El presidente ruso, Vladímir Putin, este viernes durante su intervención en el Foro de Valdái, en Moscú. / mikhail metzel / afp

Putin alerta del inicio de la «década más peligrosa» desde la II Guerra Mundial

El presidente ruso arremete contra Occidente por practicar «un juego sangriento y sucio»

RAFAEL M. MAÑUECO Corresponsal. Moscú

Como cada año, el presidente ruso, Vladímir Putin, intervino este jueves en el llamado Foro de Valdái, en referencia a la localidad rusa donde nació este 'Club Internacional de Discusión Política'. Y, como en cada edición de este certamen politológico, volvió a no dejar títere con cabeza entre los países de Occidente, especialmente Estados Unidos, a quienes ha vuelto a acusar de todos los males habidos y por haber.

Esta vez, a causa de las sanciones adoptadas por la invasión de Ucrania, Putin ha hecho hincapié en los intentos de Occidente de «abolir» la cultura rusa. «Los nazis una vez llegaron a la quema de libros y ahora los guardianes occidentales del liberalismo y el progreso se han deslizado hasta la prohibición de las obras de Dostoyevski y Chaikovski (...) cuando los países occidentales abogaron siempre por una política de cultura universal». Pero, según sus palabras, «la abolición de la cultura rusa afecta al desarrollo del libre pensamiento en la política, en la economía y en otras áreas».

«La historia, por supuesto, pondrá todo en su lugar y cancelará no a los más grandes genios universalmente reconocidos de la cultura mundial, sino a aquellos que hoy por alguna razón decidieron que tienen el derecho de disponer de esta cultura mundial según su propia discreción», afirmó Putin ante los asistentes al Foro de Valdái, que este año tiene lugar en Moscú.

Durante su discurso, el presidente ruso también dijo que los países occidentales «están imponiendo sus objetivos y estereotipos de consumo para aumentar el área del mercado para su propia producción, en su propio beneficio». «Occidente está seguro de su infalibilidad (...) está a un paso del deseo de los infalibles de destruir a los que no les gustan, como dicen ellos, cancelándolos», añadió.

A su juicio, «la ideología liberal en el mundo ha cambiado hasta hacerse irreconocible. Si el liberalismo clásico entendió la libertad de cada persona como la libertad de decir lo que quieras y hacer lo que quieras, en el siglo XX los liberales comenzaron a declarar que la llamada sociedad abierta tiene enemigos y la libertad de tales enemigos puede y debe ser limitada, cuando no cancelada». Para el jefe del Kremlin en Occidente «han llegado al absurdo de que cualquier punto de vista alternativo es declarado propaganda subversiva y amenaza a la democracia».

Arremetió también contra quienes consideran que detrás de todo lo malo que pasa en el mundo están «las intrigas del Kremlin» y se pregunto si «¿somos realmente tan omnipotentes? Cualquier crítica a nuestros oponentes, cualquiera, se percibe como maquinaciones del Kremlin, la mano del Kremlin» y deploró que «no se puede culpar de todo al Kremlin». «Niegan la soberanía de los países y los pueblos, su identidad y singularidad (...) Rusia no está desafiando a las élites de Occidente. Rusia simplemente está defendiendo su derecho a existir y desarrollarse libremente. No vamos a convertirnos en una especie de nueva potencia hegemónica», manifestó ante los asistentes.

El máximo dirigente ruso aseguró que «el dominio occidental está llegando a su fin, el mundo unipolar es cosa del pasado. Por delante está la década más impredecible, peligrosa y, al mismo tiempo, importante desde la Segunda Guerra Mundial». Según sus palabras, la actual guerra en Ucrania «es solo una parte de los movimientos tectónicos en todo el orden mundial». Explicó que la crisis ucraniana «se gestó no ahora, sino hace tiempo» y, tras llamar a Ucrania «Estado artificial», repitió que la causa y el origen fue el «golpe de Estado» tras la revuelta en Kiev en febrero de 2014 cuando el entonces presidente Víctor Yanukóvich fue depuesto por la Rada Suprema (Parlamento) después de huir a la base rusa de Sebastopol.

Modelo «agotado»

En suma, Putin dijo ayer que las potencias occidentales no están ya en actitud de «gobernar a la humanidad por sí solas aunque tratan desesperadamente de hacerlo y la mayoría de los pueblos del mundo no lo soportan más». «El modelo estadounidense está agotado, está en crisis, no tiene ya nada que ofrecer al mundo. No sólo ellos y Europa tienen derecho a elegir su camino geopolítico, también lo tienen los países de Asia, incluida Rusia, y Latinoamérica», recalcó.

En relación con la polémica en torno al hipotético uso de armas nucleares, el presidente ruso, que fue el primero en agitar tal posibilidad al anexionarse Crimea en marzo de 2014 y, el pasado 24 de febrero, cuando lanzó la invasión del país vecino, ha dicho ahora que «no tiene sentido político ni militar» recurrir a tales artefactos. Es más, le ha dado la vuelta a la cuestión y ahora, según él, es Occidente el que amenaza con la bomba atómica. Recordó que, a día de hoy, «el único país que ha empleado este tipo de armamentos fue Estados Unidos» en Hiroshima y Nagasaki.

Alertó que «mientras existan las armas nucleares, existe el peligro de que sean usadas (...) aunque son en primer lugar los países occidentales con sus provocaciones los que fuerzan la tesis de que Moscú piensa utilizarlas para influir en sus aliados y en los países neutrales (...) se trata de una táctica muy primitiva». Según su punto de vista, Occidente «está llevando a cabo un juego peligroso, sangriento y sucio», al acusar a Rusia de querer recurrir a armas de exterminación masiva.

En cuanto a las acusaciones de que Ucrania prepara la detonación de una «bomba sucia», Putin instó ayer al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a trasladar una delegación «lo antes posible» a Ucrania. «El OIEA quiere venir (...) nosotros estamos a favor, lo antes y de la forma más amplia posible, ya que sabemos que las autoridades de Kiev hacen todo lo posible para hacer desaparecer el rastro de estos preparativos» para la fabricación de la «bomba sucia».

Para el dirigente ruso «los acontecimientos en el mundo continúan desarrollándose según un escenario negativo, se ha convertido en una crisis sistémica, no solo en las esferas político-militares, sino también a nivel humanitario y económico». Putin criticó además «la degradación de las instituciones mundiales y la sustitución de los conceptos del derecho internacional». Dijo no entender en qué se basan las nuevas reglas y sostuvo que en Occidente «quiere vivir sin ninguna regla».