El investigador Joon Kim ofrece detalles sobre la acusación al gobernador Andrew Cuomo. / EFE

Los demócratas amenazan a su gobernador de Nueva York con un 'impeachment'

Andrew Cuomo se resiste a presentar su dimisión tras hacerse público un informe que prueba su acoso a sexual once mujeres

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Desde que Donald Trump sobrevivió en plena recta final de la campaña electoral a las acusaciones de acoso sexual y a su propia confesión en cámara oculta, muchos políticos creen que ellos también pueden salirse con la suya. La escuela del expresidente que esquivó con éxito las acusaciones de 21 mujeres empieza por no reconocer nunca culpa alguna.

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, tiene más en común con Trump de lo que pudiera parecer desde fuera. Ambos son descendientes de inmigrantes nacidos en el barrio neoyorquino de Queens. Trump, de irlandeses; Cuomo, de italianos.

A su partido le preocupa la imagen que da a nivel nacional el tercer gobernador demócrata consecutivo que tendrá que dejar el cargo por escándalos sexuales o de corrupción. A diferencia de sus predecesores –David Paterson y Eliot Spitzer–, Cuomo no está dispuesto a dimitir para salvar la cara al partido, se ha propuesto aguantar el temporal hasta las elecciones del año que viene, convencido de que puede volver a ganar la venia de los votantes con su carisma y sus manipulaciones.

Eso, hasta que un devastador informe de 165 páginas elaborado por abogados independientes a petición de la fiscal general del Estado, Letitita James, también demócrata, le ha dejado en un callejón sin salida. «El gobernador está acabado, es sólo cuestión de tiempo y él lo sabe», dijo el congresista estatal James Skoufis, también de Queens. «Lo único que falta por dilucidar es si dimite ya –quiero decir, no el mes que viene, ni en dos semanas– o embarra al partido y su propia reputación en un proceso de 'impeachment'».

El segundo en un siglo

El correligionario del gobernador está convencido de que sólo necesita un poco de tiempo para asumir que la partida se ha acabado. De equivocarse, comenzaría en breve el segundo juicio de 'impeachment' en la historia del Estado, después del de William Sulzer en 1913. No hay un guión. Hace más de un siglo que no se produce un proceso semejante, pero el informe hecho público el lunes ahorraría a la asamblea estatal el trabajo de una investigación que ya está hecha. Es, además, extraordinariamente raro que sea su propio partido, con mayoría en la asamblea, el que inicie el proceso, que requeriría de 76 votos en una cámara de 150 miembros. El objetivo de los demócratas sería agilizarlo para terminar el año con un nuevo gobernador que tenga tiempo de prepararse para las elecciones de noviembre de 2022.

Después de las 11 horas de interrogatorio al que le sometieron los investigadores, Cuomo ya sabía que el informe sería dañino. Por eso tenía preparada la respuesta en un largo video ilustrado con imágenes suyas en las que besa y abraza a numerosos políticos y constituyentes, entre ellos el expresidente Bill Clinton y el propio Joe Biden, al que no pudo gustarle verse en ese documento. Biden, que también ha enfrentado acusaciones de acoso sexual, le había dado el beneficio de la duda hasta que ha concluido la investigación independiente. El lunes se sumó al coro de voces que piden su dimisión.

No se había leído el informe, admitió, sólo había escuchado las conclusiones de la fiscal. Y eso es con lo que cuenta el gobernador. Cuomo intenta convencer a la gente de que procede de otra generación y otra cultura en la que dar besos y abrazos es habitual. No es eso lo que denuncian las once mujeres que aparecen en el informe, para el que se ha entrevistado a 179 testigos. De todos esos testimonios, el más dañino es el de una mujer policía del Estado asignada a su protección personal.

Según viajaba con él en el ascensor, preparada para salir la primera, el gobernador le «pasó el dedo por el cuello hasta la columna», declaró, y todavía se atrevió a acariciarle el vientre hasta las caderas mientras ella le aguantaba la puerta. Su jefe se encargó de advertirle discreción cuando el gobernador le sugirió que se pusiera un vestido y enseñara más piernas.

Al final, nadie pudo proteger a Cuomo de sí mismo. El capital amasado durante la pandemia con esa voz paternalista que había tomado las riendas del virus se ha dilapidado bajo éste y otros escándalos de corrupción aún por dirimir. Cuomo, que tenía pocos amigos, nunca llegará a presidente, pero todavía no ha renunciado a ganar la batalla de la opinión pública para la posteridad.

Puesto para 'presidenciables'

Fuera de los ocupantes de la Casa Blanca, los 54 gobernadores de EE UU –uno por cada Estado de la Unión más los cinco territorios asociados–, son los cargos electos más poderosos del país. A grandes rasgos, equivalen a los presidentes de las comunidades autónomas en España, por sus funciones ejecutivas y presupuestarias, aunque al tratarse de un Estado federal sus atribuciones son mayores y, además, tienen un pequeño ejército a su servicio, la Guardia Nacional, de cuyo contingente estatal son comandantes en jefe.

Al ejercer de reyes de taifas en el país más poderoso del mundo, son políticos de elevado perfil dentro de cada uno de los partidos (27 republicanos y 23 demócratas en la Unión), por lo que pueden ejercer su influencia más allá de las fronteras del Estado y tener miras presidencialistas. Muchos de ellos han conseguido llegar a la Casa Blanca –Ronald Reagan (California), Bill Clinton (Arkansas) y George Bush (Texas), entre otros–, o a acompañar en la papeleta al candidato presidencial como su número dos –Sarah Palin, (Alaska), con John McCain–. Andrew Cuomo también aspiraba a hacer realidad el sueño que su padre no llegó a perseguir, pese a ser un querido gobernador de Nueva York frecuentemente rumoreado para el puesto.

Los eligen directamente los electores, en la mayor parte de los casos para legislaturas de cuatro años que pueden repetirse. Su liderazgo en el proceso legislativo es muy influyente, no solo porque pueden proponer leyes sino porque su firma es la última palabra. Solo que en el caso de Cuomo, será la Asamblea del Estado la que pueda poner el punto y final a su carrera.