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Vladímir Putin, esta semana en el homenaje a los soldados rusos
«Los rusos apoyan aún a Putin porque nadie quiere ver la caída de su país»

«Los rusos apoyan aún a Putin porque nadie quiere ver la caída de su país»

La biznieta de Nikita Khrushchev, quien fue gobernador y arquitecto de Ucrania, cree que las élites rusas necesitan al presidente como factor de «establización»

Caroline Conejero

Nueva York

Sábado, 25 de febrero 2023, 21:27

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Ha pasado un año desde la invasión de Ucrania por el ejército ruso, un conflicto que ha cambiado al mundo y cuya resolución no parece estar al alcance de la vista. La guerra ha puesto de manifiesto la cara oculta Vladímir Putin, que muchos no vieron venir, aunque es conocida su obsesión con el pasado imperial de su país.

Muchas de las claves del actual enfrentamiento bélico pueden encontrarse en el periodo de la presidencia de Nikita Khrushchev. El histórico líder mantuvo una gran vinculación con Ucrania, donde ascendió en los rangos políticos hasta convertirse en el responsable del Partido Comunista, se casó con una mujer ucraniana, dirigió la reconstrucción del país destruido tras la ocupación de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, y, en 1954, decidió la cesión de Crimea al Estado ucranio.

Khrushchev fue un reformador y represor a partes iguales. Por un lado impulsó la desestalinizacion y dirigió importantes reformas sociales, así como la apertura cultural de la Union Soviética. A pesar de su inicial propuesta de coexistencia pacífica con Occidente, el lado más oscuro de Khrushchev le involucraba en las purgas de Stalin, la brutal represión en Hungría, la construcción del muro de Berlín y la crisis de los misiles con Estados Unidos, sellada en el amenazante grito, zapato en mano, desde el podio de Naciones Unidas: «¡Os enterraremos!».

Su biznieta Nina Khrushcheva, residente en Estados Unidos, autora y profesora de Relaciones Internacionales en la facultad universitaria de la New School de Nueva York, ha escrito sobre la Rusia de Putin, y es frecuente verla como comentarista en programas políticos de televisión. Es editora y colaboradora de Project Syndicate-Association of Newspapers Around the World, una asociación que divulga las opiniones de líderes y referentes de gran peso internacional a través de centenares de medios escritos en 149 países. Khrushcheva analiza para este periódico algunos aspectos de su antepasado, de Putin y de la invasión.

– Después de un año de guerra las perspectivas de paz son prácticamente inexistentes. ¿Cuales serían en su opinión las condiciones para la paz?

– No veo un final a la vista. No se puede prever. La situación se encuentra en un punto en el que Ucrania no pierde lo suficiente ni está ganando como para poder continuar hablando de una potencial victoria. Y Rusia no gana lo suficiente ni pierde bastante como para continuar hablando de una derrota rusa.

– ¿Ve un escenario de posible cambio de liderazgo en Rusia?

– Siempre existe una posibilidad de cambio pero, en general, se trata de un argumento desde el punto de vista de lo que sería deseable en Occidente. En realidad no hay ninguna prueba de que pueda pasar. Y si fuera así, no lo sabríamos hasta que sucediera. Es un escenario potencial.

– ¿Cree que la guerra ha debilitado la posición de Putin?

– La guerra ha debilitado a Rusia en el mundo, no hay duda, porque es una guerra entre la Rusia de Putin y Occidente. Pero allí Putin no esta debilitado, los rusos le apoyan todavía bastante porque nadie quiere ver la caída de su país, lo mismo que haría la mayoría de la gente en otros países independientemente de lo que haga su gobierno. Muchos quizá deseen ver la caída del Gobierno, pero no del país. La derrota estratégica de Rusia no cae bien entre la población incluso cuando muchos se oponen a Putin.

– Sin embargo, parece existir inquietud en el Gobierno, cierto nerviosismo entre el liderazgo.

– Lo que ocurre es un problema de desorganización. Hay una cacofonía; el Parlamento dice una cosa, Prigozhim (el líder del grupo mercenario Wagner) dice otra, el ministro del Interior, Kolokoltsev, dice otra, el Gobierno otra diferente, pero no significa que Putin esté en una posición de debilidad. Él necesita la guerra porque, a menos de que se logre una victoria, le urge que la guerra continue porque como presidente de guerra está más protegido. Mientras el conflicto prosiga es más difícil que sea cesado, a menos que la invasión vaya terriblemente mal. Pero yo no diría que está debilitado porque todos los clanes de las élites situados a su alrededor, como se vio durante el discurso de la Federación que hizo esta semana, aún no han decidido quien va a estar en el liderazgo y quien no cuando él se vaya. Esos clanes le necesitan como elemento de estabilización. Por ahora. Así que mientras la guerra continue probablemente continuará en el poder.

