El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. / AFP

Los demócratas de EE UU se lían con el apoyo a la guerra de Ucrania

La filtración de una carta en la que treinta congresistas pedían al presidente Biden que buscara una solución negociada con Rusia desata la polémica

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Desde que en julio de 2019 Donald Trump pidió a Volodímir Zelenski investigar al hijo de Joe Biden para explotarlo en su pugna electoral, la suerte de Ucrania ha dependido de la política estadounidense. Pero nunca de un hilo tan crítico como el de ahora.

Las elecciones que el día 8 decidirán el control del Congreso también pondrá números a la ayuda militar de EE UU, que está permitiendo a Ucrania contener la invasión rusa. Van ya más de 65.000 millones de dólares y para final de año puede pasar de los cien mil, si prospera la iniciativa de aprobar un nuevo paquete de 50.000 millones de dólares que discuten algunos legisladores. Sería, en tal caso, la mayor inversión que haya hecho jamás un solo país en otro a lo largo de un solo año.

Hasta ahora ese apartado era una de las pocas cosas en las que el presidente Biden había encontrado el apoyo mayoritario de los legisladores de ambos partidos. Algo que terminó la semana pasada, cuando el hombre que las encuestas anticipan como el próximo líder de la Cámara Baja, el republicano Kevin McCarthy, advirtió que no dará a ese país «un cheque en blanco» en plena recesión.

McCarthy, seguidor de Donald Trump y su «América First», está en campaña electoral y responde a la preocupación general por la subida de la inflación y una contracción económica que hace surcos en los votantes, pero a Biden todavía le queda la esperanza de que su propio partido consiga retener al menos la Cámara Baja. Sin embargo, una carta firmada por 30 representantes demócratas de este órgano legislativo que filtró el lunes el diario 'The Washington Post' parecía indicar que el apoyo inquebrantable que ha tenido en su propia formación también está llegando a su fin.

Los firmantes pedían al mandatario que compagine la ayuda militar y humanitaria con esfuerzos diplomáticos de forma «proactiva» para alcanzar «un marco realista de alto al fuego» y evitar así al mundo la prolongación del conflicto. A dos semanas de las elecciones, la idea de un cisma en la formación que aspira a revalidar la confianza de los votantes causó indignación entre propios y extraños.

A algunos no les sorprendía. Entre los 30 firmantes del Caucus Progresista destacaban legisladores de izquierda conocidos por su disidencia pública, como Barbara Lee, Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib, Sheila Jackson o Ilhan Omar. En justicia, en la carta alaban los esfuerzos que ha hecho Biden para apoyar a Ucrania, en una guerra en la que no hubiera tenido la menor oportunidad de no ser por la inyección militar de EE UU, pero creen que esa inversión también le da voz y voto. «Es responsabilidad de EE UU seguir la vía diplomática», dicen al mandatario, tras apaciguarle con una lluvia de halagos.

Para justificar esta decisión parafrasean al propio presidente, que más de una vez ha dicho que la salida a este conflicto «va a ser un acuerdo negociado», pero parecían olvidarse de que Biden siempre ha dicho que le corresponde a Ucrania decidirlo y Kiev ya ha descartado más negociaciones mientras Putin esté al frente del Gobierno.

«Con otro jefe de Rusia»

El presidente ruso dijo en televisión que sigue centrado en lograr «los objetivos de la operación especial», pero no le importaría lograrlos por la vía de la negociación. Por el contrario, Zelenski tiró la toalla tras los falsos referendos con los que se anexionó cuatro provincias prorrusas de Ucrania. «Todos en el mundo tenemos que entender que no puede haber diálogo con este líder de Rusia. Tal vez con otro jefe de Rusia», sentenció durante su intervención en la cumbre virtual del G7 celebrada el pasado día 11.

El líder ucraniano no está dispuesto a sacrificar la integridad territorial de su país, mientras que para salvar la cara Putin necesita al menos consolidar la anexión de las cuatro regiones prorrusas, que carecen de reconocimiento internacional. «Solo hay una persona que está bloqueando la paz y esa persona está en Moscú», ha insistido.

Y es que la carta se escribió en mayo y junio del año pasado, cuando todavía había fe en la mesa de negociaciones. Algunos de los firmantes dijeron que hoy no la habrían firmado, culpando a la presidenta del Caucus Progresista, Pramila Jayapal, de haberla hecho pública sin su permiso. Jayapal asumió este martes la responsabilidad de una carta que, dice, alguien de su equipo envió sin consultárselo. «Nosotros estamos de acuerdo con la perspectiva del Gobierno de que no le corresponde a EE UU presionar a Ucrania sobre decisiones que le son soberanas», aclaró.

En la carta inicial los legisladores que parecían haber abierto brecha en el apoyo a la guerra alegaban el riesgo cada vez más alto de una escalada nuclear «con posibilidades catastróficas», lo que algunos interpretaron como una recompensa a Putin por sus amenazas, ya que el presidente ruso lleva semanas intentando abrir la vía diplomática. «El momento era pésimo», reconoció la presidenta del Caucus demócrata, en respuesta a las críticas de sus correligionarios.

Donde peor ha caído la marcha atrás ha sido en Rusia. «No vamos a correr detrás de nadie», había dicho molesto el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, cuyas sugerencias de conversaciones directas entre Vladímir Putin y Joe Biden han sido desestimadas por el Departamento de Estado, que no las considera auténticas. Son, a juicio del secretario de Estado, Anthony Blinken, mano derecha de Biden a lo largo de su carrera, «puro postureo·. El Kremlin considera que Occidente es «hostil· a Rusia, lo que imposibilita el diálogo, aunque deja abierta la puerta de que la mediación de Turquía logre un acercamiento.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dio a conocer este martes que estarían dispuestos a sentarse a negociar «con los estadounidenses, con los franceses y con el pontífice». Así respondió a la iniciativa del presidente galo, Emmanuel Macron, que el lunes pidió al Papa Francisco que llamara a Putin, así como al patriarca de la Iglesia ortodoxa, Kiril, y a Biden para impulsar un proceso de paz en Ucrania. «Si esto realmente va en el cauce de los esfuerzos para la búsqueda de posibles soluciones, se puede valorar positivamente», recalcó en su rueda de prensa diaria.