Los policías tratan de frenar a los manifestantes. / AFP

Floja asistencia a la gran manifestación contra la cumbre del G7 en Alemania

Las fuerzas de seguridad germanas convierten en una fortaleza el lugar de la cita

JUAN CARLOS BARRENA Berlín

La gran manifestación de protesta en Múnich contra la cumbre de jefes de Estado y Gobierno del G7 que comienza este domingo en Schloss Elmau, en los Alpes bávaros, circuló por las calles de la capital bávara más reducida de lo esperado y con una asistencia visiblemente mermada, para sorpresa incluso de las fuerzas de seguridad, que desplegaron más de 3.000 agentes antidisturbios para controlarla. Frente a los 20.000 participantes que se habían anunciado se congregaron unas 4.000 personas, según cifras de la policía, mientras los organizadores contabilizaron unas 6.000. Mucha menos gente que en la convocatoria de hace siete años, cuando la cumbre del G7 se celebró en el mismo lugar. Hasta el temido «bloque negro», como se conoce a los violentos activistas de ultraizquierda, quedó reducido a la mínima expresión. Se esperaban más de 3.000 y solo se contaron unos 150.

Hubo algún escarceo con la policía al localizarse en los registros material pirotécnico, pancartas con textos anticonstitucionales o personas que pretendían marchar enmascaradas, pero no pasaron de meras anécdotas. Los países del G7 deben «emitir una señal clara y decidida contra el cambio climático, para acabar con la destrucción de la naturaleza, así como contra el hambre, la pobreza y la desigualdad», señalaron los organizadores de la protesta en un comunicado conjunto. Los participantes portaban pancartas y grandes carteles contra el rearme y la deforestación, contra la guerra y la crisis, contra el calentamiento de la Tierra y la inflación, contra la invasión de Ucrania, pero también contra el capitalismo o a favor de un Kurdistán independiente.

La organización de la manifestación había hecho un llamamiento previo a la no violencia y al planteamientos de sus exigencias por la vía pacífica. También la ministra alemana de Interior, la socialdemócrata Nancy Faeser, había pedido a primeras horas de la mañana que el acto tuviera un desarrollo pacífico. «Espero de todos los manifestantes que protesten de manera pacífica, que no hieran a nadie ni destruyan automóviles o comercios», comentó la ministra en declaraciones al portal T-online, ante el que expresó su preocupación por posibles brotes de violencia protagonizados por miembros del llamado «bloque negro».

«Coronavirus, Clima, Guerra – Impuestos para los ricos y superar la pobreza», rezaba una gran cartel que llevaban en sus manos cabezudos con los rostros de los líderes del G7. Grupos de izquierda reclamaban en sus mensajes escritos «Combatir el G7 – El imperialismo se reúne aquí». Un total de 15 grupos ecologistas, antiglobalistas y de carácter humanitario, desde Greenpeace a WWF, pasando por Pan para el Mundo o Misereor, habían llamado a participar en la marcha con cuatro temas centrales: el abandono de las energías fósiles, la conservación de la diversidad de la fauna y la flora, la justicia social en todo el planeta y la lucha contra el hambre. La manifestación inicio su marcha por el centro de la capital bávara y finalizó en las praderas donde se celebra habitualmente la Oktoberfest, la tradicional fiesta de la cerveza.

La cumbre del G7 se celebra al igual que hace siete años en el lujoso hotel de Elmau, convertido ahora en una fortaleza, por las garantías de seguridad que ofrece el pequeño valle donde se encuentra, situado a unos 10 kilómetros de la conocida estación de esquí de Garmisch-Partenkirchen. Más de 18.000 uniformados, en su mayoría policías, aunque también fuerzas especiales del ejército como cazadores de montaña, se encuentran desplegados en la zona para aislar completamente a los estadistas. Para llegar al lugar de la cita hay superar una veintena de controles policiales.

Los filtros policiales permiten el paso a residentes, empresas de suministros o turistas con reservas en la zona, pero impiden seguir camino a todo aquel que no cumple alguna de esas premisas. El centro internacional de prensa se ha levantado en Garmisch, donde se ha permitido también a un grupo de 700 manifestantes erigir un campamento mientras dure la cumbre, aunque estarán estrechamente vigilados. La autopista de 90 kilómetros que une Garmisch con Múnich y su aeropuerto y por la que se desplazarán la mayoría de las delegaciones se ha convertido en un hervidero de policías en automóviles y motocicletas, que detienen y controlan todo vehículo sospechoso.