– Nikita Khrushchev, su bisabuelo, estuvo muy vinculado a Ucrania. Fue líder del Partido Comunista, trabajó allí, ayudó en la defensa y en la reconstrucción del país después de la destrucción de la ocupación nazi. Y supervisó la cesión de Crimea.

– Mi bisabuelo creció en Rusia, pero trabajó en Ucrania desde temprana edad. A los 16 años era minero en Donbás, y luego se convirtió en líder del Partido Comunista de Ucrania, el equivalente a ser gobernador. Lo de la cesión de Crimea a Ucrania es parte del mito porque, al ser el jefe del Partido Comunista, se le atribuyó a él después de la muerte de Stalin. De hecho, se puede ver que los documentos nunca se firmaron. En 1954, Khrushchev no estaba aún consolidado en el poder por lo que fue una decisión colectiva. Es una clarificación importante porque ahora Putin responsabiliza a Khrushchev de la cesión –hace falta culpar a alguien– cuando en realidad fue una decisión del gobierno colectivo.

– Khrushchev quería mucho a Ucrania. ¿Qué cree que pensaría él de esta guerra?

– Él pensaba que era una nación especial, un lugar especial. Era un gran defensor de Ucrania. Pero el nacionalismo ucraniano que está ahora en alza él nunca lo hubiera defendido, aunque sí apoyaba la identidad ucraniana como identidad diferente, independiente de la de Rusia. Creo que le habría horrorizado ver los despiadados bombardeos. El país que ayudó a reconstruir de las cenizas después de la Segunda Guerra Mundial está siendo bombardeado hasta las cenizas en este momento. Pero también era un centrista. En la Union Soviética el Kremlin era el poder central y, quién sabe, si hubiera creído que Ucrania intentaba desmembrarse quizá habría pensado que era necesario reincorporarla. Pero pienso que habría pensado en recuperar a Ucrania por convicción

– ¿Se puede hablar de la existencia de una doctrina Putin?

– No hay una definición clara, Putin es muchas de las cosas que se le achacan. Tiene tendencias imperiales, aunque él diría que solo pretende preservar la rusialidad a través del imperialismo. Con un componente de la KGB porque en esa entidad hay que ganar siempre y demoler a los enemigos por completo hasta el final porque se supone que se tiene el derecho absoluto a ello. Como exmiembro, el interés es siempre la seguridad y la defensa de la nación. Y cuando se es KGB se ven enemigos en todas partes. También hay un nacionalismo en la retórica. Existe un sentimiento anti-occidental que es realmente extraño porque resulta una contradicción. En todas las definiciones sobre sí misma, Rusia es un país que se considera occidental y continua luchando para serlo.

  1. «Me pregunto cómo hemos podido retroceder de forma tan imperdonable»

Cuando era miembro de la KGB, Vladímir Putin solía decir que era experto en comunicaciones. En este último año, numerosos analistas han destacado que Occidente no vio venir al autócrata de retórica seductora.

– ¿Comparte el análisis sobre esa doble cara del presidente ruso?

– Putin era reclutador de personal en la KGB. Se encargaba de atraer gente y ponerla a su servicio. De asegurarse de entender lo que la gente pensaba. Solía ser increíblemente encantador aunque ahora ya no le importe después de 20 años en el poder. Era tan bueno como Bill Clinton: hablaba solo para el que tenía enfrente. Y solía leer brillantemente a la audiencia, sabía exactamente lo que la audiencia pensaba. En la KGB le apodaban 'la polilla', esa cosa oscura que se asienta en los suéters; es un término apropiado para alguien que se sienta en la oscuridad y abres el cajón y todo el suéter está totalmente devorado.

– Mientras Putin los engañaba, los occidentales creían que le embaucaban a él.

– Había un imaginario general sobre Putin, Bush padre era también de la CIA, aunque no se puede comparar con la KGB. No es que la CIA sea una organización benevolente, pero no se inmiscuye en la vida de la gente. Los americanos no tienen que pensar todo el día sobre la CIA mientras que la gente tiene que estar alerta sobre la KGB a todas horas. Así que hubo un momento sobre Putin en que se asumió que el capitalismo, con todas sus amenidades y trucos, le engulliría. Nunca podría haberme imaginado esto. Me despierto todos los días preguntándome cómo, después de todas las cosas horribles por las que hemos pasado, después de la era Gorchachov, hemos podido retroceder tanto y de tan mala forma, tan imperdonable.

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