Jovenes afganos a caballo. / AFP

El laberinto étnico de Afganistán

La heterogeneidad de grupos añade dificultad a la gestión del país y complica las relaciones internas y externas

JUANJO SÁNCHEZ ARRESEIGOR

Afganistán es un país muy heterogéneo. No existe un único grupo claramente mayoritario, lo que ha influido muy negativamente en los 48 años de guerras civiles e invasiones extranjeras que comenzaron con el golpe de Estado que derribó a la monarquía en 1973. La jerarquía social depende en gran parte de la etnia, como comprobaron los militares españoles que entrenaban a un batallón afgano en 2010. Cuando los reclutas vieron que el rango solo dependía del mérito, protestaron alegando que: «Aquí hay reglas que debéis entender». Era inaceptable que un hazara le diese órdenes a un tayiko o a un uzbeco, o que cualquiera de estos mandase sobre un pastún. Incluso el partido comunista afgano estaba dividido por el tema étnico: La facción Jalq -Las masas- estaba formada sobre todo por pastunes rurales, mientras que la Parchan -el estandarte-, eran de origen urbano, incluyendo a muchos no pastunes. Fue el Parchan quien incitó la invasión soviética de 1979.

Toda la sociedad afgana es muy conservadora. Circulan por internet fotografías del periodo 1960-1980, que muestran a mujeres afganas sin velo, vestidas a la occidental, conduciendo automóviles, trabajando y estudiando en facultades universitarias. Las fotos son auténticas, pero solo representan a un segmento urbano extremadamente pequeño, mientras que la inmensa mayoría de la población permanecía totalmente anclada en el pasado.

Pastunes, fundadores del reino

Musulmanes suníes del grupo lingüístico iranio oriental. Son el grupo dominante. El 42% del total, unos 12 millones. Las tribus pastunes durrani fundaron el reino afgano en 1747 y conquistaron un imperio que abarcaba Afganistán y Pakistán. Los pastunes monopolizaban los puestos de mando y estaban exentos de impuestos. Se regían por un código ancestral de conducta, el pashtunwali, que prevalece sobre el islam. Por ejemplo: según el Corán, las mujeres heredan la mitad que los hombres, pero heredan. Según el pashtunwali, no heredan nada.

Las guerras civiles dinásticas, grandes rebeliones de los pueblos sometidos y el colonialismo británico, desmantelaron el imperio durrani, dejando Afganistán reducido a sus límites actuales. Por eso en Pakistán hay una considerable población pastún, el 15%; unos 25 millones. Todos los gobiernos afganos siempre han reclamado los territorios perdidos, pero solo los de etnia pastún.

Los pastunes afganos tienden a ser un grupo muy cerrado y ultraconservador. El mero hecho de preguntarle a un pastún del campo cuántas mujeres hay en una casa -para el censo- puede considerarse ofensa intolerable que justifica matar al encuestador. Los pastunes del norte son más cultos y modernos, y en la década de 1990 exigieron educación para sus hijas contrariando los edictos talibanes. Pero en general, siguen considerándose los amos del país, y los talibanes son una milicia casi exclusivamente pastún.

Tayikos, Estado propio

Poseen un Estado propio, Tayikistán, -144.000 km2 y 8,5 millones de habitantes- antigua provincia rusa hasta 1991. Hablan un idioma iranio similar al pastún. Los tayikos afganos son el 27% de la población. A diferencia de los pastunes, no se organizan en tribus, pero en otros aspectos son muy conservadores y sus mujeres no usan burkas pero suelen llevar el rostro cubierto. Antes de la invasión soviética, los tayikos y los pastunes eran mayoría en el cuerpo de oficiales. El legendario comandante Masud era tayiko. Cuando los tayikos tomaron Kabul en 1992, se apoderaron del gobierno y todos los puestos los coparon gentes del valle de Panshir, sobre todo en el Ministerio de defensa. Tras la derrota de los talibanes en 2001, repitieron la jugada hasta que los norteamericanos les obligaron a renunciar a ese monopolio.

