Un hombre observa los estragos de Ida en Nueva York. / Mike Segar / afp

Nueva York, una piscina mortal

El inesperado azote de Ida deja al menos 25 ahogados en la Gran Manzana, Nueva Jersey y Connecticut

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Nadie lo esperaba. El huracán Ida llegó al noreste de EE UU devaluado a tormenta tropical, sin haber tenido la oportunidad de recargar humedad en el mar porque había cruzado el país por tierra, pero el cambio climático ya no da avisos. Como tampoco las inundaciones que acabaron con la vida de al menos 25 personas, muchas de ellas sorprendidas en sus apartamentos neoyorquinos mientras dormían.

El agua no entró poco a poco, sino de golpe, en tromba huracanada. El estadio de los Yankees se convirtió en una gigantesca piscina olímpica. Quienes esperaban el metro en la estación de la calle 28 con la Séptima Avenida, en pleno corazón de Manhattan, la vieron penetrar como un furioso torrente. Un centenar de personas creyó que encontraría la muerte esa madrugada en el subterráneo al ver las escalerillas convertidas en furiosas cascadas, con los túneles y andenes anegados. No había posibilidad de escapar por los rieles, pero esa noche los conductores de tren se convirtieron en los nuevos héroes al guiarlos hasta la superficie.

En las calles, los automovilistas tuvieron menos suerte. Las vías urbanas se convirtieron en ríos que arrastraron sus vehículos. Muchos creyeron que podían seguir resguardados dentro de sus coches, porque no imaginaban que el nivel pudiera subir tanto y tan rápido como para cubrirlos. Para cuando vieron el agua filtrarse por las puertas y rejillas de ventilación comprendieron que era hora de salir a nado, pero a esas alturas ya era tarde para algunos. Las puertas no se abrían bajo la presión del agua, que en algunos casos, llegó a cubrirlos por completo. Con los sistemas eléctricos mojados, las ventanillas quedaron bloqueadas y ellos atrapados a merced de los cuerpos de rescate y buenos samaritanos, que salvaron a cientos de personas.

El día de ayer abrió con esa luz cristalina de septiembre que iluminó el horror del 11-S hace 20 años y volvía a burlarse ayer de la tragedia. Con la atmósfera limpia por los vientos de hasta 168 kilómetros por hora, que azotaron la región y provocaron tornados entre los rascacielos, el sol brillaba cristalino en una ciudad silenciosa.

Cadáveres flotando en casas

Miles de neoyorquinos que se acostaron sin imaginar que Ida dejaría más que una noche lluviosa se encontraron ayer con el metro cerrado y los trenes de cercanías suspendidos. Las estaciones inundadas, las vías inutilizadas, los árboles caídos en las carreteras y, lo que es peor, los cadáveres flotando en sus casas.

Queens fue el barrio de Nueva York más azotado por la tragedia. Allí donde se alquilan sótanos a inmigrantes y a quienes no pueden pagar los prohibitivos precios de Manhattan o Brooklyn, la muerte llegó sin piedad. Al menos una docena de personas perecieron a lo largo de la noche sin que sus vecinos se enteraran. Los bomberos iban ayer casa por casa. Como en los días del Katrina, Ida dejó sin luz a toda la ciudad de Nueva Orleans. Hasta allí se desplazará hoy el presidente, Joe Biden, para reconfortar el lugar donde impactó el huracán de categoría 4, aún mayor que Katrina. «No me importa si eres demócrata o republicano, la tragedia nos afecta a todos», entonó.

En la nueva emergencia climática de nuestro tiempo, las zonas costeras que tradicionalmente se asociaban con estos fenómenos atmosféricos ya no tienen monopolio. Ida azotó Pensilvania, Nueva Jersey y Connecticut, además de Nueva York, que con 80 litros por hora batió el récord pluvial establecido apenas diez días antes por otro huracán, Henri, también devaluado a tormenta tropical. Los meteorólogos aseguraban que el fenómeno registrado ayer era de esos que «solo se ven una vez cada 500 años», como decía el de la cadena NY1, pero la realidad del cambio climático se impone a la velocidad de las trombas de agua que anegaron los restaurantes de Manhattan en menos de una hora.