El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, mantiene una conversación con su homólogo chino, Xi Jinping, desde la Sala de Situación de la Casa Blanca. /Reuters

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, mantiene una conversación con su homólogo chino, Xi Jinping, desde la Sala de Situación de la Casa Blanca. / Reuters

Biden no consigue que Xi se comprometa a no ayudar a Putin

China cree que EE UU y la OTAN deberían negociar con Rusia en paralelo a las conversaciones entre las autoridades de Moscú y Kiev

MERCEDES GALLECO Corresponsal en Nueva York

Dos no pelean si uno no quiere, o en palabras de Xi Jinping, «hacen falta dos manos para tocar las palmas», según le citó en Twitter la portavoz de su Ministerio de Exteriores, Hua Chunying. No es ningún proverbio chino, sino la aparición de una tercera versión de la realidad internacional, a caballo entre la brutal invasión rusa «sin provocación alguna» -como mantiene el presidente norteamericano Joe Biden- y la «operación militar especial» de Vladimir Putin para «liberar» al antiguo satélite soviético de «los nazis» -según se define desde el Kremlin-.

El mandatario estadounidense sostuvo este viernes con el presidente chino una larga videoconferencia de dos horas, que aún así palidecía ante las siete horas de reunión que mantuvo el lunes en Roma el Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, James Sullivan, con su homólogo chino. Si entonces la conversación fue «intensa», la de este viernes fue un intercambio de puntos de vista «franco y en profundidad», según decía el comunicado chino. La Casa Blanca, que tardó tres horas en hacer circular una nota casi vacía de doce líneas, no usó ningún adjetivo para describirla pero fuentes diplomáticas la calificaron de «detallada».

China cree que EE UU y la OTAN han provocado a Rusia con el avance de la Alianza del Tratado del Atlántico Norte hasta sus fronteras, con lo que de alguna manera justifica la reacción de Putin y acusa a los aliados de no haber sabido responder a las preocupaciones de seguridad que tiene Moscú. Por eso Xi, que públicamente se declara neutral y deplora la violencia, cree que la solución está en el diálogo. Y no solo el que se está llevando a cabo entre Rusia y Ucrania, sino en el que -a su juicio- debería estar sosteniendo también Estados Unidos y la OTAN con Rusia.

Fracaso del desmarque

Si este era realmente el objetivo previo de China, fracasó finalmente. Pero si EE UU pretendía que China se desmarcase de su aliado ruso, también se quedó sin ello porque no hubo ningún punto de distancia con Putin en el extenso comunicado chino.

Según el secretario de Estado, Anthony Blinken, la inteligencia estadounidense cree que China evalúa enviar a Rusia ayuda militar, además de servirle de apoyo para evadir las sanciones económicas y financieras que amenazan con hundir su economía. La debacle rusa tendría también un costo para China, que en las últimas dos décadas ha reforzado sus lazos con el Gobierno de Putin hasta convertirlo en su segundo mayor proveedor de petróleo después de Arabia Saudí. Todo esto llega, además, en un mal momento para el país asiático, recién salido de la pandemia y aún luchando contra el virus, pero en toda crisis hay oportunidad. Y esto sí es un proverbio chino.

Los expertos creen que China se beneficiaría geopolíticamente de la «guerra», como lo llama Xi en los últimos días, pese a que en los medios estatales chinos se sigue hablando de «crisis» o «conflicto». Todo lo que dañe la hegemonía de Estados Unidos en el mundo es positivo para el gigante asiático, que además está listo para sustituir la influencia rusa en el mundo. Las empresas chinas están cumpliendo con las sanciones a Rusia de forma privada, pero el Gobierno de Pekín se niega adherirse a ellas en público porque «ni la guerra ni las sanciones traerán la paz», escribió el martes en el diario 'The Washington Post' el embajador chino, Qi Gang.

La videoconferencia de este viernes tenía un doble propósito para la Casa Blanca. Por un lado, era la oportunidad de Biden de evaluar hasta dónde llegará Xi en su apoyo a Putin, según dijo la portavoz Jen Psaki. De otro, EE UU quería advertirle sobre las consecuencias que sufrirá si toma partido en esta guerra del lado de Rusia. Para eso el mandatario norteamericano tuvo que tirar de toda su experiencia diplomática adquirida a lo largo de 36 años en el Senado, la mayor parte al frente del Comité de Relaciones Exteriores, y hasta del Comunicado de Shangai que hace medio siglo representó la primera negociación diplomática entre ambos países.

El presidente estadounidense aseguró a su contraparte que no pretende iniciar otra Guerra Fría con China, sino que está comprometido con manejar sus diferencias y la competencia comercial a través del diálogo. A cambio quiere que China participe en la responsabilidad de «trabajar por la paz y la tranquilidad mundial». Sus abstenciones en las votaciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la invasión de Ucrania «hablaban por sí solas», dijo Psaki a ese respecto.

China, por su parte, veía este encuentro -al que accedió «por cortesía», insistió en su nota-, como una oportunidad de destacar su relevancia en el mundo y también su malestar por «el mensaje equivocado» que «alguna gente en EE UU ha enviado a las fuerzas independentistas de Taiwán», lo que advirtió puede tener un impacto en las relaciones bilaterales de ambos países. Biden dijo el año pasado sin tapujos que Washington apoyaría a Taiwán ante un posible ataque chino. Este viernes, la Casa Blanca se limitó a reiterar en su breve comunicado que la posición del presidente «no ha cambiado». Todo indica que ninguno de los dos mandatarios salió de este encuentro virtual con lo que buscaba de inicio.