Pancartas en contra de la sentencia del aborto en el desfile del orgullo gay en Nueva York. / reuters

La sentencia del aborto ensombrece la celebración gay en EE UU

Los matrimonios homosexuales, el sexo oral, la sodomía y hasta los anticonceptivos podrían dejar pronto de ser un derecho personal

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Iba a ser una gran celebración, pero se convirtió en una gran protesta. La sentencia del Tribunal Supremo, que el viernes anuló la jurisprudencia que amparaba el derecho al aborto en todo EE UU, no se limitó a eso. La mayoría ultraconservadora del tribunal aprovechó para quemar la casa al tiempo que le daba un portazo a las libertades personales en las que se había amparado Roe contra Wade.

Y por si a alguien le quedaba dudas, el juez Clarence Thomas dejó muy claro que, con el precedente que acaban de sentar, «en casos futuros debemos reconsiderar todo los precedentes de debido proceso, incluyendo Griswold, Lawrence y Obergefell», escribió. El primero protege el acceso a los anticonceptivos; el segundo, el derecho a mantener relaciones sexuales en privado, un antídoto necesario para los 16 Estados que prohíben el sexo oral o la sodomía; y el tercero, los matrimonios del mismo género. Desde el viernes, «cualquier precedente sustancioso sobre las decisiones que se toman en el debido proceso» de intimidad, «son demostrablemente erróneas», por lo que tenemos la obligación de corregir el error que se ha sentado», insistió Thomas, que en su letanía dejó fuera el único precedente que le afectaría, el de los matrimonios interraciales.

No es de extrañar que la lluvia de papelillos y confetis que descendía el domingo por la Séptima Avenida de Nueva York, y otras muchas ciudades del país, tuvieran este año el sesgo más político de su historia. «¡Mi cuerpo, mi decisión!», gritaban mujeres, hombres, transexuales y todo el colectivo de género neutro, binario y demás variantes. En la cabalgata del West Village neoyorquino gritaba a todo pulmón, Cynthia Nixon, la actriz abogada de Sex And The City, que fracasó en su intento de convertirse en alcaldesa. Y en la de San Francisco, la portavoz del Congreso Nancy Pelosi saludaba desde un descapotable rojo, dándole la vuelta al eslogan de Obama «No te enfades, ¡Vota!». El de los demócratas este año es «Enfádate y Vota».

La pandemia había impedido que se celebrase esta cabalgata desde 2019. A muchos les quemaba el cuero y los látigos en el armario, ansiosos de salir a la calle a festejar en público lo que incluye su vida privada. ¿Durante cuánto tiempo?, era la pregunta que flotaba en el aire. «¿Cuándo tendré que volver al armario?», inquiría angustiado Peter Johansson, un homosexual que nunca pensó que tendría que volver a luchar por los derechos que creía conquistados.

Hacer causa común con las mujeres no era solidaridad, todos los derechos demonizados por la extrema derecha cristiana están en el mismo barco. Uno que se hunde. La senadora Elizabeth Warren ha propuesto crear puertos seguros en tierras federales dentro de los nueve Estados que desde el viernes restringen severamente el derecho al aborto o incluso lo prohíben totalmente. En ellas se podrían construir clínicas de aborto a las que podrían acceder de forma segura las mujeres que las necesitasen, porque ya existe un precedente: Antes de que Roe contra Wade extendiera ese derecho a nivel federal, las mujeres militares que se quedaban embarazadas estaban obligadas a abortar o dejar las Fuerzas Armadas. Y lo hacían dentro de esas bases federales, inmunes a las leyes estatales.

Nuevas legislaciones

La decisión de dejar a cada Estado la regulación del derecho al aborto, como un lienzo en blanco en el que cualquiera puede escribir lo que quiera, ha provocado una cacofonía de leyes, muchas de las cuales se disputan ya en los tribunales, como las de Luisiana y Florida. Otros 16 Estados se han apresurado a aprobar legislaciones que garanticen el aborto, y hasta algunas ciudades progresistas, como Austin, han prohibido a sus propios fiscales y policías usar fondos municipales para perseguir a las mujeres que aborten o quienes les ayuden.

Para acabar con el retroceso en la conquista de los derechos civiles que supone la mayoría ultraconservadora del tribunal, donde los jueces tienen cargos vitalicios, la congresista Alexandria Ocasio Cortez propone un 'impeachment' de aquellos jueces nombrados por Trump que prometieron bajo juramento al Senado que no anularían Roe contra Wade. Otra solución es ampliar el tribunal para diluir el poder conservador, pero ambas requerirían que el Partido Demócrata obtenga en noviembre la mayoría absoluta en las cámaras. El «Enfádate y Vota» es tan necesario para los que protestan que hasta Donald Trump está preocupado de que la sentencia pueda dañar las posibilidades de su partido en las urnas, según fuentes del 'New York Times'. Trump cuenta con esa mayoría para garantizarle el camino electoral de vuelta a la Casa Blanca, donde promete terminar la labor iniciada.