Un grupo de simpatizantes demócratas celebra el avance de su partido en las urnas /afp

Un grupo de simpatizantes demócratas celebra el avance de su partido en las urnas / afp

Los resultados frustran las aspiraciones de Trump de un regreso triunfal

No es Biden sino el sistema demócrata en su conjunto el que sale fortalecido de las urnas | Los republicanos arañan escaños en un intento de tomar el control del Congreso con una victoria mínima, muy por debajo de las expectativas

MERCEDES GALLEGO | CAROLINE CONEJERO Nueva York

Estados Unidos sale de las elecciones intermedias tal y como llegó. Dividida. La consolidación de los resultados a medida que transcurre la jornada postelectoral evidencian que demócratas y republicanos se reparten las principales instituciones del país en porciones muy semejantes, lo que anuncia la avenida de dos años de legislatura (los que le quedan a Biden antes de convocar las presidenciales de 2024) francamente competitivos. No es una realidad extraordinaria. Hace apenas una semana, Brasil arrojó otro ejemplo de polarización perfecta con la victoria de Lula da Silva sobre Jair Bolsonaro por 1,5 millones de papeletas.

El Partido Demócrata ha desafiado todas la expectativas y ha ganado. Al menos, puede sentirse satisfecho porque su anunciada debacle en las urnas parece encauzada hacia una derrota por la mínima. Y quizá ni eso. Cuando menos, moralmente los demócratas pueden prácticamente asegurarse un triunfo. A falta de cuatro escaños por repartir, en el Senado los dos partidos estaban hace unos minutos empatados a 48. Los azules se han hecho con votos muy decisivos, como los de Fetterman en Pensilvania cuando nadie daba un dolar por su victoria sobre su rival republicano. En la Cámara de Representantes, los conservadores todavía esperan conseguir el control: quedan 66 asientos por repartir y el balances está ahora en 172 escaños para los demócratas frente a 197 de los republicanos. La sensación predominante en estos momentos es que el Partido Demócrata ha salvado los trastos y que de aquí en adelante todo puede ser mejora mientras sus contrincantes se ven presionados a arañar escaños aquí y allá para tratar de mantener la idea de que, si no ha sido una marea roja, al menos sí hayan causado una marejadilla.

¿Por qué incluso perdiendo por la mínima una institución clave como la Cámara de Representantes los demócratas pueden dejar de sentir una pesada opresión en el pecho? Porque el punto de salida era letal. El partido tiene un presidente escasamente popular. No hay que olvidar que el lunes por la noche su índice de aceptación era del 39%, según el sondeo oficial de Ipsos/Reuters. Además, la inflación, la gestión gubernamental del coronavirus, el desempleo y la inseguridad se habían convertido en auténticos lastres para los líderes secundarios del partido, que la oposición ha utilizado sin problemas como arma de destrucción masiva de votos demócratas. Y por si fuera poco, incluso la tradición jugaba en contra. Históricamente, las siglas del presidente de la nación son las que peor paradas terminan en las elecciones intermedias.

Pero ha habido una trasmutación inédita que ha cambiado el paisaje. En una veintena de Estados, los candidatos demócratas han arrojado un índice de confianza un 12,6% superior al del presidente Biden. Casos como los de Maggie Hassan, que se ha impuesto con todo en su contra con un 10% de margen por encima de su rival republicano en New Hampshire, o el parecido triunfo de Raphael G. Warnock en Georgia, dan a entender que bastantes candidatos estatales han estado por encima del inquilino de la Casa Blanca. O bien estos aspirantes demócratas han desarrollado un mayor ambiente de cordialidad con el electorado, o bien éste ha preferido votar contra los republicanos como mal menor. Las urnas, además, han propinado un varapalo a la doctrina antiabortista del Supremo que defienden los conservadores. California, Vermont y Michigan votaban, aparte de las elecciones intermedias, sobre el derecho constitucional a la interrupción voluntaria del embarazo y los tres lo han hecho positivamente.

