Varios agentes situados a la puertas de la escuela Robb de la ciudad de Uvalde (Texas) protegen la salida de los niños tras el tiroteo./REUTERS

Varios agentes situados a la puertas de la escuela Robb de la ciudad de Uvalde (Texas) protegen la salida de los niños tras el tiroteo. / REUTERS

Mueren 19 niños y dos adultos en un tiroteo en una escuela de Texas

La policía de Uvalde abatió al supuesto atacante, que irrumpió en el centro educativo Robb con una pistola y un rifle. Horas antes había matado a su abuela

MERCEDES GALLEGO Corresponsal en Nueva York DIANA MARTÍNEZ

Hace diez días ocurrió en un supermercado de Buffalo (Nueva York). Ayer, en una escuela de primaria de Uvalde (Texas). La locura de las armas a manos de un adolescente psicótico volvió a dejar un reguero de sangre, solo que esta vez dolía aún más: 19 niños del colegio de primaria Robb y su maestra cayeron bajo el gatillo de Salvador Ramos, un joven que antes de entrar al colegio con una pistola y un rifle mató a su abuela.

El sargento del Departamento de Seguridad Pública de Texas, Erick Estrada, ha señalado a la cadena CNN que Ramos, vecino de Uvalde, ha disparado a su abuela –que se encuentra en estado crítico tras haber sido trasladada en avión a un hospital en San Antonio– antes de entrar con un rifle en mano en la escuela, que alberga cerca de 600 en los grados segundo, tercero y cuarto; la mayoría, latinoamericanos. «El sospechoso se estrelló cerca de una zanja cerca de la escuela. Ahí es donde salió de su vehículo con lo que creo que era un rifle y fue entonces cuando intentó ingresar a la escuela donde tuvo contacto (fue abatido) con la Policía», ha explicado. Estrada ha señalado que el joven de 18 años portaba chaleco antibalas, un rifle y una mochila.

El Memorial Hospital de Uvalde afirmó en redes sociales que recibió trece menores, mientras que el hospital University Health de San Antonio, una mujer de 66 años y una niña de 10, ambas en estado crítico, así como otras dos menores de 9 y 10 años.

Una mujer no puede contener las lágrimas tras el ataque registrado en una escuela de la localidad de Uvalde, Texas. / REUTERS

Era el último día del curso escolar, pero no el primero ni el último en el que el presidente Joe Biden tenía que dirigirse a la nación para reconfortar el estremecimiento colectivo. «Estoy hastiado y cansado, tenemos que actuar, ¡y no me digáis que no podemos hacer nada para tener un impacto sobre esta carnicería!», se desahogó frente a las cámaras. «En el nombre de Dios, ¡todos sabemos lo que hay que hacer!».

En 2012 la matanza de veinte niños de seis y siete años en el colegio de Sandy Hook (Newtown, Connecticut) hicieron llorar públicamente a Barack Obama. Su promesa a los padres de esos niños abatidos salvajemente con un rifle automático fue introducir leyes que los vetaran, exigieran comprobar el historial delictivo y psiquiátrico antes de expedir licencia de armas y aumentaran el acceso a los servicios de salud mental. El encargado de conseguir el voto de los legisladores fue su entonces vicepresidente, Joe Biden, que tenía 36 años de experiencia en el Senado. Ayer la herida de ese fracaso político resultaba aún más desgarradora.

«¿Qué estamos haciendo aquí?», gritaba desde el micrófono del hemiciclo el senador de Connecticut, Chris Murphy, al conocer la noticia de una nueva masacre infantil como la de su estado. «¡Para qué estamos aquí! Os lo suplico, me pongo de rodillas, trabajemos juntos para evitar que esto siga sucediendo. En ninguna parte del mundo los niños van al colegio temiendo que les peguen un tiro».

