Joe Biden, durante un acto este miércoles en la Casa Blanca. / Reuters

El plan de infraestructuras de Biden se topa con un demócrata díscolo

Un senador de su partido se niega a darle el voto, necesario para la aprobación de la Cámara alta

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Joe Biden tiene la oportunidad de dejar atrás el infernal agosto que le ha traído Afganistán, pero un senador de su propio partido puede prolongar su agonía. Se trata del conservador demócrata de West Virginia Joe Manchin, que no está dispuesto a aprobar su plan de infraestructura.

Para pasar en la Cámara alta ese histórico plan que pondrá a su Gobierno a la altura del New Deal de Roosevelt, Biden no necesita ni un solo republicano pero sí de todos y cada uno de los demócratas. Con la escueta mayoría que le proporciona el voto del desempate que ejerce la vicepresidenta, Kamala Harris, al haber quedado la cámara salomónicamente dividida en las anteriores elecciones, su partido no se puede permitir perder ni a uno solo de sus correligionarios e independientes adjuntos.

El senador Manchin publicó el viernes un artículo de opinión en 'The Wall Street Journal' titulado 'Por qué no apoyaré otro gasto de 3.5 billones', cuya respuesta se podría resumir en deuda e inflación. Sin embargo, no daba ninguna pista de cuál sería el precio que le parece permisible para salvar la ley que ayudará a la clase media a lo largo de la próxima década. Ayer diferentes medios publicaron que su precio inicial es de un billón, o como mucho 1.5 billones, lo cual sigue siendo menos de la mitad de lo que se ha consensuado en el Congreso.

Manchin se ha vuelto tan importante en su decisión que la Casa Blanca negocia directamente con él, aunque no hay confirmación oficial. Indignados, la portavoz del Congreso, Nancy Pelosi, y el del Senado, Chuck Schumer, anunciaron a renglón seguido que «no habrá pausa» en el calendario propuesto para votar la legislación, que esperan tener en la mesa del presidente a final de mes. Las audiencias se llevarán a cabo hoy y mañana. Su apuesta es que el electorado, a través de las encuestas, le haga cambiar de opinión.

No será popular meter la tijera a un plan que expande el seguro médico para los jubilados, añade beneficios dentales y oftalmológicos, subsidia las pólizas privadas, impulsa la construcción de residencias de ancianos, invierte en sanidad, educación y vivienda pública y ofrece deducciones fiscales para las familias con hijos, entre otros muchos apartados.