El primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, durante su comparecencia en el Parlamento británico. / reuters

Fiesta en Downing Street

Boris Johnson pide perdón y miente de nuevo

El primer ministro deja su suerte en manos de la funcionaria que investiga las reuniones supuestamente ilegales en Downing Street

IÑIGO GURRUCHAGA Corresponsal. Londres

El primer ministro británico, Boris Johnson, ha pedido perdón en el Parlamento por «la rabia que siente la población» con él y con su Gobierno, creyendo que no siguieron las reglas de confinamiento dictadas para contener la pandemia. La oposición pidió una y otra vez su dimisión, en una sesión semanal de preguntas al primer ministro que algunos medios creen que acerca el final de su mandato.

El malestar con respecto a Johnson se ha elevado en los últimos días tras la divulgación de un correo electrónico en el que su secretario privado, Martin Reynolds, invitaba- utilizando el plural 'we'(nosotros)- a los empleados en la oficina del primer ministro a un encuentro social en el jardín, a partir de las seis de la tarde, al que los asistentes contribuirían llevando bebidas.

Con las portadas de los periódicos creando una atmósfera de fin del régimen, Johnson tenía que defenderse en persona este miércoles. Acudió al encuentro del 20 de mayo en el jardín poco después de las seis, «asumiendo implícitamente» que era «un evento de trabajo», dijo. Saludó a varios grupos de empleados y se retiró 25 minutos después, para seguir trabajando.

Con mirada retrospectiva, el primer ministro ha comprendido, según sus palabras, que tendría que haber ordenado a todos que regresasen a sus oficinas en el interior del edificio de Downing Street y que «tendría que haber encontrando otra manera de agradecerles» su trabajo. A esa misma hora, un ministro estaba anunciando en la televisión restricciones que impedían encuentros sociales al aire libre.

El secretario Reynolds envió un correo electrónico a cien empleados diciéndoles que, «tras un tiempo con increíble carga de trabajo, hemos pensando que sería agradable aprovechar el buen tiempo y tomar una copa juntos y con distanciamiento esta tarde, en el jardín». Johnson dice ahora que creyó que era una reunión de trabajo y también que tendría que haber imaginado otro método de agradecimiento a sus colaboradores. Esas afirmaciones parecen lógicamente incompatibles.

Tomando té

«La gente pensará que está mintiendo descaradamente», le dijo el líder laborista, Keir Starmer al primer ministro. Nunca se puede acusar a otro diputado de mentir, según las normas del Parlamento británico. El presidente de los Comunes, Lindsay Hole, rechazó la demanda desde algunos escaños para que obligase a Starmer a retirar sus palabras. Pero el exjefe de la Fiscalía de Corona no es tonto. Había dicho que la «la gente» pensará que miente.

Despedido dos veces por mentir en previos empleos, Boris Johnson es un caudal incesante de datos falsos o errados y se han identificado múltiples mentiras en sus discursos públicos. Hasta que se divulgó el correo electrónico de su secretario, negó haber participado en reuniones que quebraban las restricciones. Starmer le acusa por ello de engañar al Parlamento, otro motivo tradicional de dimisión.

El primer ministro se aferra a una petición de perdón quizás gastada y a la investigación de una alta funcionaria, Sue Gray, sobre las diferentes reuniones que se organizaron en Downing Street durante los confinamientos. Mientras llega ese veredicto, ministros del Ganinete se niegan a defenderle en los medios y el propio Johnson se reunió con diputados en el salón de té de los Comunes para ganarse simpatías.