Ofrenda floral situada delante del Club Q, lugar del atentado. / AFP

Nueva York aumenta la seguridad de clubs gays tras la masacre de Colorado Springs

El autor del tiroteo es nieto de un legislador estatal criticado por su apoyo a esta comunidad

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Un escalofrío recorrió el domingo todos los bares gay de Estados Unidos. El atentado contra el club Q de Colorado Springs, que ha dejado cinco muertos y treinta heridos, ha sido un recordatorio de que el odio sigue suelto. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, que acaba de ser reelegida con el apoyo de esa comunidad, tomó de inmediato cartas en el asunto. «He ordenado que la Policía Estatal aumente la vigilancia y el apoyo a las comunidades que son objetivos potenciales de los crímenes de odio», anunció. «En Nueva York no toleraremos la violencia ni la intolerancia contra ningún grupo».

Como en el atentado en el club de Orlando, Pulse, ocurrido en 2016, entre las víctimas había también algunos heterosexuales que simplemente bailaban esa noche en la pista para pasarlo bien. Entre ellas estaba Ashley Pogue, que deja marido y una hija de once años «totalmente devastada», contó su hermana Stephanie Clark. Sus aficiones eran la pesca y la caza. Apenas la semana anterior había matado a un ciervo, pero no fue esta amante de las armas la que ayudó a reducir al pistolero de 22 años, sino dos hombres que se lanzaron sobre él, le arrebataron una de sus pistolas y le golpearon con ella en la cabeza. Con ello desmitifican la teoría de que solo un hombre bueno armado puede detener a un malo armado. «Tenemos una gran deuda de gratitud con ellos», dijo el jefe de Policía, Adrian Vasquez.

Todo eso ocurrió en menos de cinco minutos. De no haber sido por ellos, la Policía cree que el tamaño de la masacre hubiera sido mucho mayor. En Orlando, la lista de víctimas mortales ascendió a 49 personas, además de 53 heridos. En aquel tiroteo, el más mortal de la historia de Estados Unidos hasta que se produjo el de Las Vegas, al año siguiente, el asesino tuvo tiempo de buscar a sus víctimas escondidas en los retretes y tomar rehenes para confrontar a la Policía, que tardó más de 3 horas en abatirlo a tiros.

Cinco cargos por asesinato

El sospechoso de Club Q vivirá para contarlo, pero todavía no ha querido hablar. Anderson Lee Aldrich resultó herido y se encuentra en un hospital local fuera de peligro. Este lunes, la Fiscalía presentó contra él cinco cargos por asesinato en primer grado y otros cinco por heridas causadas durante un crimen de odio, que serán solo el principio. En su historial figura un arresto previo por amenazar con matar a su madre con una bomba casera en El Paso, apenas en junio del año pasado, además de varios incidentes de odio que darán peso al caso contra él. Su madre «tampoco ha cooperado», dijo Vasquez.

Se cree que el joven, al que su madre describió en su iglesia como «un tren desbocado», es nieto del legislador estatal por el Partido Republicano Randy Voepel, exalcalde de Santee (California), que irónicamente fue criticado por el Consejo Familiar de California por ser «abiertamente hostil a los valores de la Biblia», tras haber votado en favor del mes gay.