróleo de Rusia, en una refinería del puerto de Merseyside el sindicato británico Unite aplicaba una interpretación drástica de la voluntad de su Gobierno. Sus miembros se negaron a descargar combustible ruso, como ya ocurrió el viernes en una plataforma de gas natural licuado en la desembocadura del Támesis.

La regla es que no se deje atracar a barcos cuyo propietario, bandera, operador,… sea ruso, pero el petrolero Seacod, anclado durante cuatro días en la ría que baña la región que incluye a Liverpool, es de bandera alemana. No está claro, según la televisión ITV, que el barco no descargase antes del anuncio del sindicato, pero el Seacod partió en cualquier caso en dirección norte, la costa oeste de Escocia.

El primer ministro, Boris Johnson, no corrigió, sin embargo, la interpretación de la norma por el sindicato. Al contrario, este lunes añadió su voz a la del canciller alemán, Olaf Scholz, puntualizando al secretario de Estado americano, Antony Blinken, que «no se puede cerrar de la noche a la mañana el uso de petróleo y gas ruso en Europa».

Blinken provocó una espectacular subida del precio del petróleo- cerca de los 150 dólares por barril que se alcanzó en 2008- afirmando que estaba estudiando con sus socios europeos el boicot al suministro energético procedente del país invasor de Ucrania. El Reino Unido podría prescindir del gas ruso, pero tiene una dependencia sustancial de su petróleo, especialmente el refinado.

La Agencia Internacional de la Energía(IEA) cree que los países de la UE pueden reducir en un tercio sus compras de gas de Rusia(140.000 millones de metros cúbicos anuales), manteniendo los planes de descarbonización. Podrían reducirlas a la mitad aumentando la producción de carbón. No hay propuestas sobre cómo podrían los países de la UE prescindir rápidamente de sus importaciones de petróleo ruso, el 34% del total de compras en el exterior.

Pasar frío

Cantidades y porcentajes totales ocultan grandes variaciones nacionales. Polonia, en la frontera de la guerra, adquiere a Rusia el 58% de su petróleo. Finlandia, el 80%. España y el Reino Unido, el 11%. Alcanzar un criterio común sobre el boicot sería complicado y la diversificación de proveedores, una de las recomendaciones de la IEA para reducir la dependencia, no es sencilla en el actual mercado del petróleo.

La iniciativa de Blinken es la de un gobernante de un país que ha aumentado en los últimos años la importación de petróleo ruso pero cuya balanza comercial de energía lo sitúa como exportador neto. Para la Washington autosuficiente, el boicot al petróleo y al gas ruso es el instrumento que podría provocar el rápido colapso de la economía rusa y rematar el plan de sanciones para derribar al régimen de Moscú.

Según el cálculo de Michael Bernstam, investigador de la conservadora Institución Hoover, de Estados Unidos, la digitalización de la banca y del dinero significa que el Banco de Rusia ha perdido el control del 60% de sus reservas en divisas extranjeras: son depósitos en bancos centrales y comerciales de otros países, que están localizados en los libros de contabilidad de sus ordenadores.

En un artículo publicado la pasada semana en el 'Financial Times', Bermstam afirmaba que a la respetada gobernadora Elvira Nabiullina le quedan en sus arcas 125.000 millones en oro, unos 77.000 en bonos chinos denominados en renminbi, los cinco mil millones que hay que depositar en la cuota del Fondo Monetario Internacional y unos 28.000 millones en divisas contantes y sonantes.

Crisis bancaria, inflación y retroceso hacia una economía de autoavastecimiento parecen inevitables. Ingresos por el gas y el petróleo suman más de la mitad del saneado balance por cuenta corriente de Rusia, 110.000 millones de euros. ¿Derribar a Putin? El canciller Scholz cree que las medidas de presión tienen que ser «sostenibles». La solidaridad con Ucrania y el deseo de derrocar al tirano choca con la disposición a pasar frío, perder movilidad y producción industrial en la Europa rica.