El presidente de Finlandia Sauli Niinistö, escolta a Joe Biden, junto a la primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson. / EFE

Biden recibe a Suecia y Finlandia en la Casa Blanca para respaldar su solicitud

Los dos países se comprometen a luchar contra el terrorismo y superar las objeciones de Turquía

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Joe Biden no podía estar este jueves más satisfecho. La decisión de Finlandia y Suecia de solicitar su entrada en la OTAN le parece «un momento crucial» en la historia porque «harán a la Alianza más fuerte». Y no ya por su capacidad militar, sino por la fortaleza de sus democracias. «Tienen el total apoyo de EE UU», proclamó al recibir a sus jefes de Estado en la Casa Blanca, al día siguiente de presentar la solicitud. «Esto es una victoria de la democracia en acción».

No todo el mundo lo ve así. Turquía ha bloqueado la «histórica» solicitud de estos países por su apoyo al pueblo kurdo, pero Washington es optimistas. El consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, está convencido de que Turquía acabará cediendo. Recep Tayyip Erdogan solo busca sacar partido a esta situación para eliminar resistencia internacional a su lucha por el Kurdistán.

Este jueves mismo, en ese Jardín Rosado de la Casa Blanca, se llevó su primer triunfo al arrancar un compromiso de «condena al terrorismo en todas sus formas» de los mandatarios nórdicos, que se comprometieron a luchar «activamente» contra él. «Como aliados de la OTAN estaremos tan comprometidos con la seguridad de Turquía como Turquía con la nuestra y nos tomaremos el terrorismo muy en serio», prometió el presidente finlandés Sauli Niinistö, junto a la primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson.

Tampoco Rusia ha puesto objeciones, aunque ha advertido de que transferir equipo militar al territorio de esos países tan cerca de su frontera será considerado como una amenaza. Biden, por supuesto, discrepó con la posibilidad de que el fortalecimiento de la Alianza Atlántica sea una amenaza «para nadie», porque considera que la OTAN es una organización meramente defensiva. Eso sí, «el ataque a uno de nosotros es un ataque contra toda la Alianza», advirtió.

Ruptura de tradición

Para Suecia supone romper una tradición de neutralidad que ha mantenido durante 200 años, pero desde que el 25 de febrero comenzase la invasión rusa de Ucrania, «las máscaras han caído», admitió su primera ministra. «Suecia ha elegido un camino nuevo». El Gobierno de Andersson está convencido de que «la mejor forma de proteger al pueblo sueco» es integrarse en la estructura militar de la organización trasatlántica, sin importar las amenazas de Moscú. «No hemos pestañeado», añadió. «Ha sido un punto de inflexión para nosotros».

Biden se vanagloria de que hasta hace poco muchos se preguntaban si la OTAN seguía siendo una organización relevante, pero el movimiento de Vladímir Putin ha servido para fortalecerla y renovar su razón de ser. Además de traer sofisticadas capacidades militares, ambos países dicen estar dispuestos a cumplir pronto con el compromiso del 2% de su PIB en gasto militar.

Durante su visita a Washington se reunirán con los líderes del Senado, donde se debe votar su solicitud, para explicarles todo lo que sus países aportarán a la Alianza, no solo en materia militar sino también en la promoción de energías renovables que, ya se ha demostrado con la invasión rusa, es una cuestión clave de seguridad nacional.

Por otra parte, Polonia mostró su apoyo a los países escandinavos. Su primer ministro, Mateusz Morawiecki, aseguró este jueves que Varsovia defenderá a Suecia y Finlandia en caso de ataque, incluso antes de que se sumen a la OTAN. También hizo lo propio Croacia, de cierto modo. Aunque su presidente, Zoran Milanovic, insiste en el veto, el ministro de Exteriores, Gordan Grlic Radman, afirmó que su representante ante la OTAN en Bruselas, Mario Nobilo, «tiene mis instrucciones de aceptar las solicitudes» de adhesión.