Termómetro en El Valle de la Muerte (California), con 54 grados centígrados. / AFP

Una ola de calor convence a los americanos del cambio climático

Los estados del Oeste sufren temperaturas de hasta 50 grados que se unen a una sequía apocalíptica

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Día nublado en las playas de California. El pronóstico meteorológico sonaba a gloria para los habitantes de este estado afectado por la mayor ola de calor de su historia. Suena a un verano cualquiera, pero no lo era. Los expertos lo ven como la consagración del cambio climático que venían anticipando.

Batir récords de temperatura en lugares llamados Death Valley (El Valle de la Muerte) o Thermal (Térmica) tiene mérito. La ciudad residencial de Palm Spring, en el desierto de Sonora californiano, alcanzó los 50,5 grados batiendo las marcas anteriores de los últimos 150 años, no sólo para este mismo día de junio sino de todo el año. En Phoenix (Arizona) nunca se habían alcanzado los 47,7 grados en fechas tan tempranas del verano, tres más que el récord anterior para estas fechas. Como en Las Vegas (Nevada), donde se han registrado los primeros 45,5 grados de junio. En Sacramento, la capital californiana, al norte de San Francisco, se registraron 42,7. Y en Denver (Colorado) llegaron a los 38 por tercera vez en su historia, todas ellas en las últimas tres décadas.

Se diría que has sido una semana infernal, pero lo peor es que el respiro de alivio no durará. Los meteorólogos advierten de que puede llegar otra ola de calor como ésta en apenas diez días. El verano no ha hecho más que comenzar y el año que viene, si se repite, será aún peor, anticipan. Coincide, y no por casualidad, con una sequía descomunal que conlleva baja humedad en la tierra y facilita que los sistemas de alta presión generen temperaturas extremas, ya que la energía del sol calienta la atmósfera en lugar de evaporar el agua que no existe en la tierra.

Y así, cada día es más caliente y más seco. Un círculo vicioso de sequía y calor extremo que alimenta directamente el calentamiento global. Según los expertos si no se reducen drásticamente las emisiones de gases invernadero las temperaturas veraniegas en el Oeste americano podrían subir tres grados Farenheit en las próximos tres décadas.

Alto riesgo de incendios

Conviene prepararse para incendios apocalípticos, como los que hace tres años dejaron reducida a cenizas ciudades como Paradise, en la Sierra Nevada de California, donde ardieron 10.000 edificios y murieron 85 personas. La mega ola de calor de este año es tan mortal que pisar el pavimento podía causar quemaduras de tercer grado, advirtieron los médicos. Las banderas rojas se izaron en seis estados del oeste americano afectando a cincuenta millones de personas de California, Nevada, Arizona, Colorado, Utah y Nuevo México.

En los próximos días los meteorólogos anticipan que las temperaturas volverán a los niveles habituales de estas fechas y los que tuvieron qué cambiar sus hogares por refugios acondicionados podrán volver a sus casas sin miedo a desmayarse. El sofoco era tal que muchos describían un chisporroteo de la piel que los médicos traducían como una ruptura interna de las células previa al llamado golpe de calor que puede resultar mortal para aquellos con problemas cardiovasculares o diabetes. El condado de Maricopa, en Arizona, uno de los pocos que registra rutinariamente los efectos del calor en la salud, estima que el año pasado murieron trescientas personas por las temperaturas extremas, y este año ya había registrado veinte víctimas desde abril, antes de que empezase la megaola de calor.