Dron turco Bay Raktar TB2. / AFP

Los drones turcos que ralentizan a Rusia

Los Bayraktar TB2 se habían usado en otros conflictos, pero es la primera vez que entran en juego contra sistemas de defensa modernos

HELENA RODRÍGUEZ

Si no fuera por su poder destructivo, al Bayraktar TB2 se le podrían aplicar los adjetivos de bueno, bonito y barato. Se trata de lo que en jerga militar se denomina un UCAV, siglas en inglés de 'vehículo aéreo no tripulado de combate'. En lenguaje llano, un dron. De fabricación turca, este dispositivo se ha transformado, durante la primera semana de la invasión rusa, en una de las armas más importantes para la defensa de Ucrania.

Su pequeño tamaño –12 metros de envergadura y 6,5 de longitud– dificulta que puedan ser alcanzados por la artillería enemiga. Y hay que añadir que son muy silenciosos. Con estos dos factores a su favor, no es de extrañar que estos aparatos hayan causado importantes daños en las filas enemigas.

Muestra de su poder destructivo y de cómo actúan son las imágenes publicadas por el Ministerio de Defensa ucraniano. Sobrevolando un convoy militar con suministros y armas, las cámaras térmicas del Bayraktar permiten distinguir incluso a los soldados caminando entre los vehículos. Unos instantes para apuntar y después la explosión, los cuerpos de las tropas por tierra y el caos. Su potencial había sido probado en otros conflictos, como los de Nagorno Karabaj o Libia, pero no en una guerra en la que el enemigo poseyese métodos de defensa tan avanzados como los rusos.

El Bayraktar TB2 es monomotor fácilmente distinguible a la luz del día por su característica aleta triangular en la cola. Cada uno cuenta con seis vehículos aéreos, dos estaciones de control, tres terminales de datos y un equipo en tierra, así como con dos terminales de vídeo remotas. Con una autonomía de 24 horas, alcanzan una velocidad máxima de 220 kilómetros por hora y son capaces de lanzar distintos tipos de misiles y cohetes guiados por láser.

Son la estrella de la empresa turca que les da nombre, fundada en 1984 por el ingeniero Özdemir Bayraktar, que murió el año pasado. Han tomado el relevo al frente de la compañía sus hijos Haluk y Selçuk, casado desde 2016 con Sümeyye Erdogan, hija del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Lejos de ser anecdótico, este dato refleja las posibles implicaciones geopolíticas de la venta de este arma por parte de Turquía a Ucrania. Las relaciones entre Ankara y Moscú no son malas, pero más transacciones de este tipo podrían generar suspicacias en el Kremlin.

Sin cifras concretas

No se sabe con exactitud cuántas unidades posee el bando ucraniano, aunque sí está confirmado que en 2019 Kiev compró doce. Hace pocos días, el ministro de Defensa, Oleksii Reznikov, anunciaba que habían llegado más y que estaban «listas en posiciones de combate». El pasado diciembre el país ahora invadido por Rusia presumía de que Turquía tenía preparados para ellos más de 20 Bayraktar.

Todo indica que, en vista de sus buenos resultados y de su bajo coste –unos 4,5 millones de euros por unidad, frente a los 108 millones que cuesta un caza F-5– serán muchos los gobiernos que se interesen por estos drones. En la actualidad, además de Turquía y Ucrania, los poseen Qatar, Polonia, Azerbaiyán, Libia, Turkmenistán y Marruecos.