Hasta ahora se ha recontado la mayoría de los 70 millones de votos depositados este martes en las urnas, aunque es cierto que todavía quedan por contabilizar los casi 44 millones de papeletas enviadas de manera anticipada, cuyo recuento puede tardar días e incluso semanas en los distritos electorales extremadamente competitivos. En especial, cuando el balance actual apunta a un resultado reñido que obligará a mirar cada sufragio con lupa.

La tendencia sigue siendo la de una ventaja muy ajustada republicana en la Cámara del Congreso mientras la contienda del Senado se mantiene en el aire, prácticamente en un empate técnico. La imagen actual es muy parecida a la que ha mantenido este hemiciclo durante los dos últimos años.

En Estados Unidos, la población comienza a movilizarse a estas horas. Es predecible que Biden haga hoy algún tipo de declaración, cuando menos informal. Sale fortalecido de la cita electoral, pero sobre todo es el sistema demócrata en su conjunto el que sale más fuerte. También parece haber funcionado el mensaje de que lo que aquí se jugaba en los comicios era el porvenir de la democracia o la llegada del caos.

Donald Trump, por el contrario, no parece haber satisfecho sus expectativas. Confiaba en una «humillante derrota» de los demócratas y una inmensa marea roja en la que él surfearía hasta el próximo día 15, cuando previsiblemente anuncie su candidatura a la presidencia. Bastantes de sus patrocinados en estas elecciones han quedado por debajo de las expectativas. Quizá ahora le toque llegar al martes próximo a remo y, además, con la resaca DeSantis en contra. El gobernador de Florida, al que ha menospreciado reiteradamente tras conocer que posiblemente presentará su propia candidatura republicana para las elecciones de 2024, ha sido el mejor parado entre todos los aspirantes del 8-N. Trump quería celebrar hoy una gran fiesta en su mansión de Mar-a-Lago. Dado su temperamental carácter, nadie sabe cómo terminaran los canapés. Los resultados frustran su regreso a la primera linea política de manera triunfal. Incluso, a nivel personal: esta madrugada ha llamado a todos los candidatos republicanos que han ganado en sus demarcaciones para felicitarles... salvo a Ron DeSantis.

Y eso que la victoria del gobernador en Florida fue como un auténtico tsunami que se produjo casi de inmediato, tan pronto como cerraron las urnas. No era uno cualquiera de los 39 puestos de gobernador que se jugaban. La victoria de DeSantis es su tarjeta de presentación como candidato a las próximas elecciones presidenciales. Frente a la amenaza sobre la democracia alertada por los demócratas, DeSantis presentó su victoria como el triunfo de la libertad «sobre el autoritarismo médico». Fue decisión suya ignorar las recomendaciones sanitarias de la pandemia, mantener las puertas abiertas al turismo, desobedecer el uso de las mascarillas, las distancias de seguridad o la obligatoriedad de las vacunas. «Hemos aguantado como un faro de libertad para la gente a lo largo y ancho de este país y, de hecho, a través del mundo», entonó anoche. «Nos atacaron y aguantamos los golpes, batallamos las tormentas, aguantamos lo nuestro, no nos rendimos. Teníamos la convicción que nos guiaba y el valor de liderar».

El precio ha sido alto. Más de 80.000 personas han muerto de Covid-19 en Florida desde el comienzo de la pandemia, y todavía a estas alturas el mes pasado superaba por tercer mes consecutivo a todo el país el número de muertes, pero a los votantes no les ha importado. En su lucha ideológica contra la 'doctrina woke', que anoche dijo haber vencido, el Gobierno de DeSantis «ha protegido el derecho de los padres» al no permitir que en los colegios se hable de homosexualidad, y ha castigado a las multinacionales como Disney que le criticaron por ello arrebatándoles sus privilegios fiscales, para que sirva de escarnio a otras empresas. «Hemos ejecutado una visión y hemos producido resultados históricos a los que la gente ha respondido de modo récord», celebró. «Florida ha demostrado qué se puede hacer lo que ofrecemos. Es un rayo de esperanza de que tenemos por delante días mejores».

