Un seguidor del clérigo Muqtada al-Sadr ondea la bandera de Irak en una protesta. / KHALIL / EFE

Irak respira tras una nueva exhibición de fuerza de Al-Sadr

La calma vuelve a Bagdad tras pedir el influyente clérigo el repliegue de sus seguidores después de unos disturbios que han dejado al menos 30 muertos, pero la crisis política hace temer una guerra civil entre chiíes

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL. ESTAMBUL

«El final de la violencia no supone el final de la crisis», el presidente de Irak, Barham Salih, resumió en esta frase algo que todos los ciudadanos el país tienen muy claro. Muqtada al-Sadr, uno de los líderes religiosos y políticos más influyentes del país en las últimas décadas, volvió a realizar toda una exhibición de fuerza ante sus rivales y puso en vilo a toda la nación.

El anuncio de su salida de la vida política empujó a cientos de sus seguidores a asaltar la Zona Verde y al menos 30 de ellos perdieron la vida en los choques con las fuerzas de seguridad. Ante la magnitud de los enfrentamientos, el propio religioso pidió a los suyos que se retiraran porque «está prohibido derramar sangre iraquí» y en apenas 24 horas la capital volvió a dar sensación de aparente normalidad. ¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta que se formulan todos los iraquíes.

La Zona Verde se convirtió en un campo de batalla en la noche del lunes. Los iraquíes se vieron de nuevo al borde del abismo y tras superar el conflicto con Estados Unidos, el choque sectario entre suníes y chiíes, la guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), ahora se enfrentan a un duelo directo entre las facciones armadas chiíes, una auténtica guerra civil. No es la primera vez que el clérigo chií anuncia su salida de la vida política, pero el efecto que tuvo entre los suyos en esta ocasión fue sísmico.

El anuncio de Al-Sadr se produjo casi un año después de las elecciones que ganó de forma clara el bloque político que él mismo dirige. Los iraquíes acudieron a las urnas en octubre, pero desde entonces las formaciones políticas han sido incapaces de alcanzar acuerdos para formar gobierno. El partido de Al-Sadr, una figura que combina su liderazgo político con el espiritual, obtuvo 73 escaños, pero ha sido incapaz de sumar apoyos para hacerse con la mayoría necesaria en un hemiciclo con 329 representantes.

Un partidario de Al-Sadr ayuda a una mujer a disparar con una ametralladora a las fuerzas iraquíes en la Zona Verde de Bagdad / ahmad al-rubaye/afp

Ante la imposibilidad de gobernar el país, Al-Sadr decidió retirar sus diputados de la Cámara antes del verano, un movimiento que dejó a la coalición denominada 'Marco de Coordinación' como principal fuerza. A finales de julio los seguidores de Al-Sadr ocuparon el Parlamento del país en señal de protesta contra los avances de esta coalición opositora, pero en esos días no hubo choques con las fuerzas de seguridad.

«Falta de patriotismo»

El chiismo político está dividido en Irak. Al-Sadr se erige en el abanderado del nacionalismo iraquí, mientras que el resto de partidos del 'Marco de Coordinación' tienen una conexión directa con Irán. No hay que olvidar que el influyente clérigo contaba con el Ejército del Mahdi durante la ocupación de Estados Unidos y que ahora tiene a las Brigadas de la Paz, una de las principales milicias del país cuyo papel fue clave en la lucha contra el EI, pero los partidos leales a Teherán también cuentan con sus brazos armados, lo que sitúa al país a las puertas de un nuevo enfrentamiento civil. El gran perdedor tras una situación como la vivida en Irak «es el Estado, que permanece de brazos cruzados mientras las poderosas milicias de siguen luchan por el control. A menos que se alcance una solución adecuada, habrá más protestas y violencia», fue el análisis compartido en redes sociales por el analista iraquí Sajad Yihad.

Irán cerró de forma temporal sus fronteras con Irak, aunque las reabrirá porque faltan dos semanas para la peregrinación chií del Arbain, y diferentes aerolíneas de la región han cortado sus conexiones con Bagdad. En cada una de sus intervenciones públicas, el portavoz de Al-Sadr no pierde la ocasión de acusar a sus detractores de «falta de patriotismo» por su vínculo directo con Teherán. La mayoría silenciosa de iraquíes sigue los acontecimientos encerrada en casa y cruza los dedos para no tener que afrontar un nuevo baño de sangre.