De izquierda a derecha, el líder de la Lega, Matteo Salvini, el líder de Forza Italia, Silvio Berlusconi, y el líder de los Hermanos de Italia, Giorgia Meloni. / AFP

El auge de la extrema derecha amenaza con fragmentar la Unión Europea

En Italia acaban de ganar las elecciones, mientras los discursos nacionalistas y euroescépticos ganan fuerza en Suecia, Bulgaria y Alemania

Olatz Hernández
OLATZ HERNÁNDEZ

La clara victoria de la neofascista Giogia Meloni en las elecciones de ayer en Italia es la clara demostración de que los partidos de extrema derecha avanzan con fuerza en una Europa en crisis y descreida. Los 52 escaños de Vox en España, el alza de Marine LePen en Francia… Tras la pandemia, en medio de una crisis energética y con un aumento de los precios por la guerra en Ucrania, las formaciones populistas y los movimientos nacionalistas han ganado fuerza y amenazan con extenderse por Europa. La extrema derecha ya controlaba Hungría y Polonia; y se ha hecho fuerte en países como Bulgaria, Suecia y Alemania, frente a una UE que es vista a menudo como una maquinaria elitista y desnacionalizadora. La Comisión Europea nunca hace comentarios sobre los procesos electorales de los Estados miembro, pero tampoco oculta su preocupación.

Esta tendencia ya se ha afianzado en Suecia, donde el movimiento extremista Demócratas de Suecia se convirtió en la segunda fuerza más votada en los comicios de septiembre, con el 20,5% de los apoyos. Fundado en 1988 por un antiguo voluntario de las SS de la Alemania nazi, su líder actual, Jimmie Akesson, trabajó para hacer un lavado de cara al partido y desvincularlo de sus orígenes.

La formación fue ganando apoyos con eslóganes muy parecidos a los que usó Donald Trump -'Suecia primero' y 'Hagamos que Suecia vuelva a ser buena nuevamente'- y un discurso contrario a la inmigración, un mensaje que también cala en otros países nórdicos como Dinamarca (Partido Popular Danés), Noruega (Partido del Progreso) y Finlandia (Partido de los Finlandeses).

El 'cordón sanitario'

En Francia y Alemania el cordón sanitario a la ultraderecha ha funcionado como cortafuegos para evitar que estos partidos lleguen al poder. Sin embargo, poco a poco, estas formaciones van avanzando: el partido de Marine LePen cuenta con 88 diputados en la Asamblea Nacional francesa y la formación Alternativa para Alemania (AfD) -que defiende la disolución de la zona euro- se hace fuerte en los estados alemanes del este como Sajonia y Turingia.

LAS CLAVES

Populismos

En los países nórdicos triunfan los mensajes contra la inmigración; y en el este, los afines a Putin

Encrucijada

La reforma de los tratados europeos es fundamental para evitar el bloqueo de Estados díscolos

La ideología de AfD choca frontalmente con los valores fundacionales de la UE. El partido se muestra contrario al rescate financiero de los países periféricos y a la ampliación del bloque. La Oficina Federal para la Protección de la Constitución llegó a clasificar su facción más dura como un movimiento «contrario al orden básico democrático libre» y puso bajo vigilancia al grupo por sus vinculaciones con el neonazismo.

Por ahora, la derecha ultraconservadora solo gobierna en Hungría y Polonia. Sin embargo, estos dos países, por sí solos, han demostrado ser dos socios incómodos para el Ejecutivo de la UE. Budapest y Varsovia bloquearon la aprobación de los fondos de recuperación durante la pandemia y retrasaron la adopción del sexto paquete de sanciones a Rusia tras la invasión en Ucrania. El Parlamento Europeo llegó a calificar al Gobierno de Viktor Orbán de «autocracia».

Tendencias prorrusas

Las crisis por la guerra en Ucrania y el aumento de las desigualdades forman el caldo de cultivo perfecto para la ultraderecha. En 2021, más de una quinta parte de la población de la UE -95,4 millones de personas- se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social, según datos de la Oficina de Estadística europea (Eurostat). Y con el aumento de la inflación esas cifras amenazan con dispararse, especialmente en los países del sur y el este de Europa.

Marine LePen. / CHRISTOPHE ARCHAMBAULT / AFP

En Bulgaria, que celebra elecciones el próximo 2 de octubre, los últimos sondeos dan un 22% de los votos a partidos prorrusos. Los elevados precios de la energía han tenido un terrible impacto en el país y su población, muy expuesta a la propaganda rusa.

No es el único país que se encuentra en una extraña zona gris, entre Occidente y Moscú. En Serbia, el populista Aleksandar Vucic logró la reelección con el 59,8% de los apoyos. A pesar de que el dirigente aseguró que el país seguirá el camino para ingresar en la UE, destacó que «no destruirá relaciones con sus amigos tradicionales», refiriéndose a Rusia y China.

En una Unión en la que las decisiones sensibles -aquellas relacionadas con la seguridad, la energía y la política exterior- se toman por unanimidad de los Estados miembro, el auge de los nacionalismos y la ultraderecha amenazan con fragmentar la unidad. El bloque europeo, por su parte, planea convocar una convención para reformar los tratados europeos y poder reservar la unanimidad solo para casos excepcionales.

Así lo anunció la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en su discurso sobre el Estado de la Unión, titulado 'Una Unión que se mantiene fuerte unida'. Desde el inicio de la invasión rusa, la líder comunitaria se ha caracterizado por sus mensajes llamando a la unidad y a la solidaridad entre los Estados miembro. «Cuando trabajamos por un mismo objetivo, no hay nada que los europeos no podamos conseguir», apuntó ante el Parlamento Europeo.

Frente a la amenaza de los misiles rusos, Von der Leyen destacó que «debemos profundizar y reforzar las democracias de nuestro continente». Un plan que podría verse frustrado por los resultados de los comicios italianos.