Su aplastante victoria ha aupado a otras figuras del partido, como el senador Marco Rubio, que ganó su tercer mandato por un margen mucho mayor que los anteriores, incluso en condados tradicionalmente demócratas como el de Miami Dade. «Estoy aquí para deciros esta noche que sí, todavía creo en Estados Unidos y todavía creo en nuestra democracia», declaró anoche en su discurso triunfal. Los republicanos han recogido la amenaza demócrata de que ayer se jugaba la democracia en las urnas y la han transformado en un reférendum sobre la gestión del presidente Biden y las propuestas de los extremistas para el futuro. «Creo firmemente que la supervivencia del experimento estadounidense requiere un renacer de los verdaderos principios americanos», decidió DeSantis en lo que, sin duda, será el tema de su campaña presidencial. «Nunca nos rendiremos ante la muchedumbre woke», prometió. 'Woke' es un término con el que originariamente se catalogaba en EE UU a los movimientos de denuncia contra el racismo, pero desde 2020 los más conservadores lo utilizan de modo peyorativo para definir a las corrientes de izquierda, progresistas y, en general, a los defensores de causas como los derechos del colectivo LGTBI o las minorías étnicas.

Poco más arriba, en el Estado fronterizo de Georgia, la primera congresista abiertamente seguidora de QAnon, Marjorie Taylor Greene, la única a la que el Congreso arrebató su presencia en los comités por sus declaraciones incitadoras a la violencia y las teorías de la conspiración, fue otra de las tempranas ganadoras de la noche. Associated Press declaró su victoria a menos de una hora de cerrar las urnas. Greene cree que los atentados del 11-S fueron un engaño; el tiroteo estudiantil de Parkland, un montaje para impulsar medidas de control de armas, y los incendios que asolan California, el resultado del empleo de láseres espaciales controlados por la dinastía judía de los Rothschild. Tan convencida estaba de su tirón en las urnas, que ya en septiembre se atrevió a dictar la agenda al que puede ser el próximo portavoz Del Congreso, Kevin McCarthy. En ese mismo Estado, el gobernador Brian Kemp ganaba por segunda vez a la afroamericana Stacey Abrams.

La batalla de Nueva York

Otro presidenciable, el gobernador de Texas Greg Abbott, venció cómodamente a su rival demócrata, él ex congresista Beto O'Rourke. En esas primeras horas de la noche había también algunas victorias que celebrar para el Partido Demócrata, que puso en Maryland al primer gobernador afroamericano del Estado en la figura de Wes Moore, reeligió al gobernador de Colorado, Michael Bennett, para un tercer mandato y al actual líder del Senado Chuck Schumer por quinta vez. El mayor suspiro de alivio vino con la cómoda victoria de la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, que pese a haber llegado a las urnas con su rival republicano pisándole los talones, supo aprovechar el espaldarazo que le dieron los pesos pesados del partido en los últimos días, desde Bill Clinton hasta el propio Joe Biden.

The Associated Press ha confirmado también la victoria del fiscal general de Pensilvania, el demócrata Josh Shapiro, como gobernador de Pensilvania. Shapiro competía con Doug Mastriano, un republicano acérrimo defensor de Trump que en 2020 intentó anular el resultado de las presidenciales en su territorio. También pagó varios autobuses para que trasladasen a seguidores del expresidente a Washington el aciago 6 de enero de 2021 con el fin de participar en la manifestación que precedió al asalto del Capitolio.

En cualquier caso, todas las miradas se encuentran centradas esta mañana en el Senado y, sobre todo, la Cámara de Representantes. En una primera mirada destaca que los demócratas han logrado victorias moderadas pero importantes en Pensilvania, Nueva York, California, Colorado, Michigan, Vermont, New Hampshire y Massachusetts, entre otros. Por su parte los republicanos también han ganado importantes puestos en Georgia, Ohio, Carolina del Sur, Texas, Kentucky y Florida. En la Casa Blanca, el presidente Joe Biden seguía esta noche pasada los resultados al tiempo que hacía llamadas de felicitación a varios demócratas vencedores en sus territorios. Entre ellos, la gobernadora electa de Massachusetts, Maura Healey, el gobernador de Colorado, Jared Polis, el líder de la mayoría del Senado, Chuck Schumer, y la representante de la Cámara, Abigail Spanberger, cuyo distrito de Virginia se consideraba un termómetro de la fuerza del resurgimiento republicano en estas elecciones.

