Donald Trump se da un baño de masas en Alaska el pasado junio, durante su gira de mítines 'Salvemos América'. / AFP

Trump asalta el Partido Republicano

El culto al expresidente genera un sólido movimiento político y social que fagocita a los antiguos conservadores

CAROLINE CONEJERO

El fenómeno del trumpismo no solo ha transformado al Partido Republicano, sino que lo ha engullido en un movimiento populista de masas que prima la experiencia emocional y la conexión con el líder a través del culto directo a su persona. La coalición nacional que Donald Trump ayudó a galvanizar en 2016 en los hombros del Tea Party ha desplazado a la tradicional clase profesional, predominantemente blanca, que dominaba el Partido Republicano, por una mayoría trabajadora multiétnica.

Si bien este pacto faustiano ha beneficiado y enriquecido a ambas partes, lo cierto es que la formación política es ahora rehén de Trump y depende más del expresidente que éste del partido. Llegados a este punto, la realidad es que los republicanos no pueden deshacerse de su líder mediático y del lastre que conlleva porque el trumpismo no existe sin Trump por mucho que sus subsidiarios de esfuercen en clonarlo. La clave de este fenómeno es que el exmandatario ha sabido conectar como nadie con la clase trabajadora, a menudo abandonada y desdeñadas por Washington y la mayoría de ambos partidos. Se trata de una conexión única que además incentiva el prejuicio, el odio, la ira e incluso la violencia. Visceral.

De la misma forma que sucedió el asalto al Capitolio en enero de 2021, Trump podría incitar disturbios si en algún momento es detenido y condenado por los numerosos delitos de los que se le investiga. Los extremistas ya han amenazadoa los agentes del FBI que recientemente registraron su mansión de Mar-a-Lago, en l a que guardaba documentos clasificados como alto secreto por la Casa Blanca. La violencia está a flor de piel. De hecho, el numero de tiroteos masivos se ha incrementado en EE UU desde su nominación a la presidencia en 2016. El Centro Legal para la Pobreza del Sur también ha registrado un aumento del 800% en los delitos de odio realizados por parte de individuos que se identifican con su retórica iracunda.

Pero sería erróneo atribuir su emergencia solo al expresidente. La ira latente es anterior a Trump. Durante décadas, la propaganda de extrema derecha a través de programas de radio y blogosferas ha venido incitando a la cólera y la guerra civil sin cortapisas y a la vista de todos. Trump la ha cultivado y enaltecido. La ha convertido en capital político y, como se vio el 6 de enero, en un intento de seguro de vida en la política.

Médicos y abogados

Pero no se puede reducir el trumpismo a un movimiento de clase trabajadora. El nuevo extremismo conecta también con otras tendencias que atraviesan la demografía económica y social estadounidense. Robert Pape, especialista en amenazas de seguridad, dirigió un estudio de la Universidad de Chicago centrado en casi 400 detenidos –muchos de ellos imputados por participar en el ataque al Capitolio– donde se muestra que los delitos de odio los cometen blancos (93%) y hombres (86%).

Sin embargo, lejos de corresponder al estereotipo de desempleados, camicaces sin nada que perder afiliados a grupos extremistas, el perfil dominante en este otro sector emergente de radicalidad lo conforman profesionales adultos con empresas propias y relativamente bien adaptados a la sociedad. Presentan un nivel de educación alto y, por lo general, sin vínculos con la ultraderecha organizada. Más de la mitad son profesionales como CEO's de empresas, médicos, arquitectos, contables y abogados. Del total de los participantes, sólo el 7% estaban desempleados y un 13% eran miembros de grupos violentos.

La Policía custodia la casa de Mar-a-Lago donde se descubieron documentos clasificados en poder del líder republicano. / afp

Muchos de los insurrectos tampoco residen en condados republicanos recalcitrantes de la América profunda, sino que tienden a vivir cerca de demócratas o en condados azules en los que Joe Biden ganó cómodamente. Sin embargo, el denominador común entre todos ellos son los cambios en su demografía local: los condados donde ha bajado más la población blanca no hispana son los más propensos a generar la radicalidad. El grupo étnico aparece como el elemento de malestar.

En tiempos de grandes cambios sociales y de incertidumbres económicas, la ansiedad racial parece englobar todas las demás ansiedades sociales. Y la derecha extremista ha ayudado a agitar el espectro de esta ansiedad con el miedo de un supuesto cambio étnico, basado en la teoría supremacista del 'gran reemplazo'. Sostiene que las minorías y los inmigrantes tienen un plan deliberado para suplantar a la población blanca y los demócratas, supuestamente, apoyan el plan. Gran parte de la población consume este tipo de desinformación a través de canales de extrema derecha como Fox News, One America y Newsmax, y un sinfín de radios y plataformas sociales.

