Un hombre observa los destrozos del huracán 'Ian' en un barrio inundado de Florida. /reuters

Un hombre observa los destrozos del huracán 'Ian' en un barrio inundado de Florida. / reuters

Florida se enfrenta a la desolación

Los servicios de emergencia han hallado quince cadáveres, y Biden anticipa que el huracán 'Ian' podría ser el más mortal de toda su historia

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

'Charlie', 'Irma', 'Andrew'… El jefe de bomberos de Fort Myers, Tracy McMillion, dice haber visto todos los monstruos meteorológicos que han dejado marca en Florida, «pero ninguno como este». Cuando se abalanzó sobre Florida el miércoles a las 3 de la tarde, hora local, 'Ian' tenía tres veces el tamaño de 'Charlie', que hasta ahora se llevaba la palma en cuanto a devastación. Este era un huracán mucho más lento y cruel, que descargó lluvias torrenciales sin piedad toda la noche. Y además de empujar una ola doce veces mayor que la de 'Charlie', no se adentró de inmediato al interior del Estado, sino que se desplazó lentamente por la costa barriendo todo lo que se encontró.

Por todo eso y más, el presidente Joe Biden anticipó este jueves que puede ser «el huracán más mortal en la historia del Estado», aunque a esas horas en las que 'Ian' todavía seguía azotando Florida solo se conocían 15 muertos en las zonas más accesibles. El huracán había dejado tras de sí grandes inundaciones, puentes arrancados de cuajo y carreteras convertidas en acordeones, lo que impedía a los equipos de rescate llegar hasta los lugares más afectados, que solo se podían ver desde el aire.

Con todo, el sheriff del condado de Lee, Carmine Marceno, hablaba ya de «cientos de muertos» y la directora de la agencia federal de emergencias (FEMA), Deanne Criswell, de «recuperación». La recuperación tras una catástrofe es un término que se aplica a los cadáveres, una vez terminada la fase del rescate de ciudadanos atrapados en sus casas o coches. Eso es lo que habían hecho los bomberos toda la noche, en medio de una tormenta apocalíptica. Los testigos describían el silbido atronador del viento como el de un tren de mercancías que siguió avanzando hacia ellos en la oscuridad de la noche hasta volverles locos.

'Ian' no tenía prisa. Se cebó especialmente con la barrera de islas frente a las costas de Fort Myers. En lugar de entrar tierra a través, subió lentamente por la costa escupiendo todo lo que encontraba convertido en escombros. Eso es lo que ocurrió con la isla de Sanibel, «un lugar paradisiaco que ha sufrido una tormenta bíblica», lamentó el gobernador Ron DeSantis. Costaba encontrarlo entre las imágenes aéreas de este jueves.

Toda la costa es ahora un reguero de escombros entre los que no queda una casa en pie. Kilómetros y kilómetros de destrucción dejaban poco espacio para la esperanza. El huracán había arrancado de cuajo las construcciones y después de zarandearlas en el aire las había escupido convertidas en una pila de cascotes y maderos.

Algunos pórticos parecían intactos, pero no tenían casas a las que dar paso. De debajo de tanta catástrofe emergieron algunos individuos «que han sido identificados y llevados al interior», dijo el gobernador, sin especificar si se trataba de cadáveres o supervivientes.

Llamadas desesperadas

La ciudad de Fort Myers había sobrevivido sin una víctima mortal, contó el jefe de bomberos, que se había pasado la noche respondiendo a llamadas desesperadas de los que decidieron quedarse en sus casas, en contra de la orden de evacuación, o de los que no tuvieron medios para escapar. El nivel del agua subió rápidamente inundando las viviendas.

La zona es hogar de muchos jubilados que llegaron al Estado del sol y las palmeras en busca de buen tiempo y un código impositivo generoso con sus pensiones. No eran casas pensadas para soportar el impacto de un huracán que, al tocar tierra, rozaba la categoría 5, convirtiéndose en el quinto más fuerte de la historia del país. Los vientos sostenidos de 250 kilómetros no tuvieron problema en arrancar las paredes de madera. El agua subió de nivel por los canales a los que daban las casas, tan pintorescas para las fotos de almuerzos familiares y tan propicias para que la crecida de hasta cuatro metros y medio inundara los hogares.

Cerca de tres millones de personas en todo Florida seguían este jueves sin electricidad, pero 20.000 trabajadores con cuadrillas procedentes de otros Estados se afanaban en restaurar el servicio, que necesitan los equipos de emergencia para llegar a las zonas más afectadas. McMillion, experimentado jefe de bomberos de Fort Myers, tenía sus prioridades. «Las casas, los edificios, los puentes… todo eso podemos traerlo de vuelta. Las personas, no».