Hazaras, menos discriminatorios

Musulmanes, pero chiíes; el mayor grupo chií de Asia Central. Aproximadamente el 10% de la población, unos 3-4 millones. Para los talibanes, los chiíes son falsos musulmanes y es lícito exterminarlos. Las mujeres hazaras están menos sometidas que las pastunes. Se las permite ocupar cargos públicos y muchas pelean en las batallas junto a sus hombres y han matado talibanes en combate. Tradicionalmente han sufrido dura discriminación y solían verse relegados a los peores trabajos. A diferencia del resto de afganos, no son de raza blanca sino mongoles, lo que favorece su discriminación. Cuando los talibanes exigieron que todos los hombres se dejasen barba, los hazaras lo pasaron mal porque suelen ser lampiños. Muchos intérpretes del Ejército español eran hazaras.

Uzbecos, granjeros y belicosos

Suníes de lengua turquica. Ocupan gran parte de las tierras cultivables y son sobre todo granjeros, pero se les considera belicosos, pendencieros y aficionados al pillaje. Son cerca del 9% de la población. Sus tierras limitan con el Estado independiente de Uzbekistán -447.000 Km2 y 33 millones de habitantes-. Las mujeres uzbekas suelen llevar el rostro al descubierto y visten con colores brillantes. Su islam es moderado y tolerante.

Turkmenos, avanzados en cultura

Musulmanes suníes de lenguaje turquico. Son el 2 o el 3% del total, algo más de un millón, y viven en una delgada franja fronteriza con el Estado independiente de Turkmenistán. Sin embargo, el Estado turkmeno nunca ha movido un dedo para ayudar a sus hermanos afganos porque estuvo dirigido por el dictador loco Saparmat Niyazov hasta su muerte en diciembre de 2006. Le sucedió su hijo ilegítimo Gurbangulí Berdimujamédov, tras unas elecciones amañadas en las que obtuvo el 89,2% de los votos. Los turkmenos son un pueblo culturalmente avanzado con una rica literatura, música, folklore, y estructuras sociales que iban más allá del marco tribal. Son famosos como tejedores de alfombras.

Baluchis, la insurgencia separatista

Musulmanes suníes de lenguaje iranio. Viven en la franja más meridional del país. Son el 2% de la población afgana, pero su etnia ocupa zonas muy extensas de Pakistán e Irán, donde sostienen una interminable insurgencia separatista de baja intensidad. En Pakistán se consideran explotados y discriminados económicamente, mientras que en Irán, su religión suní les deja en posición incómoda. Los baluchis afganos han mantenido un perfil muy bajo en la guerra civil. Sus lazos transfronterizos favorecen un activo contrabando. Son una sociedad muy tribal y el extremo faccionalismo les ha estorbado porque les impide actuar unidos.

Talibanes, huérfanos de guerra

Otras minorías en el país son los Aimaq, nómadas de las regiones desérticas, los nuristanies, kirguzes, y minorías no islámicas que en su mayoría han huido de los talibanes: budistas, sijs o hindúes. Pero la minoría más reciente y problemática son los talibanes. De origen pastún casi todos, son hijos de los campamentos, huérfanos de guerra completamente segregados de todo su contexto cultural salvo el idioma, el código pashtunwali y la certeza de que han de gobernar el país.

Son muy pocos en número; unos 100.000 en el mejor de los casos, y entre un cuarto o un tercio ni siquiera son afganos sino pastunes paquistaníes. Sus líderes proceden en su mayoría de las regiones rurales del sur en torno a Kandahar, las más atrasadas, aisladas y pobres. Gran parte de sus draconianas normas derivan del pashtunwalli, pero otras son originales, como la barba obligatoria para los varones.

Los talibanes se han convertido en una casta guerrera que somete por la fuerza al resto de la población, como lo hicieron los mamelucos egipcios, pero con mucho más énfasis en el sectarismo religioso para legitimarse. La estructura tribal pastún ha sido destruida por la guerra, la emigración y la pérdida de tierras comunales, así como los asesinatos de líderes tradicionales. Como dice Ahmed Rashid: Los talibanes están atrapados entre una sociedad tribal a la que intentan hacer caso omiso y la necesidad de una estructura estatal que se niegan a establecer. Ya veremos cómo piensan mantener bajo control un país de 655.000 Km² -más extenso que España y Portugal juntos-, y unos 30 millones de habitantes. Sobre todo cuando no muestran interés por las tareas administrativas.