Policías y forenses trabajan en el camión lleno de migrantes que fue abandonado en una carretera de Texas. / Billy Calzada/efe

Mujeres, niños y adolescentes entre las 51 víctimas de la mayor tragedia migratoria de EE UU

Los 'espaldas mojadas' murieron asfixiados en el interior de un tráiler abandonado bajo el sol en una carretera de Texas tras sufrir una avería

MERCEDES GALLEGO

No hacen falta pateras para cruzar las aguas marrones y arenosas del Río Bravo, pero sí camiones que transporten a los 'espaldas mojadas' que salen a nado por el lado de Estados Unidos en busca de alguna ciudad en la que perderse. El lunes uno de estos inmensos tráileres de dieciocho ruedas quedó abandonado en una lateral de la interestatal 35 que atraviesa Texas. Al parecer, sufrió problemas mecánicos y lo dejaron allí. La matrícula era falsa. Dentro, casi un centenar de cuerpos hacinados, sin agua ni aire acondicionado, tan calientes «que quemaba tocarlos», dijo el jefe de los bomberos de San Antonio, Charles Hood.

Junto al camión, una puerta entreabierta y un cadáver en el suelo. El valiente que logró abrirla cayó muerto tras lograrlo. Al resto no le quedaban fuerzas para salir. El camión frigorífico se había convertido en un caldero donde se cocinaban seres humanos a fuego lento. El hedor era insoportable. Los habían rociado con especias y condimentos de cocina para despistar a los perros en la frontera.

Hood y la treintena de hombres que los sacaron están recibiendo ayuda psicológica, porque hasta ese momento sus hazañas se limitaba a rescatar un perro atrapado en el drenaje o heridos en un accidente de coche. «Ninguno de nosotros estaba preparado para abrir la puerta de un camión y encontrarse con eso», reconoció el corpulento jefe de los bomberos, que en 2007 se convirtió en el primer afroamericano en liderar el cuerpo.

Voces pidiendo auxilio

De entre ese amasijo humano del que salían algunas voces pidiendo auxilio se lograron rescatar a dieciséis personas con vida, que fueron trasladas a varios hospitales de San Antonio, la ciudad más cercana, pero algunas fallecieron en pocas horas. Cuatro eran niños, doce adultos, aunque los testigos se refirieron a ellos como adolescentes.

El camino debía haber sido largo. El puesto fronterizo más cercano se encontraba a 240 kilómetros, pero al menos para los siete guatemaltecos y dos hondureños hallados entre las cincuenta víctimas mortales la travesía empezó a miles de kilómetros. Según el canciller mexicano Marcelo Ebrard, veintidós de los fallecidos eran sus connacionales. «Estamos de luto. Tragedia enorme. México se incorpora a las indagatorias», tuiteó.

La dantesca escena constituye la mayor tragedia de ese tipo en la historia de Estados Unidos, pese a que no faltan precedentes. En 2017 un trabajador de un hipermercado Walmart de San Antonio también escuchó gritos procedentes de un camión en el que se hacinaban 38 personas, de las que diez murieron. Y eso ya era menos que otro macabro hallazgo en 2003, cuando se encontraron en Victoria 19 personas muertas en el compartimento de otro tráiler que escondía a 70 ilegales, siempre bajo el sol abrasador del sur de Texas.

Más de cuarenta grados

El jueves las temperaturas pasaban de los 40 grados, pero dentro del tráiler que en 2003 conducía Tyrone Williams había casi 80 grados. Al estadounidense de origen jamaicano, que había cobrado 7.500 dólares por transportar la mercancía humana, se le «olvidó» poner el aire acondicionado, declaró en el juicio. El jurado le eximió de la pena capital tras cinco días de deliberaciones, pero le condenó a 34 años de prisión, que se multiplicaron por cada víctimas hasta la cadena perpetua.

La Policía detuvo el mismo lunes por la noche a tres personas que podrían seguir su suerte si se demuestra que conducían el camión lleno de víctimas hallado en San Antonio. La primera llamada que recibieron los servicios de emergencia llegó al filo de las seis de la tarde, y como los traficantes suelen viajar de noche es de temer que el centenar de inmigrantes pasaron el día cocinándose. «Oh, Dios mío, ten piedad de ellos, buscaban una vida mejor», escribió en Twitter el arzobispo Gustavo García-Siller. «Señor, después de Uvalde, esto. Ayúdanos, te necesitamos. ¡Tanta gente sufriendo!».

No todo el mundo había vuelto los ojos al cielo. El gobernador de Texas, Greg Abott, que está en campaña de reelección, aprovechó para colgarle los fallecidos al presidente, Joe Biden, también por Twitter. «Estas muertes son el resultado de sus políticas de fronteras abiertas», le acusó. «Las consecuencias de no querer aplicar la ley», añadió.

La reacción de este cruce político fue furibunda. El reverendo metodista Chuck Currie pidió públicamente que dejasen a un lado «las sandeces políticas» porque «lo que EE UU necesita es una reforma migratoria que el Partido Republicano está impidiendo», acusó. Por su parte, el alcalde de la ciudad, Ron Nirenberg, reclamó que esta «horrible tragedia humana» sirva para tratar la crisis de los migrantes que buscan asilo como una crisis humanitaria. «En este momento urjo a pensar con compasión, rezar por los fallecidos, los hospitalizados y sus familias», indicó.

También el presidente tuvo una respuesta velada para el gobernador de Texas que ha prohibido el aborto, liberalizado el uso de armas y gastado 8.000 millones de dólares en fortificar la frontera. «Explotar a individuos vulnerable por dinero es despreciable, como hacer politiqueo con la tragedia», dijo Joe Biden en un comunicado.