Retrato de Isabel II realizado por Jane Bown con motivo de su 80 cumpleaños / archivo 'the observer'

El cálido retrato de una reina

La Casa Real anunció en las redes el fallecimiento de Isabel II con una icónica imagen de la fotógrafa Jane Bown tomada en 2006 con motivo del 80 cumpleaños de la soberana

M. PÉREZ

«Fotografía de un retrato de cabeza y hombros de la reina Isabel II (n. 1926) sentada mirando hacia la derecha, con la cabeza ligeramente girada hacia la cámara. Mira hacia adelante y sonríe. Lleva un sombrero de tres hilos. collar de perlas, aretes de perlas, una chaqueta de color claro y una blusa de color claro». Esta es la descripción técnica depositada en el Royal Collection Trust sobre el retrato con el que el Palacio de Buckingham ilustró el jueves el anuncio del fallecimiento de su majestad en Twitter e Instagram. La imagen fue tomada en febrero de 2006 para conmemorar el 80 cumpleaños de la soberana (faltaban dos meses) y lo realizó Jane Bown. Una fotoperiodista, como la reina de Inglaterra, eterna.

Bown trabajó durante 65 años para 'The Observer' antes de fallecer en 2014, a punto de cumplir los noventa. Una profesional de raza que rara vez abandonó el blanco y negro –como cuando retrató a PJ Harvey en 1995– y nunca traicionó a sus antiguas cámaras con nuevas tecnologías. De familia humilde que la dejó al cuidado de unos parientes, oriunda de Dorset, tuvo una infancia difícil e hizo sus primeras fotos a los 13 años con una máquina modesta que le compraron sus tías. Ahí comenzó su grandeza.

Mitología e historia. Por delante de su objetivo han pasado Nelson Mandela, Margaret Tatcher, Orson Welles, Michael Caine, Truman Capote, Woody Allen, Keith Richards, Bette Davis, Jean Cocteau o el filósofo Bertrand Russell, su primer trabajo para el diario británico, publicado en 1949. Una de sus fotografías más conocidas es la del dramaturgo Samuel Beckett en 1976. Oscura, profunda, recia y penetrante. Tiene su historia. El autor, huidizo de los flases, salió de un ensayo en un teatro londinense por una puerta que daba a un callejón. Allí le esperaba Jane para conseguir el retrato perfecto en solo treinta segundos.

La imagen de Isabel II es el resultado del encuentro de dos octogenarias. La propia soberana le eligió para su retrato. La reina, a punto de cumplir 80 años: Jane, 81 cumplidos. En el Palacio de Buckingham dos mujeres sobre las que han pivotado la geopolítica y las imágenes de un siglo se mueven según la danza de la luz. Isabel II está sentada en un sillón de respaldo alto. La fotógrafa revolotea a su alrededor. Lucha contra el hieratismo natural de su modelo y las traiciones del sol que se filtra por los ventanales del Salón Azul. Toma tres instantáneas. Luke Todd, responsable del archivo gráfico de 'The Observer', recuerda los elementos que la fotógrafa necesitaba en sus sesiones: «Una 'chispa'» de reconocimiento entre ella y el sujeto, buena luz natural y la menor cantidad de personas posible» alrededor. Jane trabaja sola. «No podría trabajar con asistentes. No sabría qué decirles que hicieran», confesó en alguna entrevista. Tampoco imparte instrucciones a sus protagonistas. Les observa, les hace ganar confianza y dispara.

Bown, a la derecha, con sus cámaras, durante una rueda de prensa de la actriz Bette Davis

Todd: «Trabaja de forma rápida, silenciosa y discreta. La habilidad innata de tranquilizar al modelo es la clave de sus retratos respetuosos y reveladores». La sesión con Isabel II dura poco. La fotoperiodista no emplea más de diez o quince minutos por sesión. «A menudo, termina antes de que el modelo se dé cuenta de lo que ha sucedido», dice el editor. «Algunos fotógrafos hacen fotos, pero yo trato de encontrarlas», solía repetir ella. Otra de sus proclamas: «Los fotógrafos nunca deben ser vistos ni escuchados».

La luz y la mirada

La imagen que ilustra el obituario muestra a Isabel II, como la Gioconda, con un singular rictus en su rostro. ¿Cómo se ha conseguido? La leyenda cuenta lo siguiente. Una empleada de la monarca, su asistente de confianza, entra de repente en el salón. La reina, al ver un rostro cercano y conocido penetrando en su campo visual, gira ligeramente la mirada hacia ella. Se relaja, sonríe muy tamizadamente y los ojos pierden la institucionalidad. La soberana deja paso a la mujer. La amiga. La luz acompaña y realza este instante. Jane lo captura.

Su fallecimiento en 2014 cosechó las condolencias de la profesión y un largo anecdotario. Lord Snowdon la tildó como la Cartier-Bresson inglesa. En ese armario de las anécdotas surge con fuerza lal desvelado en el documental 'Looking for Light' (Buscando la luz), según la cual la fotógrafa separaba tan perfectamente su vida profesional de la personal que durante la semana se dedicaba a su marido y sus tres hijos en su casa familiar en el campo y los fines de semana viajaba a Londres, se sentaba en su mesa en 'The Observer' y esperaba humildemente a que el editor le asignara sus reportajes. Nunca protestó por una historia.