Lucha contra el coronavirus

Estados Unidos encarga 100.000 bolsas fúnebres

03/04/2020

Registra ya más de 1.000 muertes diarias y el balance final más optimista prevé entre 100.000 y 240.000 fallecidos.

En Estados Unidos cada día es peor que el anterior. El jueves batió el record global de muertes registradas en un solo día por el coronavirus, con 1.169 defunciones según la Universidad John Hopkins, a varias semanas de alcanzar el punto álgido de la pandemia. Durante dos meses EEUU no se preparó para ella. «Trump apostó a que el virus desaparecería cuando calentase el tiempo y le salió mal», confió una fuente de la Casa Blanca a CNN. Para lo que sí se está preparando es para ocuparse de los muertos, víctimas colaterales de ese error de cálculo.

La Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA) ha encargado al Pentágono que prepare 100.000 bolsas de cadáveres y 85 camiones refrigeradores. La escalofriante cifra es conservadora. La doctora Deborah Birx, coordinadora de la Casa Blanca para el coronavirus, estima que en el mejor de los casos la epidemia se cobrará entre 100.000 y 240.000 vidas, «si se llevan a cabo todas las medidas de mitigación». O sea, en un mundo ideal en el que todos los estadounidenses mantengan la distancia social de seis pies (dos metros), se queden en casa, eviten tocarse la cara «y tengan cuidado de lavarse las manos», deletreó. Sin ellas, «la estimación es que entre 1,5 y 2 millones de personas en EE UU sucumbirían a este virus», informó.

Solo Nueva York registra ya cerca de 500 muertos diarios y la cifra se dobla cada tres días. El gobernador Andrew Cuomo ha informado que al estado en el que hay ya 60.000 casos confirmados solo le quedan respiradores para seis días más. Los médicos tienen discreción para decidir con qué pacientes los usan y Cuomo dio este viernes una pista: «Cuanto más días lleves con el respirador, menos posibilidades tienes de salir con vida».

A pesar del éxodo que ahora permite cruzar la Quinta Avenida sin mirar, quedan demasiados millones de seres humanos atrapados en pequeños apartamentos por los que pagan fortunas y de los que escapan a la menor oportunidad. Con más de 50.000 casos confirmados y 5.500 contagios diarios, el alcalde de Bill de Blasio ha urgido a la población a no salir a la calle sin mascarilla, algo que ya no se puede adquirir. «No tiene que ser sofisticado, puedes hacértelo tú mismo en casa», sugirió. «Y no es sólo por ti, es para proteger a los demás. Hay mucha gente ahí fuera que no presenta síntomas pero tiene el virus».

Un estudio realizado en Singapur estima que el 10% de los contagios se producen a través de personas que todavía no presentan ningún síntoma. En Atlanta, Robert Redfield, director del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) subió la apuesta al estimar que el 25% de los infectados pueden ser asintomáticos. Nadie lo sabrá con exactitud hasta que se realicen pruebas de anticuerpos en la sangre para contabilizar la población que ha estado expuesta al virus sin saberlo, el siguiente paso al control de la epidemia. Mientras tanto, «tienes que protegerte de cualquier persona que parezca sana», advirtió.

El gobierno federal planea hacer extensivas esas directrices a todo el país a través del CDC, pero se está encontrando con un obstáculo: Donald Trump. El presidente desautorizó el jueves al alcalde de Nueva York, al gobernador de California y cuantos ya recomendaban el uso de la mascarilla al ponerse de parte de quienes no quieran seguir esos consejos. «Si la gente se la quiere poner, que se la ponga, pero no creo que sea obligatorio», decidió. Y para los que quieran pero no puedan encontrarlas, Trump ofrece una solución: «Que se pongan una bufanda, yo creo que es mejor, porque son más gruesas y te cubren más, dependiendo del material».

Sus colaboradores no pestañearon. El debate entre los profesionales del gobierno es que las mascarillas pueden ofrecer un falso sentido de seguridad que haga relajar otras medidas más vitales. La preocupación de los asesores nacionalistas de Trump es que importar esas mascarillas de otros países. Para el asesor Económico de la Casa Blanca Peter Navarro, la crisis de material médico viene a dar la razón a las políticas del presidente que popularizó el America First. «Comprar productor estadounidenses, reforzar nuestras fronteras y tener una fuerte base manufacturera», recordó en conferencia de prensa. «Lo que hemos aprendido de esta crisis es que somos demasiado dependientes de otros países en productos médicos, así que desregularemos la Agencia de Protección medioambiental (EPA) y la Agencia Federal de Medicamentos (FDA) para agilizar la producción doméstica. Nunca más tendremos que competir con otros países para cosas que necesitamos y depender del resto del mundo», juró.