Richard Barnett, uno de los seguidores de Trump que asaltaron el Capitolio, pone su bota encima de la mesa del despacho de Nancy Pelosi. / AFP

Una comisión similar a la del 11-S investigará el asalto al Capitolio

Los senadores republicanos que votaron a favor de condenar a Trump sufren el repudio del partido y sus familias

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Donald Trump ha eludido la responsabilidad política de incitar el asalto al Capitolio, aunque el líder de su partido haya concluido que «no hay duda alguna de que es moralmente responsable», como reiteró ayer Mitch McConnell en las páginas del 'Wall Street Journal'. «La gente que asaltó el edificio creía actuar de acuerdo a sus deseos y bajo sus instrucciones».

Al dejar la puerta abierta a que se le persiga por la vía criminal ha invitado tácitamente a la portavoz del Congreso, Nancy Pelosi, a abrir una comisión al estilo del 11-S que investigue concienzudamente los hechos, y al Departamento de Justicia a nombrar a un fiscal especial.

El último depende del presidente, Joe Biden, que ha querido mantenerse al margen para centrarse en sacar adelante su agenda de gobierno. Pelosi, sin embargo, anunció el lunes la comisión que la pondrá a ella misma en el ojo del huracán, al ser responsable, junto con McConnell, de la seguridad del Capitolio.

El 92% de los agentes afiliados al sindicato policial del Capitolio votaron el lunes en favor de retirar la confianza a su jefe en funciones, Yogananda Pittman, y el 97% en contra de su capitán, Ben Smith, y otra media docena de altos cargos. Al menos 140 policías resultaron heridos durante el asalto, para el que no se había reforzado la seguridad, pese a haber constancia del peligro que suponía la manifestación de 'Salvar América'. Como consecuencia de su abrumadora desventaja frente a los asaltantes armados, los cuerpos de seguridad del Capitolio tuvieron que retirarse de varias entradas y enfrentar luego las críticas de la opinión pública, pese a haberse dejado hasta la vida en ello. Dos se suicidaron después. Algunos perdieron ojos, dedos, sufrieron costillas rotas, infartos y fueron empujados escalinatas abajo en linchamiento público.

«Fue el día más negro en la historia del cuerpo», dijo el lunes el presidente del sindicato policial, Gus Papathanasiou. «Nuestros líderes nos fallaron». Tras declarar para los fiscales de la Cámara Baja que investigaron la acusación de 'impeachment', uno de ellos confió al congresista californiano Eric Swalwell su deseo de que Trump fuera inhabilitado. «Espero que los senadores demuestren el mismo valor que tuvimos nosotros», le dijo.

No fue así. Aferrados a una laguna legal que ya había dirimido el Senado en votación al comienzo del juicio, 43 republicanos optaron por exonerar a Trump. La virulenta reacción explica por qué. El senador de Carolina del Norte, Richard Burr, que no se presentará a la reelección, ha sufrido el repudio formal de su partido por haber votado en favor de condenar a Trump. «Los líderes han elegido la lealtad a un hombre por encima de los principios fundamentales del Partido Republicano y los padres fundadores de nuestra gran nación», lamentó Burr en un comunicado.

Las teorías de la conspiración

El senador culpa al expresidente de haber alimentado «infundadas teorías de la conspiración» sobre un presunto fraude electoral. Y no está solo. En las dos semanas que siguieron al asalto del 6 de enero, que McConnell llama «El Día de la Vergüenza», unos 6.000 republicanos de Carolina del Norte dejaron formalmente el partido, dividido por una guerra fratricida que puede acabar devorándolo. Según el senador Lindsey Graham, la nuera de Trump, Lara, considera seriamente presentarse a las elecciones para ocupar el asiento que Burr deja vacante.

El Comité Republicano en Pensilvania ha hecho lo propio con el senador Patrick Toomey. «Será un conservador, pero nunca ha apoyado de verdad a nuestro presidente», explicó Jackie Kullback, líder del partido en el condado de Cambria. Peor le ha ido al representante de la Cámara Baja Adam Kinzinger, cuya familia ha escrito una carta pública de repudio para contar lo avergonzada que está de él.

Urge desarmar las teorías de la conspiración que Trump y sus acólitos difundieron para aferrarse al poder, antes de que se conviertan en una verdad de facto. Ésa será la misión de la comisión que investigará la insurrección y dará la respuesta debida a los héroes del día, como se le dio hace casi 20 años a los bomberos que perecieron bajo las Torres Gemelas sin haber recibido el aviso pertinente. «Todavía no tenemos respuesta a por qué nuestros líderes no nos informaron ni nos equiparon para prepararnos a lo que se nos venía encima», lamenta el sindicato de la Policía del Capitolio.