Como consecuencia, 21 millones de estadounidenses creen que el presidente Joe Biden es ilegítimo y que la violencia está justificada para restaurar a Trump. En este esfuerzo de sembrar desinformación e ignorancia, el Partido Republicano se ha aliado con los peores actores: en las actuales elecciones primarias, los republicanos continúan en su mayor parte bajo la sombra del expresidente. Trump y la nueva generación de trumpistas siguen así golpeando la credibilidad de un partido que solía caracterizarse por la defensa de la ley, el orden y las instituciones democráticas.

Cuestión de dinero

Pero lo cierto es que los republicanos no están en posición de poder deshacerse del exmandatario. El trumpismo es ahora la marca del republicanismo dominante y, para muchos, su viraje al extremismo de derecha ha alcanzado un punto irreparable. La influencia del expresidente ha complicado el tablero de las primarias, incluso para los candidatos que respalda con el único propósito derrotar a los republicanos que votaron en su contra en el 'impeachment' del Congreso por el ataque al Capitolio. De los diez colegas de bancada que votaron en su contra en 2021, solo dos han sobrevivido a las primarias, una impresionante serie de pérdidas y jubilaciones forzadas de legisladores, como Liz Cheney, que en circunstancias normales habrían sido reelegidos con facilidad.

Aun así, las votaciones están poniendo a prueba a los aspirantes trumpistas especialmente en los Estados más disputados, y el consenso general es que, más que favorecer, Trump perjudica. El partido se ve estancado con candidatos excéntricos sin cualificaciones, cuyo argumento de negar la anterior victoria de Biden no funcionará en las siguientes elecciones. Salvo en la burbuja de los medios de derecha y los Estados conservadores, claro.

Simpatizantes del expresidente se manifiestan tras conocer que su mansión de Florida había sido registrada por el FBI. / AFP

Candidatos como Harriet Hageman, la extremista que derrotó a Liz Cheney esta semana por casi 40 puntos de diferencia enlas primarias en Wyoming y que llama a Biden «traficante de humanos», podrían no sobrevivir en los comicios intermedios de noviembre. El tablero electoral presenta desafíos importantes para los republicanos en las elecciones al Senado, las gubernaturas estatales y la selección del fiscal general y el secretario de Estado.

Aparte de la cuestión ideológica, los conservadores se ven enfrentados a problemas de recaudación de fondos. Están replanteando su estrategia de publicidad para convencer en aquellos Estados donde podrían perder escaños, como Pensilvania, Wisconsin y Arizona. El Comité Nacional Republicano ha estado financiando la defensa legal del expresidente contra litigios personales e investigaciones del Gobierno, sumando una factura que asciende a casi dos millones de dólares.

Su presidenta, Ronna McDaniel, avisó recientemente a Trump que dejar á de pagar las cuentas si anuncia oficialmente su candidatura presidencial antes de las elecciones intermedias de noviembre. Porque, de hacerlo, lo previsible es que Trump se convierta en el principal receptor de dinero de afiliados, donantes y patrocinadores republicanos, lo que mermaría las oportunidades de recaudación de los candidatos que se presentan al Senado y la Cámara de Representantes.

Los beneficios para los demócratas en puertas de unas elecciones

A los demócratas, el trumpismo les puede beneficiar. Ellos prefieren enfrentarse a candidatos extremistas mucho más fáciles de batir en las elecciones generales, y sin duda desean el bagaje tóxico de Trump en la ecuación electoral de noviembre. Las encuestas les dan la razón. Un sondeo de opinión de Fox News hecho la semana pasada revelaba un cambio drástico en la intención de voto de los padres de familia estadounidenses –28 puntos a favor de los demócratas– y de hasta 2 puntos entre los hombres. La encuesta muestra a los republicanos y demócratas empatados con el 41% en las elecciones al Congreso.

El mapa político se encuentra así en plena transformación y, según los expertos, ahora mismo refleja el impacto que la prohibición del aborto está teniendo entre los padres. Como trasfondo subyace un especial clima de volatilidad, como demuestra la violenta reacción del trumpismo al registro del FBI en la mansión de Mar-a-Lago. No solo constata el control del expresidente sobre los republicanos, sino el que ejerce sobre toda la nación.