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Bush, pensativo antes de su intervención en Pensilvania. j. lo scalzo / efe
Los ecos bélicos de Afganistán aún resuenan 20 años después

Los ecos bélicos de Afganistán aún resuenan 20 años después

Los expertos creen que la contienda contra el terror de Bush no solo no ha acabado con la amenaza sino que ha provocado demasiadas sombras

d. martínez / r. c.

Sábado, 11 de septiembre 2021, 23:05

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Veinte años después del comienzo de la batalla emprendida por George W. Bush tras los atentados del 11-S y la casi inmediata invasión de Afganistán los ecos bélicos aún resuenan. Asimismo, quedan legados como el centro penitenciario de Guantánamo que, según los expertos, simbolizan las alargadas sombras de aquella «guerra contra el terror» que no ha terminado de aplacar la amenaza terrorista.

El ataque a las Torres Gemelas cambió el paradigma bélico del mundo porque provocó que Bush emprendiera una escalada militar con el objetivo de contrarrestar el terrorismo yihadista en su principal bastión, en el que Al-Qaeda se sentía seguro bajo el régimen talibán. La investigadora del Real Instituto Elcano Carola García Calvo destaca que por primera vez Estados Unidos pretendía hacer frente a «un enemigo que no era tangible» y apunta que, en algunos aspectos, sí logró su objetivo, por ejemplo evitando que hubiese un nuevo gran atentado en territorio norteamericano o matando en 2011 al «carismático» líder de Al-Qaeda, Osama Bin Laden.

Sin embargo, la «guerra contra el terror» de Bush también ha dejado «sombras muy pronunciadas». Centros de reclusión como los de Abú Grahib o Guantánamo han quedado en la memoria colectiva asociados a excesos físicos y legales y, en el caso de esta última cárcel, todavía sigue abierta y tiene entre sus internos a Jalid Sheij Mohamed, considerado el 'cerebro' del 11-S.

Jason Blazakis, investigador del Soufan Center, cree que Guantánamo es «uno de los mayores fracasos de la Administración Bush y de los políticos republicanos que se han negado a trabajar con los demócratas para cerrarlo». Aboga por llevar a tribunales civiles a todos los presos, no solo por una cuestión de Derechos Humanos sino también para que las instalaciones dejen de ser una excusa. «Mantener a los presos en la bahía de Guantánamo crea oportunidades para que los propagandistas yihadistas recluten a más miembros para sus grupos», explica Blazakis, al exponer una tesis que también comparte con otros expertos como García Encina.

Victimizar a los musulmanes

La investigadora del Real Instituto Elcano coincide en que estas instalaciones contribuyen a «generar unas narrativas contra Estados Unidos, contra Occidente». A su juicio, «victimiza a los musulmanes» a efectos de propaganda y alimenta la tesis de la «persecución», una carta que grupos terroristas como Al-Qaeda o Estado Islámico han sabido jugar a su favor durante años.

Lo que parece claro 20 años después es que Estados Unidos no volverá a embarcarse en guerras prolongadas como las que ha librado en Afganistán y en Irak, ambas lanzadas por orden de Bush. En esto sí parecen coincidir políticos de ambos bandos, como han puesto de manifiesto los últimos inquilinos de la Casa Blanca. «Tanto republicanos como demócratas parecen haber llegado a la conclusión de que los despliegues masivos de fuerzas para combatir a actores transnacionales no es una fórmula ganadora», apunta Blazakis, que solo contempla que se puedan repetir escenarios de este tipo en caso de que hubiese otro «acto catastrófico de terrorismo».

Regreso de los talibanes

Tampoco contribuirían a cambiar el paradigma los recientes acontecimientos en Afganistán, habida cuenta de que han pasado dos décadas desde la invasión y los talibanes han vuelto al poder sin apenas oposición por parte de las fuerzas a las que Estados Unidos había apoyado política y militarmente durante años. Se hicieron con el poder cuando Estados Unidos ni siquiera había completado su prometido repliegue militar, que terminó acelerándose y en el que sufrió más de una decena de bajas por un atentado en las inmediaciones del aeropuerto de Kabul. La filial de Estado Islámico en Afganistán quiso reivindicar su sitio.

García Encina opina que el caos afgano abre una «ventana de oportunidad», principalmente para una Al-Qaeda que amenaza con «resurgir» y a la que el fulgurante ascenso de Estado Islámico en 2014 había dejado en un segundo plano. «La amenaza no solo no ha desaparecido veinte años después (del 11-S) sino que es elevada», advierte. Al-Qaeda puede servirse de nuevo de Afganistán para «regenerarse», según Blazakis, que teme igualmente nuevos ataques.

No en vano, los talibanes «se niegan a reconocer que Osama Bin Laden perpetró el 11-S» y «creen en las teorías de la conspiración», apunta el experto del Soufan Center. «Al-Qaeda podría usar Afganistán como un refugio seguro desde el que lanzar ataques contra lo que denomina el 'enemigo lejano', países como Estados Unidos», según Blazakis.

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