Los príncipes Ana, Andrés y Eduardo y sus familias leen las notas dejadas por los miles de ciudadanos que se acercaron a la entrada del castillo. / AFP

Balmoral despide a la reina

El féretro, instalado en el salón de baile del castillo y custodiado por el personal de servicio, será trasladado mañana a Edimburgo

ANA BARANDIARAN

El castillo de Balmoral, ubicado en lo profundo de las tierras altas de Escocia, era el «hogar favorito» de la reina Isabel II, donde practicaba la caza, montaba a caballo y cuidaba de sus perros 'corgi'. Allí fue donde falleció el pasado jueves y donde ha recibido un sentido homenaje de todos sus vecinos, que la consideraban como alguien muy cercana. Los alrededores de la residencia oficial de verano se han llenado estos días de flores y de mensajes de afecto.

El féretro se instaló en el salón de baile, donde Isabel II se estrenó a los doce años en sociedad en The Gillies Ball. La fiesta es una tradición implantada por la reina Victoria tras comprar Balmoral en 1852, en la que la familia real ofrece un baile al personal de servicio y funcionarios más cercanos.

Precisamente eran esos asistentes de más confianza los que custodiaban este sábado el ataúd de la monarca, a la espera de que mañana sea trasladado al palacio de Holyrood, en Edimburgo, y posteriormente a la catedral de St. Giles, en la milla real de la capital escocesa. El féretro está cubierto por el estandarte real de Isabel II, que representa a la monarca y está compuesto de símbolos heráldicos pertenecientes a Inglaterra, Escocia e Irlanda.

Se desconoce si la instalación del féretro en el salón de baile se trataba de un deseo expreso de la reina y como tal estaba incluido en la denominada 'Operación Unicornio', el protocolo activado en caso de que el fallecimiento se produjese en Balmoral, como ha ocurrido. Para Isabel II esa estancia era un lugar especial, del que han quedado imágenes muy populares como aquella de 1972 en la que se le ve a ella acompañada por la reina Madre, del brazo de Felipe de Edimburgo vestido con falda escocesa.

La despedida en Balmoral ha sido más íntima de lo que serán las que vienen a continuación. Carlos III, proclamado este sábado rey en Londres, y sus hijos Guillermo y Enrique abandonaron el viernes el castillo. Hoy se celebró una misa privada en la iglesia cercana de Crathie Kirk, a la que asistieron los otros tres hijos de Isabel II –Ana, Eduardo y Andrés– con sus respectivas familias.

Los miembros de la familia real llegaron a la iglesia en todo terrenos y salieron a pie con objeto de agradecer el apoyo de la gente y leer los mensajes que se habían dejado junto a las flores. «Nos han permitido un día. Ahora empezamos con el proceso de entregarla», explicó el príncipe Andrés, que renunció a sus deberes reales en 2019 por su amistad con el presunto delincuente sexual estadounidense, Jeffrey Epstein. Su hija Eugenia se emocionó cuando leía las notas que los ciudadanos habían depositado.

Gesto «especial»

Los vecinos que habían acudido al castillo agradecieron el gesto. «Fue muy especial que se acercaran y pudiéramos mostrarles nuestro apoyo», dijo Ian Smith, un empresario local.

Tras esta discreta despedida en Balmoral, el féretro viajará mañana por vía terrestre hasta el Palacio de Holyroodhouse, una antigua fortaleza que fue residencia de los reyes de Escocia en Edimburgo. Posteriormente se trasladará a la catedral de St. Giles, construida en el siglo XII por el rey Alejandro I y dedicada al popular santo patrón de los leprosos, las madres lactantes y los cojos.

En esta catedral habrá una vigilia de los miembros varones de la familia real y, después durante 24 horas, el público tendrá la oportunidad de rendir un último tributo sobre el ataúd de la reina. El féretro descansará sobre un catafalco y la capilla ardiente será idéntica a la de su madre, la reina madre Isabel. St. Giles acogerá el primer baño de masas en los diez días que precederán al funeral en la abadía de Westminster.