Joe Biden y Bin Salmán se saludan durante la visita del presidente estadounidense a territorio saudí el pasado julio. / afp

Biden se planta frente a Arabia Saudí por recortar la producción de petróleo

El presidente estadounidense avisa de que reevaluará las relaciones con Riad cuando el Senado reanude sus sesiones

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Desde que en 1980 se extendió la teoría de la conspiración de que Ronald Reagan había pactado con el ayatolá Jomeini para que retrasara la liberación de los rehenes capturados en la embajada estadounidense y ganar así las elecciones a Jimmy Carter, la llamada «sorpresa de octubre» planea cada dos años sobre las elecciones de EE UU, que siempre se celebran en noviembre. Esta vez la bomba le ha correspondido Arabia Saudí, con el anuncio de que la OPEP reducirá su producción de petróleo en dos millones de barriles, lo que a un mes de las legislativas puede suponer una sentencia de muerte para las aspiraciones demócratas de mantener el control de las cámaras, dudosa de por sí.

El martes el presidente, Joe Biden, respondió a las presiones de su partido para usar la mano dura contra el aliado Riad, cada vez más inconveniente. «Cuando el Senado vuelva a reunirse vamos a replantear las relaciones con Arabia Saudí», amenazó en entrevista con CNN. El príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, cuya amistad con la familia Trump es bien conocida, seguramente había calculado esta represalia. Si el aumento del precio de la gasolina se une al de la inflación y a la debilidad del Partido Demócrata en estas elecciones, es muy probable que Biden no tenga oportunidad de cumplir su amenaza, porque los republicanos podrían tomar el control de las dos cámaras en enero si ganan las elecciones del próximo día 8.

Son muchos los que piensan que la reacción de Biden llega tarde. Durante la campaña prometió convertir al reino saudí «en un paria» de Estados Unidos, pero la crisis energética de la invasión de Ucrania y la influencia del coordinador de su Consejo Nacional de Seguridad, Brett McGurk, le hicieron incumplir esta promesa y rendir pleitesía al asesino del periodista del 'Washington Post' Jamal Khashoggi con una humillante visita en julio pasado, en la que chocó nudillos con el heredero de la corona saudí. Desde el principio se sabía que aquello no iba bien. El príncipe mandó a recibirlo al gobernador provincial, en lugar de algún alto cargo del Gobierno, y muy poco después de la reunión se encargó de filtrar que Biden no le había pedido explicaciones por el asesinato de Khashoggi. La decisión de reducir la producción de petróleo, a un mes de las elecciones, sería el colofón de su revancha por haberle criticado severamente durante la campaña y haber suspendido la ayuda militar destinada a alimentar su ofensiva contra Yemen.

Posibles castigos

El cálculo de Mohamed bin Salmán tiene un riesgo. Si fallan las predicciones y los demócratas retienen el control del Senado, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores, Bob Menéndez, ha prometido caerle encima con todo lo que tiene. Desde severas leyes para cobrar responsabilidades a las petroleras saudíes por cualquier escape, al abrupto fin de cualquier contrato militar, que es lo que ha alimentado las relaciones entre ambos países desde 1940. Ayer, Menéndez, subió la apuesta y se preguntó en la cadena MSNBC qué pasaría con las demandas interpuestas por las familias de las víctimas del 11 S, que culpan a Riad de estar detrás de los atentados en los que 15 de los 19 secuestradores eran saudíes.

«Estados Unidos tiene que congelar todos los aspectos de la cooperación con Arabia Saudí», ha demandado Menéndez. «Si Arabia Saudí, que es uno de los peores violadores de los derechos humanos en el mundo, quiere asociarse con Rusia para disparar el precio de la gasolina, que le defienda Putin», ha dicho el senador Bernie Sanders.

También Washington corre el peligro de enconar aún más unas relaciones dañadas, que afectan no solo a su propia economía sino a la de crisis energética global. Tal vez por eso el Departamento de Estado se ha apresurado a decir que no tiene planes de suspender la venta de armas a ese país, lo que ha enfurecido a los legisladores demócratas que se juegan el asiento en estas elecciones. La alternativa de Biden para compensar el crudo de la OPEP, que ya dirige el 80% de su producción a Asia, es mirar hacia Venezuela, que puede ser la gran beneficiada de esa ruptura si sabe jugar bien sus cartas. Para ello Nicolás Maduro tendrá que ser capaz de hacer concesiones en temas políticos y de Derechos Humanos con los que apaciguar la inquina de senadores cubanoamericanos como Menéndez.