El primer ministro de Reino Unido Boris Johnson, este miércoles en el Parlamwento. / Reuters

Boris Johnson no dimite por el 'partygate' y se ríe de la oposición

El informe cuya publicación sellaría la suerte del primer ministro británico desaparece en los pasadizos de Downing Street

IÑIGO GURRUCHAGA Corresponsal en Londres

El primer ministro británico, Boris Johnson, descartó este miércoles en el Parlamento la idea de que dimitirá por las reuniones supuestamente ilegales en su residencia durante la pandemia. Unos minutos después de que se mostrase entero en la sesión semanal de preguntas al jefe de Gobierno, se le acusaba de haber contado otra mentira, esta vez sobre la evacuación de refugiados en la retirada de Afganistán.

Johnson invocó «la gran crisis en la frontera de Ucrania», en la que él estaría «uniendo a Occidente» en la respuesta a una invasión de Rusia, para despreciar a una oposición que quiere derribarlo por mentir al Parlamento sobre las reuniones. Invocó su dedicación a corregir el aumento del coste de la vida, a la pandemia, las vacunas y el 'brexit' para demostrar la frivolidad de los laboristas y sus cómplices.

Los escaños conservadores pedían «¡más!, ¡más!, '¡más!», cada vez que Johnson respondía arrollador a las preguntas del líder de la oposición, Keir Starmer. Al laborista le dijo que era un mero abogado, no un líder. Él, celebrado por una bancada 'tory' en la que hay miradas gastadas por los eventos de las últimas semanas, sería, sin embargo, el estadista Johnson, ocupado «en los asuntos que interesan a la población».

LAS CLAVES:

  • Nueva controversia. Downing Street primó evacuar animales antes que personas durante la retirada de Afganistán

  • Incertidumbre. El desenlace del 'partygate' queda a la espera de las conclusiones de la investigación oficial

Un diputado conservador le agradeció que finalmente mostrase interés por un asunto de su circunscripción, llamándole anoche. La Cámara se rió. Johnson dedica en realidad una parte de su jornada a los asuntos de Gobierno y otra a llamar a diputados para complacerles, a reunirse con ellos para recordarles su «extraordinaria capacidad para recuperarse», según decía un joven parlamentario 'tory'. Necesita el apoyo del grupo parlamentario para proseguir.

Cuando Scotland Yard anunció el martes que iniciaba una investigación sobre las reuniones sociales que parecen ser delitos, portavoces de Johnson dijeron a la prensa que la apertura de la investigación aplazaba por tiempo indefinido la publicación del informe elaborado por la funcionaria Sue Gray. Dejaba la crisis en un limbo. Semanas, quizás meses, de una investigación policial que es improbable que le afecte, y aplazamiento por tiempo indefinido del informe de Gray. Parecía salvado.

Luego se supo que la Policía no tiene en realidad inconveniente en que Gray publique su informe. Medios normalmente bien informados decían que iba a entregarlo en la tarde del martes a Downing Street y que el primer ministro haría una declaración el miércoles, tras la sesión semanal de preguntas. El presidente de los Comunes anunció hacia las 13.30 que estaba dispuesto a despejar la agenda.

Rutina animal

Tres horas después cerró la puerta de la Cámara de los Comunes, porque la actividad legislativa de este Gobierno es mínima en mitad de su mandato. Habrá que esperar a que en las próximas jornadas se publique el informe elaborado por una funcionaria cuyo jefe es ministro del Gabinete. El primer ministro confirmó a Starmer que cumplirá su palabra y lo publicará íntegro.

Del contenido del informe dependería la continuidad de Johnson o su derribo. Diputados conservadores ya puntualizan que algunas partes del documento pueden ser tachadas, por contener detalles de la vida familiar de Johnson, que vive con su mujer y sus dos hijos en Downing Street. No se sabe quién ha de tachar esos fragmentos. El telón de fondo del nuevo optimismo de Johnson es opaco.

En este momento 'shakespeareano' del mandato de Boris Johnson, emergió otra posible mentira. Durante la operación de transporte al Reino Unido de colaboradores afganos en peligro de ser víctimas del talibán, en agosto, emergió en los medios la campaña incesante de un exmarine de la Armada británica, Pen Farthing, que había creado un refugio de animales en el país asiático.

El ministro de Defensa, Ben Wallace, se negó a ayudarle, porque su prioridad era salvar vidas humanas que corrían más peligro. Pero de un día para otro cambió de opinión, y el exmarine, sus empleados y sus animales, fueron evacuados. Se dijo entonces que Boris Johnson había intervenido personalmente; que su mujer, Carrie Symonds, activista de la defensa de animales, le habría influenciado.

Johnson dijo a los medios que no había intervenido, que eso era «un sinsentido». Un comité parlamentario que investiga el episodio ha publicado correos electrónicos de empleados del Ministerio de Asuntos Exteriores, que trabajaban en la evacuación, y en uno de ellos se señala que debían acelerar la del exmarine y su troupe, porque la respaldaba el primer ministro.