Agentes de policía apostados a la entrada de la residencia Mar-a-Lago de Donald Trump en Florida / CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH/EFE

El FBI anunció la inspección a Trump el día antes y le entregó una copia de la orden de registro

El expresidente utiliza «la redada» en su mansión de Florida para espolear a sus seguidores y recaudar fondos

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Donald Trump mintió cuando dijo que el FBI había irrumpido en su mansión para hacer una redada «sin anunciarse». Qué sorpresa. Según fuentes de NBC, el FBI le había presentado la víspera con una copia de la orden de registro y lo había coordinado con los servicios secretos. Su abogado estaba presente. Los agentes llegaron vestidos de traje para no llamar la atención de los selectos huéspedes del club Mar-a-Lago, que sirve de mansión al expresidente.

Quien desató el escándalo fue el propio Trump, cuando el registro ya llevaba horas procediendo de forma ordenada. «Mi hermoso hogar de Mar-a-Lago, en Palm Beach, está en este momento siendo atacado, asaltado y ocupado por un amplio grupo de agentes del FBI», contó en un comunicado que envió a todos los medios de comunicación, su micrófono desde que está vetado de Twitter por difundir mentiras. «¡Hasta han irrumpido en mi caja de seguridad!», protestó.

Su testimonio es la única fuente de que el FBI rompiera la cerradura de su caja de seguridad, porque el Departamento de Justicia es hermético con respecto a una investigación tan sensible que guarda con máximo celo. De hecho, Trump podría mostrar la copia de la orden de registro que guarda en su poder, pero no lo ha hecho. «¡Un día más en el paraíso!», suspiró en una llamada a la exgobernadora de Alaska Sarah Palin, a la que apoya en su candidatura al Congreso. Acto seguido, volvió a su actividad favorita: hacer campaña electoral.

El expresidente también se ha apresurado a utilizar la «redada» en un email de recaudación de fondos que ha llegado este martes a los buzones de todos sus seguidores con una invitación a donar y otra llamada velada a las armas. «No era mi casa, era la casa de cada patriota estadounidense que ha estado luchando por este momento desde que bajé en 2015 por las Escaleras Doradas» (de la Torre Trump en Nueva York para anunciar su candidatura electoral). «Necesito que cada Patriota Americano con sangre roja dé un paso al frente», convocó. «Esta anarquía, esta persecución política y esta caza de brujas tienen que acabar».

Los legisladores de su partido ya han respondido a su llamado con la promesa de que cuando ganen la Cámara Baja en las elecciones de noviembre, como auguran las encuestas, abrirán una investigación al Departamento de Justicia, al que acusan de haberse convertido en «un arma política de los demócratas». Es la primera vez en la historia que la casa de un expresidente ha sido registrada con orden judicial, aunque ciertamente tampoco ha habido antes ningún mandatario como él.

Un seguidor de Trump se manifiesta en Florida / reuters

Trump no estaba ese día en su paraíso de Florida, sino en su torre de Manhattan. Se preparaba para dar testimonio en un tribunal del distrito neoyorquino, donde el fiscal Alvin Bragg investiga a su empresa por mentir en las solicitudes de préstamos bancarios para obtener créditos más favorables. En la misma línea, la fiscal general del estado, Letitia James, investiga si Trump y sus hijos inflaron el valor de sus propiedad. La vista tenía que haber ocurrido el 15 de julio, pero fue pospuesta debido al fallecimiento de su exesposa Ivana Trump, a la que enterraron en el campo de golf de su propiedad en Bedminster (New Jersey). Ahí es donde los que intoxican las redes sociales creen que el FBI debería buscar los documentos que faltan, en el ataúd de la matriarca.

Las distintas fuentes de medios estadounidenses coinciden en que el FBI buscaba documentos clasificados que el presidente se habría llevado de la Casa Blanca, aunque en realidad nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que persiguen. Solo que el fiscal general Merrick Garland es un fiscal cauto y fue un juez moderado e intachable en el Tribunal de Apelaciones de Washington DC. Para que un juez federal del sur de Florida aprobase la orden de registro, el Departamento de Justicia tiene que haber demostrado la causa probable de un delito, que no puede limitarse a las 15 cajas de documentos que recuperaron de su mansión los Archivos Nacionales en febrero pasado.

De fraude electoral a sedición

Hay otras posibilidades que entusiasman a los críticos de Trump e inflaman aún más los ánimos de sus seguidores. Las audiencias del 6 de enero han demostrado que el presidente intentó manipular el sistema electoral para burlar los resultados de las elecciones y perpetuarse en el poder, en contra de la voluntad popular. Por ahora no hay cargos contra él, pero por las declaraciones de los testigos de su propio Gobierno podría enfrentarse fácilmente a acusaciones que oscilan desde la conspiración para cometer fraude electoral a la sedición.

Trump sobrevivió a su segundo 'impeachment' tras el asalto al Capitolio del 6 de enero porque su partido decidió que no valía la pena forzar su dimisión a una semana de que abandonara el poder. Sin embargo, el fiscal general Merrick Garland ha prometido llegar hasta donde sea necesario para depurar responsabilidades. Nunca en la historia del país se ha enjuiciado a un expresidente. Se sabe que el Departamento de Justicia ha citado a altos cargos del Ejecutivo de Trump a declarar ante un gran jurado de Washington DC que decidirá sobre la pertinencia de los cargos.

De ser condenado, Trump quedaría inhabilitado para volver a presentarse a un puesto público. De ahí que acuse «a los demócratas radicales de izquierda» de utilizar el sistema judicial como arma. «Están desesperados por impedir que me presente a las elecciones de 2024», les acusó. «El establishment me odia porque he puesto freno a su corrupción».