Sánchez y Xi, este martes en Bali, durante la cumbre del G-20. / EFE

Sánchez le pide a Xi Jinping que medie con Putin para alcanzar la paz en Ucrania

A punto de cumplirse 50 años de relaciones diplomáticas, el presidente del Gobierno se reúne con el dirigente chino en los márgenes de la cumbre del G-20 en Bali

PABLO M. DÍEZ Enviado especial a Bali (Indonesia)

La diplomacia española llevaba tiempo intentando conseguir una visita oficial a China, pero resultaba imposible por su cuarentena al llegar y las restricciones fronterizas debido a la pandemia. Por ese motivo, en cuanto se confirmó que Xi Jinping acudiría al G-20 en Bali, uno de los objetivos exteriores del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, era reunirse con él en los márgenes de la cumbre. Y así ha sido, aunque de forma bastante abreviada porque no era el único que quería ver a Xi.

Después de pasarse más de dos años y medio sin viajar al extranjero por la pandemia, el presidente de China ha reactivado su agenda internacional en esta cumbre del G-20. Primero se reunió el lunes durante tres horas con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y este martes ha tenido un maratón de encuentros con ocho mandatarios, entre ellos el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el de Francia, Emmanuel Macron.

En su entrevista, que duró unos 40 minutos, Sánchez apeló al presidente de China para que utilice su influencia como potencia estabilizadora con el fin de que Putin detenga la guerra en Ucrania. Un llamamiento a Pekín que también repitieron otros dirigentes como Macron, quien reafirmó con Xi su oposición frontal a que Putin use armas nucleares en la contienda. Tratando de atraer al lado occidental a China, que desde el principio ha mostrado un apoyo implícito a Rusia, Sánchez se ha sumado a las peticiones de otros líderes como Biden y los primeros ministros de Australia, Corea del Sur y Países Bajos, que también han sido recibidos por Xi Jinping. En este frente común de Occidente para presionar a Rusia, Sánchez abogó por buscar soluciones multilaterales a las crisis que ha desatado la guerra, sobre todo la energética y la alimentaria.

«Ha sido un encuentro que se ha desarrollado en un tono de cordialidad y también de franqueza por ambas partes», explicó el ministro de Exteriores, José Albares, al término de la reunión. En ella, según contó, Sánchez «le ha hecho una solicitud a Xi para usar su buena relación, su influencia para unir fuerzas y moderar la guerra con el fin de que la paz regrese lo antes posible».

Curiosamente, el comunicado de la reunión emitido por el Ministerio de Exteriores chino no hace mención alguna a la conversación sobre Ucrania, que fue el tema principal del encuentro. Tal y como señalaron fuentes diplomáticas, el presidente Xi entiende las peticiones de mediación que recibe desde Occidente por su amistad con Putin, pero matiza su influencia sobre él. Al margen de ese detalle, lo que sí quiso dejar claro es que China no está ayudando militarmente a Rusia y también la preocupa la duración y deriva de la guerra, cuya amenaza nuclear rechaza enérgicamente.

Aniversario

Además, Sánchez y Xi abordaron las relaciones bilaterales, que en 2023 cumplen cincuenta años. «Ambas partes han hablado de celebrar esa fecha y se han tratado aspectos culturales como la apertura de un segundo centro del Instituto Cervantes en China», detalló Albares una reivindicación que España lleva esperando más de una década. Para cuando China reabra de nuevo sus fronteras a los viajes oficiales de otros países, el aniversario puede ser un momento ideal para que Sánchez le devuelva a Xi la visita que hizo a España en 2018 o para recibir a los Reyes, a quienes invitó cuando lo permita la pandemia. Junto a la celebración del aniversario, el ministro destacó «otros asuntos comerciales como la venta de aviones Airbus y la diversificación de las exportaciones españolas, para que no sean solo agrícolas».

A medio camino entre lo cultural y lo comercial, la promoción del turismo es otro de los objetivos de España, pero los chinos no viajan ahora al extranjero por la carestía de los vuelos para salir de su país, las cuarentenas al regresar e incluso porque las autoridades no están expidiendo ni renovando pasaportes con el propósito de cerrarse al máximo frente a la pandemia. Hasta que Pekín no retire su política de Covid 0 y vuelva a la normalidad como otros países, los turistas chinos no volverán a viajar en masa como antes y sus relaciones diplomáticas seguirán lastradas por la falta de encuentros personales más allá de cumbres internacionales como esta del G-20.