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Los presidentes de China y Estados Unidos, Xi Jinping y Joe Biden. reuters

Biden rechaza otra Guerra Fría y Xi marca la línea roja de Taiwán

En el momento de mayor hostilidad entre ambas potencias, los presidentes de EE UU y China reabren el diálogo en vísperas del G-20

PABLO M. DÍEZ

Enviado especial a Bali (Indonesia)

Lunes, 14 de noviembre 2022, 11:09

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Las relaciones entre Estados Unidos y China están tan mal que había poquísimas expectativas en la reunión de este lunes en Bali entre sus presidentes, Joe Biden y Xi Jinping. Pero, quizás por ese motivo, el resultado fue mejor que el esperado y su encuentro dio mucho de sí. Lo primero, el tiempo, ya que se alargó hasta las tres horas porque tenían mucho que contarse: desde su guerra comercial, tecnológica e ideológica hasta Taiwán, Xinjiang y Hong Kong pasando por la invasión rusa de Ucrania y los numerosos aspectos en que ambos países colaboran en problemas como el calentamiento global o la seguridad alimentaria.

Son tantas las cuestiones que afectan y unen a las dos superpotencias que, al final del encuentro, Biden descartó la confrontación con Xi y abogó por «evitar el conflicto». En su comparecencia ante los medios, el inquilino de la Casa Blanca se mostró tajante. «Creo absolutamente que no tiene que haber una nueva Guerra Fría con China», aseguró Biden, quien tampoco piensa que haya «ningún intento inminente de invadir Taiwán» e insiste en que «queremos ver las relaciones en el Estrecho (de Formosa) resueltas pacíficamente».

Por su parte, Xi dejó claro que esta isla, democrática e independiente 'de facto' pero reclamada por el régimen de Pekín, «es la primera línea roja que no debe ser cruzada en las relaciones entre China y EE UU». Tras recordar que «es la común aspiración del pueblo y la nación china alcanzar la reunificación», avisó de que «cualquiera que busque la separación de Taiwán está violando los intereses» de Pekín.

A pesar de sus últimas declaraciones prometiendo ayuda militar a la isla si es invadida por China, Biden replicó que «nuestra política sobre Taiwán no ha cambiado en absoluto» y se opuso a cualquier variación del 'statu quo' entre ambas partes. Tras la visita en verano de la presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, Nancy Pelosi, la tensión estalló entre Washington y Pekín, que no dudó en responder ordenando las mayores maniobras militares para cercar Taiwán.

En medio de este problema que les enfrenta, han tenido que pasar casi tres años, y una pandemia, para que los dos hombres más poderosos del mundo se vean finalmente cara a cara, sin mascarilla ni una pantalla entre ellos. En un encuentro esperado por todo el planeta, Biden y Xi aprovecharon su asistencia a la cumbre del G-20 en Bali para reunirse antes de que empiece este martes.

Era la primera vez que podían charlar en persona desde que Biden fuera investido presidente de EE UU allá por enero de 2021. La pandemia del coronavirus azotaba China y, por una prevención obsesiva, Xi ha estado más de dos años encerrado en su país. Tras semanas después de perpetuarse en el poder durante el XX Congreso del Partido Comunista, vuelve a la escena internacional acudiendo a este foro que congrega a los países más avanzados con las potencias emergentes en vías de desarrollo.

Su encuentro con Biden tuvo lugar en el peor momento de las relaciones diplomáticas entre las dos superpotencias, con una hostilidad económica y política que ha desembocado en una nueva 'Guerra Fría'. Simbolizando el conflicto entre la potencia hegemónica del último siglo, EE UU, y la emergente del próximo, China, Biden acudió al encuentro con Xi en el Hotel Mulia de Nusa Dua, el imponente complejo de hoteles de lujo donde se celebra el G-20.

«Dos grandes países»

Mientras Xi le esperaba ante las banderas de ambos países, Biden entró en la sala con sus torpes andares de anciano y el brazo extendido para estrecharle la mano. Sin mascarilla, ambos sonrieron ante las cámaras y luego se sumaron a sus delegaciones en una sala de reuniones. Con bastante distancia de separación entre ellos y todos con mascarilla, salvo Biden y Xi, se dieron los habituales parabienes en los primeros diez minutos del encuentro, abiertos a un grupo escogido de medios.

Reconociendo el mal momento entre ambos países, Xi admitió que «la situación en que se encuentran las relaciones sino-estadounidenses no se corresponde con los intereses fundamentales de ambos países y pueblos, ni concuerda con las expectativas de la comunidad internacional». Apelando a Biden porque son «líderes de dos grandes países», el presidente chino abogó por «marcar el rumbo correcto para las relaciones bilaterales, encontrar la dirección adecuada para nuestra relación y elevarla».

Aunque Xi Jinping recordó que ambos han estado en contacto por videoconferencia durante todo este tiempo, también reconoció que dichas comunicaciones «no pueden reemplazar a los encuentros en persona». Además de señalar que «nuestro encuentro es muy seguido por todo el mundo», instó a Biden a «trabajar junto a todos los países para traer mayor esperanza a la paz mundial, más confianza en la estabilidad global e impulso más fuerte al desarrollo común». Interpelándolo directamente, Xi se mostró dispuesto «a trabajar junto a usted para reencauzar los lazos sino-estadounidenses a la vía del desarrollo sano y estable, en beneficio de ambos países y del mundo».

Aunque expresó su preocupación por la represión en Xinjiang, Tíbet y Hong Kong, el presidente de EE UU destacó la importancia de «evitar el conflicto» con China. Coincidiendo con Xi en que había «poca sustitución» para las conversaciones cara a cara, se comprometió a «mantener abiertas las líneas de comunicaciones entre nosotros personalmente», para que sus dos Gobiernos puedan «trabajar juntos en asuntos globales urgentes» como el cambio climático y la inseguridad.

Sus diferencias sobre derechos humanos y democracia no impidieron que se pusieran de acuerdo en rechazar que Rusia pueda lanzar un ataque nuclear sobre Ucrania y en desbloquear algunos de sus ámbitos de colaboración, suspendidos desde la visita de Pelosi a Taiwán. Entre ellos destacan una próxima reunión de sus delegaciones encargadas de luchar contra el cambio climático y la invitación a que el secretario de Estado, Antony Blinken, visite China para seguir reabriendo los canales de comunicación. Con su encanto paradisíaco, la isla de Bali ha logrado lo que parecía imposible estos tres últimos años: que las dos superpotencias del planeta vuelvan a hablar.

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