Una imagen de gran tamaño de Felipe de Edimburgo y la reina Isabel preside Piccadilly Circus, en el centro de Londres. /AFP

Una imagen de gran tamaño de Felipe de Edimburgo y la reina Isabel preside Piccadilly Circus, en el centro de Londres. / AFP

Adiós al 'abuelo de la nación'

Los pocos británicos que pudieron trasladarse a Windsor rindieron homenaje a «un hombre excelente»

BEATRIZ JUEZ Londres

Las calles de Windsor están acostumbradas a la pompa y a las ceremonias reales en las que miles de personas esperan pacientemente sus minutos de comunión con la familia real. Pero este sábado fue diferente. La pandemia manda y no hace distinciones. Las órdenes eran quedarse en casa y verlo por televisión, pero el sol lucía como no lo hacía desde hace semanas y muchos no pudieron evitar acercarse a los muros del castillo para dar su último adiós al príncipe Felipe, al que recuerdan con cariño como el 'abuelo de la nación'.

Desde primera hora, Chris Imafion desfiló por la calle principal de Windsor con varios colegas y familiares para rendir tributo a «un hombre excelente», del que destacó su «capacidad para el trabajo» y su amor por la educación de los niños. «Cada pequeño tiene un talento. Si no son las matemáticas puede ser la música o el deporte, y el duque sabía ver eso. Su programa de becas ha sido fundamental para muchos jóvenes», opinaba este profesor que, para mostrar su afecto y respeto, lució sombrero de copa y una mascarilla customizada con la fotografía de Felipe. Imafion y sus compañeros se pasearon entre las decenas de cámaras de todo el mundo, pero se sintió decepcionado por la poca afluencia de público. «Mañana en el fútbol habrá 4.000 personas en un estadio y al funeral de un hombre que ha hecho por este país mucho más que el fútbol sólo dejan venir a 30», protestó.

LAS CLAVES:

  • Benefactor. «Su programa de becas ha sido fundamental para muchos jóvenes», opinaba un profesor

  • Apoyo del pueblo. «Hemos venido para que la reina Isabel sepa que no está sola», recuerda una madre a su hija

Samantha Hazlaett encontró un lugar privilegiado en un callejón justo enfrente de las imponentes puertas del castillo. Sentadas en la terraza de un pub, Samantha y una amiga apuraron botellas individuales de champán al sol. Viven a 15 minutos de Windsor y no querían ver la ceremonia desde casa, sino formar parte del ambiente. «Ya sé que desde aquí sólo escucharemos las salvas, si las hay, la música y las campanas, pero quiero estar presente, no distraerme con la televisión o las redes sociales, simplemente vivirlo», confesó esta enamorada de la historia de la familia real británica.

Emoción contenida

No había turistas, pero las tiendas de souvenirs estaban abiertas. Sin embargo, las bodas venden más que los funerales, y las tazas con la efigie del duque y los trapos de cocina conmemorativos del funeral languidecían en el local donde trabaja Lee. «Quizá se vendan más adelante, cuando pase la pandemia», confiaba la dependienta.

Se escucharon unos cañonazos que indicaban que comenzaba el cortejo fúnebre y muchos espectadores sintonizaron con sus móviles la BBC para seguirlo en directo. Ajenos al gentío consternado, algunos niños treparon por los terraplenes de hierba junto a las murallas del castillo y jugaron a tirarse rodando. Sus padres los ataron corto durante el minuto de silencio previo al funeral, cuando la multitud se buscaba en las miradas de los demás y quería dar sentido a las horas de espera. «Ha sido muy emotivo y creo que muchos aquí lo necesitaban», confesó Monika Majsnerska, que había recorrido cuatro horas en el tren desde Blackpool y observaba con emoción en su teléfono a la Reina en su bancada. «Qué sola debe sentirse después de tantos años», dijo con un suspiro.

Una mujer desnuda saltó de la multitud tras el minuto de silencio al grito de «¡salvad el planeta!» y fue interceptada rápidamente por los policías. Sus breves segundos de fama rompieron la solemnidad del momento, y los espectadores volvieron a comentar entre ellos el contenido acto de las exequias. «A ver si los hermanos hacen las paces ya. Sería bonito», comentó una señora al ver a los nietos de la reina, Guillermo y Enrique caminar juntos pero distanciados tras el féretro de su abuelo.

El funeral llegó a su fin y la masa se dispersó. Edel, de 5 años, se ha quedó decepcionada porque no pudo saludar a la Reina, pero su madre, Rabab Jamshir, gran admiradora de la monarca, espera que al menos «le hayan llegado allí dentro las vibraciones de nuestro apoyo, para eso hemos venido, para que sepa que no está sola».