Un hombre intenta evitar la destrucción total de su casa en una localidad ucraniana bormardeada por la artillería rusa. / afp

Ucrania emplaza a la OIEA a comprobar que no fabrica una 'bomba sucia'

Occidente rechaza la denuncia del Kremlin de que Kiev quiere usar un artefacto nuclear para simular una detonación anormal de una ojiva rusa

MIGUEL PÉREZ

Un equipo de expertos del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) viajará a Ucrania para analizar la denuncia rusa de que el Gobierno de Kiev ultima la fabricación de una 'bomba sucia'. La agencia ha aceptado una oferta del Ejecutivo de Zelenski para que «descarte sobre el terreno» las «engañosas» acusaciones de Moscú, según informó este lunes el ministro de Exteriores, Dimitro Kuleba.

La OIEA se limitó a confirmar que está «analizando» la situación y las declaraciones contrapuestas de los dos bandos. El Kremlin afirma que el Gobierno ucraniano ha orquestado la detonación de un artefacto radiactivo de baja intensidad en su propio territorio para culpar a Rusia y desatar una respuesta internacional poderosa. Kiev cree que la denuncia es un «pretexto» de Vladímir Putin -«el único capaz de hacer algo así», según Zelenski- para lanzar un ataque nuclear limitado contra sus tropas. De anunciarse la fecha de la expedición, será la segunda misión de la OIEA en laexrepública soviética desde el inicio de la invasión debido a una amenaza radiológica.

La anterior tuvo como objetivo inspeccionar la central de Zaporiyia, sometida al fuego cruzado de los dos ejércitos y rodeada de un cinturón de minas que han provocado varios incidentes en las instalaciones. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, está convencido de que Kiev quiere convertir la planta nuclear en otra especie de «bomba sucia» con sus ataques.

La convulsión internacional es ahora mismo mayúscula. 'Bomba sucia' no es un término fácil de digerir. Y, sin embargo, ha estado latente en el corazón de la guerra desde hace meses. Es un artefacto relativamente barato y no demasiado complejo de fabricar si se dispone del elemento radiactivo: basta esa fuente y unos cartuchos de dinamita. En 1987 se usó en una ocasión en la guerra Irán-Irak. Luego se dejó de emplear. Aunque parezca demasiado crudo, en términos bélicos mataba poco en comparación con una explosión termonuclear. Sin embargo, siempre ha sido como un arma temida en manos terroristas. De ahí, el especial esfuerzo de las agencias de seguridad internacionales en evitar el tráfico ilegal de residuos atómicos.

«Claramente falsa»

Estados Unidos, Francia y Reino Unido rechazaron este lunes la versión «claramente falsa» del Kremlin, horas después de que Shoigú hablara el domingo con sus homólogos en esos países. Turquía, con el que el ministro también mantuvo una conversación, es el único interlocutor que no se ha pronunciado. El jefe de la diplomacia ucraniana se puso en contacto con estos y otros gobiernos para desmentir la denuncia, exigir la condena de Rusia por su «mentira» y solicitar la inclusión urgente de Ucrania en la OTAN como escudo ante una hipotética agresión nuclear.

El Kremlin, por su parte, insistió en su tesis y aseguró que dispone de pruebas para demostrarla. «La desconfianza hacia la información compartida por el lado ruso no hace que la amenaza no exista. La amenaza es obvia», advirtió el portavoz Dimitri Peskov. El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, añadió que elevará la denuncia a la ONU y dijo que «tenemos información, que hemos reexaminado por los canales correspondientes, acerca de que no es una sospecha vacía».

¿Qué información es esa? El Gobierno ruso afirma que dos laboratorios radiológicos ucranianos trabajan en la fase final de fabricación del artefacto. Los científicos habrían utilizado uranio tratado de las minas de Zhjovty Vody -las más importantes del país- o bien restos de las piscinas de combustible de tres centrales nucleares bajo su control o una pequeña porción de los 50.000 metros cúbicos de desechos atómicos almacenados en Chernóbil. El material habría sido trasladado a la planta química de Pridniprovskiy, en la región de Dnepropetrovsk,

¿Hasta qué punto esta concatenación de detalles puede tener crédito o ser un relato hilvanado a partir de datos generales? Occidente no le da ninguna validez, a pesar de que el jefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de las Fuerzas Armadas de Rusia, Ígor Kirílov, se esforzó en explicar este lunes que un artefacto así podría ser «enmascarado como una detonación anormal de una ojiva nuclear de poca potencia». A su juicio, una explosión, aunque fuera muy leve, permitiría detectar isótopos radiactivos sobre el terreno y culpar al Kremlin del disparo de un misil atómico. Kirílov fue el autor en mayo de una teoría luego caída en el más absoluto olvido referente a que varias farmacéuticas trabajaban en la fabricación de armas biológicas para el Ejército kievita con la aquiescencia de Estados Unidos.

Los expertos consideran que una 'bomba sucia' de baja intensidad es letal para las personas situadas en el área de la explosión, mientras en las zonas más alejadas pueden desarrollarse casos de cáncer a largo plazo. Su fin es dispersar partículas radiactivas capaces de contaminar terrenos y, según la OIEA, lo que busca es sembrar el «el pánico y las alteraciones sociales».

Los dos casos conocidos de utilización de estas armas ocurrieron en 1995 y 1998. En el primero, un grupo terrorista checheno colocó un artefacto cargado de Celsio-135 en un parque de Moscú para chantajear al Gobierno ruso. No llegó a detonarlo. Tres años más tarde, otra célula dejó una bomba similar en Grozny. Ahora las 'bombas sucias' vuelven a suscitar miedo y alarma. Como después del 11-S, cuando millones de personas se preguntaron qué tipo de terror criminal podría ser más brutal que el atroz derribo de las Torres Gemelas y la respuesta fue el nuclear.