En California, los demócratas ganaron con facilidad con victorias adjudicadas apenas después del cierre de la votación. El gobernador Gavin Newsom, en su reelección, derrotó al republicano desconocido Brian Dahle, y Alex Padilla, primer senador latino por California, ganó al republicano Mark Meuser en un Estado con un 40% de población hispana. Padilla fue nombrado por Newsom para ocupar la vacante dejada por Kamala Harris al convertirse en vicepresidenta.

En otra contienda de alto perfil, en Ohio el candidato republicano JD Vance le arrebató el escaño al Senado al demócrata Tim Ryan, una derrota que niega a este partido la oportunidad de aumentar su mayoría en la Cámara alta. Subestimado por los demócratas, Vance ha supuesto un desafío más duro de lo esperado en un Estado que desde las últimas elecciones se ha inclinado cada vez más hacia los republicanos.

En Carolina del Sur, The Associated Press adjudicó al republicano Tim Scott la plaza para el Senado mientras el demócrata Peter Welch fue elegido por Vermont. En sus primeras declaraciones tras conocer su reelección para la Cámara alta, el afroamericano Scott insinuó la posibilidad de presentar su candidatura a la presidencia de Estados Unidos, en la que tendría que enfrentarse previsiblemente a Donald Trump.

En el Estado de Nueva York los demócratas ganaron con holgura en esperadas victorias como la del senador Chuck Schummer cuyo liderazgo de la Cámara pende de un hilo en estos momentos. La congresista progresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez derrotó con facilidad a Tina Forte en una proporción de casi dos a uno. Junto a ella, el llamado «escuadrón» demócrata progresista obtuvo también victorias en Minnesota (Ilhan Omar); Massachusetts (Ayanna Pressley); Michigan (Rashida Tlaib) y Missouri (Cori Bush).

En Florida las cosas fueron diferentes. El senador Marco Rubio demostró el dominio republicano masivo en uno se los Estados clave al ganar con holgura su reelección al senado contra la demócrata Val Demings. Rubio lleva una ventaja de 14 puntos frente a Demings, con el 78% de escrutinio de votos. Con todo, la sorpresa en este Estado la ha dado el joven demócrata Maxwell Alejandro Frost, que se convierte en el primer miembro de la Generación Z en la Cámara de Representantes. Frost, que a los 25 años cumple con el mínimo de edad para convertirse en congresista, derrotó con casi el 60 % de los votos al republicano Calvin Wimbish, una ex boina verde del ejército de 72 años autodenominado «cristiano, conservador y constitucionalista».

Músico, conductor de Uber y activista del control de armas y la justicia social, Frost hizo una campaña enfocada en el derecho al aborto, la emergencia climática y el seguro médico universal. Adoptado cuando era niño, y actualmente estudiante de Universidad, Frost corría en un distrito muy azul (demócrata) del área de Orlando, que dejó vacante la congresista demócrata Val Demings.

En Arizona, otro Estado bisagra crucial, el edificio central de tabulación electoral situado en Phoenix se encuentra desde ayer blindado por un estricto dispositivo policial. En 2020, grupos radicales afines a Trump seplantaron delante de la sede y realizaron varias protestas amenazando a los funcionarios. A las ocho de esta mañana (hora española), el senador demócrata Mark Kelly lideraba con una holgada ventaja a su oponente republicano, Blake Masters. En Washington, la senadora demócrata Patty Murray ha revalidado su cargo para un sexto mandato mientras en Pensilvania el demócrata John Fetterman, objeto de burlas de los conservadores y del propio Trump durantela campaña, ha logrado el escaño al Senado frente al republicano Mehmet Oz, una victoria que da un respiro al Partido Demócrata. También en New Hampshire y Virginia, la formación liderada por Joe Baden ha logrado enviar a sus representantes a la Cámara alta. En Kentucky no ha podido ser. El senador republicano Rand Paul ha derrotado al candidato afroamericano progresista Charles Booker, que partía ya como el menos favorable: los demócratas no han ganado una elección para el Senado en Kentucky desde 1992.