Vídeo. 19 estudiantes y un profesor muertos en un tiroteo masivo en una escuela de Texas. / ATLAS

Uvalde demuestra que la enfermedad de las armas late en cualquier parte de EEUU. No es una localidad de suburbios aburguesados de Nueva Inglaterra, como Newtown, sino una pequeña población de 16.000 habitantes al sur de Texas, más cerca de la frontera con México que de San Antonio, la ciudad más cercana, a solo hora y media. Cerca del 80% de la población es de origen hispano, como Ramos, un adolescente más con media melena que acaba de cumplir los 18 años. Horas antes de buscar la gloria con la sangre de los inocentes se tomó un «selfie» que colgó en Instagram, junto a otra de dos rifles que, según el presidente, habría comprado legalmente, y etiquetó a una chica para encargarle que reposteara las imágenes de «sus armas». «¿Y qué tienen que ver tus armas conmigo?», le preguntó ella. «Estoy a punto de… Te lo diré antes de las 11». Nunca volvió a comunicarse, pero a las 11.30 de la mañana, hora local, se bajó del coche y entró a tiros en el colegio de primaria, tras dejar a su abuela moribunda.

Las profesoras que oyeron los tiros se abrazaron a los niños en los armarios y les ordenaron que no hicieran ningún ruido. Una de ellas, Eva Mirelles, de 40 años, madre también, murió con ellos, según contó al 'New York Times' su tía Lydia Martínez Delgado. El atacante fue abatido por la policía. Dos agentes, otra maestra y una niña de diez años también fueron alcanzados y están hospitalizados.

«Le acosaban mucho»

¿Cuál podría ser el detonante de tanta tragedia? El bullying, según cuentan amigos del autor de la matanza al diario 'The Washington Post'. Ramos, que durante su niñez acudió a esa escuela, fue víctima de bullying por tener un tartamudeo y un fuerte ceceo. Stephen García, que se consideraba su mejor amigo en octavo grado, dijo que Ramos no lo tenía fácil en el colegio. «Le acosaban mucho. Y mucha gente. Por las redes sociales, por los juegos, por todo», recuerda el joven. Con el tiempo empezó a dejar de ir a las clases. Cuando García y su madre se trasladaron a otra parte de Texas por el trabajo de ella, «empezó a ser una persona diferente. Se puso cada vez peor, y ni siquiera sé el motivo», explica. Entonces, abandonó el colegio.

«Se cree que (el tirador) salió de su vehículo e ingresó a la Escuela Primaria Robb, en Uvalde, con una pistola y también pudo haber tenido un rifle, pero eso aún no está confirmado según mi informe más reciente», ha explicado este miércoles durante una conferencia de prensa recogida por la cadena ABC el gobernador de Texas, Gregg Abbot, quien ha calificado el suceso de «terriblemente incomprensible». Aunque para muchos estadounidenses lo incomprensible es que sus gobernantes no hagan nada para frenar esta orgía de sangre. «Necesitamos acción, estamos muriendo mientras esperamos», dijo en un comunicado la organización March for our Lives, fundada por los supervivientes de otra masacre escolar, la del Instituto Marjory Stoneman Douglas, en Parkland (Florida). «¿Es que nuestra vidas no significan nada?», se preguntaron. La masacre del colegio Robb es la mayor desde la de Parkland en 2018, donde murieron 18 estudiantes. «Tenemos que admitir que amamos más a nuestras armas que a nuestros hijos», concluyó el documentalista Michael Moore.

Las reacciones internacionales no han tardado en llegar para mostrar sus condolencias a los familiares de las víctimas y declarar un firme rechazo a las armas. Es el caso del Papa. «Es hora de decir basta al comercio indiscriminado de armas», ha sentenciado durante la audiencia general de este miércoles. Ante centenares de peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, el Pontífice ha pedido oraciones «por los niños por los adultos asesinados y por sus familias». Tras expresar su dolor diciendo que su «corazón está roto por la masacre», ha instado a buscar un compromiso para que «tragedias como ésta no pueden volver a ocurrir». También ha dedicado unas palabras el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, quien tiene el «corazón roto por la pérdida de tantas vidas inocentes». «Mis condolencias profundas para las familias y amigos de las víctimas», ha agregado.