Los congresistas celebraron una plegaria colectiva tras los incidentes / afp

Los demócratas que no se hablan con los republicanos en el Congreso

Las secuelas del motín han multiplicado la tensión entre los dos partidos y aumentado el miedo y la inseguridad entre los legisladores

M. PÉREZ

La Cámara de Representantes guardará a mediodía de este jueves un minuto de silencio en recuerdo del asalto al Capitolio hace un año. La Casa Blanca también conmemomará el primer aniversario de la insurrección que acabó con la inocencia estadounidense sobre el carácter cuasisagrado de su democracia. Fue, según el Gobierno, una de «las jornadas más oscuras» de la historia de EE UU, que ha dejado profundas secuelas en la calle y en el propio seno del Congreso donde nada parece ser lo que era.

A medida que se acerca el aniversario, diferentes analistas políticos coinciden en que los altercados han acercado a una minoría de legisladores demócratas y republicanos, pero han distanciado a la mayoría. Atrincherados a ambos lados del hemiciclo, los primeros destacan la gravedad de un motín destinado a socavar la democracia y frustar la certificación presidencial de Joe Biden, aparentemente guiado por las arengas de Donald Trump en el acto final de su jefatura de Gobierno. Los republicanos, en cambio, consideran esta postura exagerada y destinada a generar un estado de opinión en su contra. Cierran filas en torno a Trump y los primeros no se lo perdonan.

La parlamentaria Amy Klobuchar ha relatado en más de una ocasión la aversión que le produce trabajar con sus homólogos conservadores. «Me viene a la cabeza la insurrección del 6 de enero», afirma. Otros compañeros de la bancada demócrata no les dirigen la palabra e incluso hay un grupo que vota de manera habitual en contra de las iniciativas republicanas, incluso aunque en ocasiones beneficien a Biden.

El resquemor es superior, según el 'Washington Post', en el Congreso que en el Senado e incluso se han instalado detectores de metal en el Capitolio para garantizar la seguridad de sus inquilinos e impedir que nadie, ni siquiera los políticos, entren con armas. O al menos las introduzcan de modo anónimo. Casi 10.000 amenazas se han vertido durante 2021 en foros y redes sociales contra los legisladores.

La presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, confía en que los actos de este jueves sirvan para firmar un «nuevo compromiso» político y social en un «espíritu de unidad, patriotismo y oración». Dos prestigiosos historiadores, Dorin Kearns y Jon Meacham, celebrarán una conversación pública para fijar la «narrativa» de los disturbios de Washington. La idea no ha satisfecho a los republicanos, que critican regularmente a la presidenta y le culpan de la cascada de sanciones administrativas que recaen entre sus representantes. Una señal más de que ya nada se perdona. Pelosi, de 81 años, responde que, de haber estado en el Capitolio hace un año, habría combatido a los extremistas con sus tacones de aguja.

Ni amistad ni unidad

Tampoco existe un clima de gran amistad en el bando republicano, cuya mayoría no perdona que varios de sus colegas se posicionaran en contra de Trump durante y después del asalto. Hay ejemplos. Richard Burr y Bill Cassidy han sido relegados en sus respectivas demarcaciones, Carolina del Norte y Luisiana, mientras el veterano senador Mitch McConell recibió duras críticas por manifestar que el expresidente era «moralmente responsable» de los incidentes. El líder en la Cámara, Kevin McCarthy, fue mas ingenioso. Tras distanciarse de Trump, rápidamente cambió de opinión al comprobar el amplio respaldo del magnate entre sus compañeros.

En el sector más a la ultraderecha tampoco se vive precisamente la unidad. Sufre un efecto entre la disgregación y la confrontación después de que los grupos radicales Proud Boys y Oath Keepers cayeran en el radar del FBI, sus líderes fueran detenidos y el segundo de ellos optara por colaborar con los agentes contra otros cabecillas. Numerosos miembros de las milicias han emigrado a otros movimientos.

Sin embargo, para quienes más se ha transformado la faz del Capitolio es para los policías que lo custodian. Michael Fanone fue apaleado por los asaltantes y en su comparecencia ante el comité de investigacion declaró que su peor dolor era la «indiferencia» de muchos congresistas hacia ellos. «Nada, realmente nada me ha preparado para saber cómo debo dirigirme a esos miembros del Congreso que aún niegan los eventos de aquel día», confesó emocionado.