El cardenal Joseph Zen, de 90 años, este lunes a su llegada al juzgado en Hong Kong. / Peter PARKS / AFP

Juzgado en Hong Kong el cardenal Joseph Zen junto a cinco activistas demócratas

Investigados por «colusión con fuerzas extrajeras», están acusados de no haber registrado un fondo que ayudaba a los detenidos en las protestas por la democracia

PABLO M. DÍEZ Corresponsal. Pekín

Tras su aplazamiento la semana pasada porque su jueza había contraído el covid, este lunes ha empezado en Hong Kong la vista oral contra el cardenal emérito Joseph Zen y otros cinco activistas demócratas. En un caso con un claro trasfondo político: todos ellos fueron detenidos en mayo en virtud de la Ley de Seguridad Nacional impuesta por el régimen chino, que criminaliza prácticamente toda oposición en la antigua colonia británica. Pero de momento solo son juzgados por no haber registrado legalmente una organización llamada 612 Humanitarian Relief Fund (Fondo 612 de Ayuda Humanitaria), que ofrecía apoyo financiero en los tribunales a los detenidos en las manifestaciones reclamando democracia que sacudieron Hong Kong en 2019.

Como administradores de dicho fondo, en el banquillo se sientan, además del cardenal Zen, la famosa cantante Denise Ho, las exdiputadas opositoras Margaret Ng y Cyd Ho y un excatedrático de la Universidad de Lingnan, Hui Po-keung. La última acusada, Sze Ching-wee, era la secretaria de la organización. Todos ellos se enfrentan a una multa de 10.000 dólares de Hong Kong (1.275 euros) por no haber inscrito el fondo bajo la Ordenanza de Sociedades, una ley de la época colonial que data de 1911.

Aunque se trata de un delito menor penado solo con una sanción administrativa, todos los procesados siguen siendo investigados por presunta «colusión con fuerzas extranjeras», castigada hasta con cadena perpetua por la draconiana Ley de Seguridad Nacional impuesta por Pekín el 30 de junio de 2020.

En septiembre del año pasado, la Policía encargada de aplicar la Ley de Seguridad Nacional ya avisó de que estaba sobre la pista del Fondo 612 y había pedido a sus responsables información sobre las donaciones que recibían y el dinero que entregaban para asistencia legal a los encausados por las protestas. Al igual que prácticamente todas las organizaciones críticas de Hong Kong, que están en el punto de mira de dicha ley, el fondo dejó de aceptar donaciones y acabó cerrando en octubre de 2021 debido al «actual clima político». La Policía también investiga a otra asociación, llamada Alianza por la Verdadera Democracia, que ayudaba a recaudar las donaciones.

Críticas contra el régimen

En un clima internacional cada vez más polarizado por la pandemia y la guerra de Ucrania, el arresto del cardenal Zen y sus compañeros despertó en Occidente una nueva oleada de críticas contra el régimen chino por su represión en Hong Kong. Aunque la antigua colonia británica gozaba de mayores libertades políticas y sociales que el resto del país, quedaron anuladas por la Ley de Seguridad Nacional y la reforma de la Ley Electoral, que veta a la oposición con el argumento de que «solo los patriotas pueden gobernar Hong Kong».

A la indignación por la persecución política contra el cardenal Zen, una de las voces por la democracia más críticas contra Pekín, se suma su elevada edad, 90 años, y su frágil estado de salud, como se vio este lunes cuando llegó apoyándose en un bastón al Tribunal de Kowloon Oeste. Aunque ninguno de los procesados hizo declaraciones, todos ellos se han declarado no culpables, según informa la agencia France Presse. Tras la vista oral, que durará toda esta semana, ambas partes presentarán sus conclusiones a finales de octubre y principios de noviembre y el juicio quedará visto para sentencia.

El proceso al cardenal Zen llega en un momento especialmente delicado, ya que China y el Vaticano deberían renovar en los próximos días el acuerdo que suscribieron en 2018 para el nombramiento consensuado de obispos. Aunque no se conocen los detalles de esta especie de Concordato, fue prorrogado en 2020 por otros dos años y Pekín y el Vaticano negocian su renovación. Más allá de su valor simbólico, su importancia está en entredicho porque en estos cuatro años solo se han cubierto seis diócesis de la treintena que estaban vacantes.

Aunque el cardenal Zen está en contra de dicho acuerdo y ha prevenido al Papa Francisco para que no lo renueve, la Santa Sede se muestra prudente sobre su encausamiento y sigue acercando posiciones con el régimen chino, con el que no mantiene relaciones diplomáticas. En su lugar, el Vaticano sigue reconociendo a Taiwán, la isla democrática e independiente 'de facto' reclamada por Pekín. Esta falta de lazos oficiales ha provocado una división entre la Iglesia oficial, controlada por el Partido Comunista, y la clandestina, que permanece leal al Vaticano y cuyos fieles y obispos siguen siendo perseguidos.

En su defensa siempre ha salido el cardenal Zen, entrevistado en dos ocasiones por el periódico 'ABC'. En 2007, cuando se cumplían diez años de la devolución de Hong Kong a China, ya alertó del progresivo recorte de libertades que sufría la excolonia. Una década que calificaba como «frustrante» porque aseguraba que ya entonces había «menos libertad que antes». Veinticinco años después del traspaso de soberanía, que se cumplieron el pasado 1 de julio, el cardenal Zen se sienta en el banquillo.