Imagen de la Reina. /

Imagen de la Reina.

Isabel II se despide de Felipe de Edimburgo

El peculiar funeral diseñado por el difunto desvela también a una monarquía en espera de la sucesión

IÑIGO GURRUCHAGA Corresponsal en Londres

Felipe de Edimburgo, hijo de Andrés de Grecia y Dinamarca y de Alicia de Battenberg, emparentado con casas aristocráticas que produjeron matrimonios y sucesores para monarquías europeas, yace en la cripta real del castillo inglés de Windsor, el apellido que tuvo que aceptar al contraer matrimonio con Isabel II, hace más de 73 años. Tras el fallecimiento de la monarca, ambos féretros se reunirán en la capilla de Jorge VI, su padre, junto a los de su madre, Isabel, y su hermana, Margarita.

El joven nómada por los derrocamientos violentos de miembros de su familia en Grecia o Rusia, refugiado de la conmoción causada por la Primera Guerra Mundial y la revolución bolchevique, era tan apuesto que la obediente y sistemática niña Isabel también quedó prendada la primera vez que lo vio. Era la suya una familia también con sentimiento de fragilidad, tras la crisis por la abdicación de su tío, Eduardo VIII.

Ambos nacieron sin estar destinados para el trono. Y esa reina y ese consorte, ambos por la fortuna, han dotado a la monarquía británica de casi tres cuartos de siglo de estabilidad, que no tiene parangón por su longevidad. En el día del funeral de su marido, los ayudantes de la reina enviaron a la prensa una foto de ambos sentados en la hierba, en una escena campestre. Ni pompa ni circunstancia. La química aleatoria de Elizabeth y Philip habría sido el sostén de su éxito.

Por eso, los actos funerarios en Windsor fueron, además de la gran puesta en escena típica de los rituales de la monarquía británica, el símbolo público de la despedida de la pareja. Isabel II mostró en su primera aparición en las cámaras de la BBC, cuando llegó a bordo de un Bentley oficial a la capilla de San Jorge, que mantiene la serenidad y autocontención que caracterizan su personalidad y su reinado. Habló con el oficiante, se giró para comprobar el avance de la procesión y decidió seguir hacia el claustro.

El fallecimiento de Felipe de Edimburgo poco antes de cumplir sus cien años no parece haber causado una terrible conmoción a Isabel II, pero sí hace más visible su relevo. El príncipe Carlos es ahora el patriarca, señala algún medio británico. La línea sucesoria marca desde luego una continuidad de reyes (Carlos, Guillermo, Jorge,…) tras la era isabelina. Pero la pregunta es ahora hasta cuándo querrá la reina seguir con sus funciones institucionales. Cumple 95 años el próximo jueves.

Milicia y armonía

Tomará sus decisiones en la estela de Felipe de Edimburgo, que dio a su funeral un aroma militar y también peculiaridad ritual. Bautizado en los ritos de la Iglesia ortodoxa griega, adoptó el anglicanismo, por deber constitucional, antes de contraer matrimonio con la princesa Isabel. Pero visitó frecuentemente el monte Athos, donde conviven monasterios de distintas geografías de la Iglesia Oriental. En el final del servicio religioso, diseñado por él, se interpretó el himno funeral 'Kontakion Ruso de los Difuntos, con la melodía de Kiev', cuyo origen remoto está en Bizancio.

Fomentó encuentros entre figuras de diferentes fes, en lo que se ha interpretado en estos días elegíacos como un ecumenismo pionero. Crítico con la Iglesia Católica porque, según él, su doctrina sobre la contracepción fomenta la excesiva población del planeta, recibió, sin embargo, en nombre de la reina, al papa Benedicto XVI en su visita a Reino Unido en 2010. Al papa Francisco, le regaló whiskey y chuletas producidas en las fincas reales, en una visita al Vaticano, en 2014.

LA CLAVE:

  • 73 años juntos. Isabel II y su consorte fallecido han dotado a la corona de casi tres cuartos de siglo de estabilidad

  • Concepto. El apego de Felipe a los ejércitos fue uno de los símbolos importantes del funeral celebrado en el castillo de Windsor

Creó una asociación benéfica para fomentar el vínculo de religión y preservación de la naturaleza. Su elección de las sabidurías no canónicas del Eclesiastus, para ser leídas en su adiós, subraya sus ideas sobre la ecología y sobre Dios. «Mira el arco iris y bendice a su Creador, ¡qué maravillosa belleza!... Quema y reseca, como el fuego, el verdor de las montañas y la hierba de los prados. Pero todo lo sana el rocío que cae de las nubes y que se extiende para fecundar la tierra seca».

Su apego a los ejércitos fue un símbolo importante del funeral y el primer ministro, Boris Johnson, unió la experiencia en la Royal Navy con su trayectoria vital, en la sesión de la Cámara de los Comunes dedicada al recuerdo del príncipe. Como habría demostrado, según Johnson, en la batalla naval del cabo Matapan, en Grecia, o en la invasión de Sicila, durante la Segunda Guerra Mundial, «a través de una vida que por necesidad fue envuelta en símbolos y ceremonia a una edad tan temprana, se puede observar el mismo instinto, el de averiguar qué será más útil y práctico».

El actor Tobias Menzies, que encarna al duque en la serie 'The Crown', descubrió, sin embargo, en el estudio de su personaje que «había muchas diferentes fuerzas en juego dentro de su personalidad». En una entrevista con 'The Guardian' añade: «Era receloso de mostrar sus sentimientos, pero no es, atmosféricamente, una presencia templada; es muy caliente… Es áspero. Es desafiante. Es divertido. Esas cosas parecen combatir en su interior. Para ser alguien que no quiere desvelarse, realmente desvela mucho».